Es bueno que el ministro de Hacienda comience a decir unas cuantas verdades, como que: “No se puede jugar con los incentivos, o cambiar las reglas sólo por una buena intención detrás”. Debe estar pensando en la moción de la diputada Yasna Provoste que entre gallos y medianoche se aprobó en la Cámara de Diputados, modificando sustancialmente las reglas del juego para las empresas sanitarias.
Publicado el 12.01.2017
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Rodrigo Valdés nos anuncia que el crecimiento pasó a una “fase de mayor debilidad”. Ya lo sabíamos, la novedad es que lo diga el ministro de Hacienda, aunque sea utilizando un eufemismo que se acerca bastante a aquello del “crecimiento negativo”.

Al Imacec de 0,8% en noviembre y al dato de que la construcción cayó 3,9% ese mismo mes —la peor baja desde 2009, en plena crisis financiera mundial—, se viene a agregar una expectativa de crecimiento de 1% para diciembre.

Aunque el aumento del PIB para 2017 se había estimado en 2%, el paupérrimo trimestre final del año pasado hace pensar que el primer trimestre del actual el crecimiento no superará el 1,4%. Vale  decir, en Chile la producción de bienes y servicios no está creciendo más que la población, por lo que la disponibilidad de éstos para las personas continúa siendo la misma, pese a las mayores expectativas de vivir mejor.

Chile completó en 2016 tres años seguidos de caída de la inversión, algo que no ocurría desde la Unidad Popular. El ministro Valdés está preocupado y parece haberse convencido de la necesidad de reducir ruidos que afectan la confianza. Qué bueno que se haya dado cuenta, pues nuestras escuálidas cifras no parecen tolerar más reformas que destruyen el ambiente de negocios en Chile.

Es cierto que no fue este ministro, sino su antecesor, Alberto Arenas, quien inició la “posverdad” en la economía chilena, cuando afirmaba que se podía incrementar la carga tributaria en tres puntos del PIB sin afectar la inversión. Sin embargo, cuando Valdés llegó al Gobierno a hacerse cargo de una economía en problemas, no fue capaz de revertir o siquiera aminorar una insensata reforma laboral impulsada por el Partido Comunista que deja a nuestra legislación con condiciones inéditas en el mundo, aún para países de la OCDE, como la imposibilidad de reemplazar trabajadores en huelga, los que adquieren así el derecho a paralizar completamente una empresa.

¿Cómo pretende el ministro que una empresa invierta en nueva maquinaria y equipos si éstos pueden ser virtualmente expropiados por trabajadores en huelga que impiden que se utilicen en la producción? Las empresas chilenas que se encuentran en posibilidades de hacerlo están invirtiendo cada vez más fuera de Chile: Perú, Colombia, México, Brasil, Estados Unidos son los mayores receptores de inversión de empresas chilenas.

Es bueno, entonces, que el titular de Hacienda comience a decir unas cuantas verdades, como que: “No se puede jugar con los incentivos, o cambiar las reglas sólo por una buena intención detrás”. Debe estar pensando en la moción de la diputada Yasna Provoste que entre gallos y medianoche se aprobó en la Cámara de Diputados, modificando sustancialmente las reglas del juego para las empresas sanitarias sin que la autoridad sectorial, el ministro de Obras Públicas, se diera por enterada.

Episodios como este de la regulación sanitaria se empiezan a ver con cada vez más frecuencia en nuestro país. El Código de Aguas se está modificando con un proyecto de ley que, según varios expertos, es ambiguo acerca de la mantención del derecho de propiedad en derechos de agua ya concedidos. Los ministros de Agricultura y de Obras Públicas (el mismo que estaba pajareando en el proyecto de sanitarias) afirman que eso no es así y que el derecho de propiedad está plenamente garantizado por el proyecto. Se les pide, entonces, que cambien la redacción actual para hacer más explícita esa garantía, pero se niegan a hacerlo.

La inversión en Chile no va a repuntar en los próximos meses. El crecimiento económico tampoco y menos el empleo. Es más, en varios sectores se están produciendo despidos. Excepto que el ministro de Hacienda y la Presidenta de la República se comprometan a no seguir alterando las reglas del juego de los sectores productivos y den algunas pruebas de ello.

Un país no puede progresar si toda persona que emprende es hostilizada desde el Gobierno e impunemente atacada y denostada por cualquiera. Mientras eso no cambie, Chile seguirá en la mediocridad, el nuevo normal de nuestra economía.

 

Luis Larraín, #ForoLíbero

 

 

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