Era obvio que, dada la envergadura del desastre que enfrentaba su Gobierno, la Presidenta Bachelet debía suspender su participación en una conferencia que, francamente, no definía nada. Y permanecer acá, en casa, liderando la salida de una crisis generada por la incapacidad de sus ministros y por el desorden que, con su indiferencia, ella ha fomentado en la coalición que la llevó a su segundo mandato.
Publicado el 20.11.2016
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Pocas veces antes un Gobierno había mostrado tal grado de desconexión con el país.

Mientras la Presidenta de la República aterrizaba el lunes en el aeropuerto de Marrakech, para asistir a una conferencia sobre el cambio climático, en Chile los servicios públicos partían su tercera semana de paro, el Gobierno no lograba el respaldo de su coalición política para destrabar en el Congreso el reajuste a los empleados estatales (después de dos rechazos), y la Nueva Mayoría amanecía ensimismada en sus berrinches domésticos, tironeada entre la DC y el PC.

No me gusta criticar los viajes presidenciales, son positivos y necesarios, pero era obvio que, dada la envergadura del desastre que enfrentaba su Gobierno, la Presidenta Bachelet debía suspender su participación en una conferencia que, francamente, no definía nada. Y permanecer acá, en casa, liderando la salida de una crisis generada por la incapacidad de sus ministros y por el desorden que, con su indiferencia, ella ha fomentado en la coalición que la llevó a su segundo mandato.

Vino después el enojo de la Nueva Mayoría con el ministro de Hacienda por concretar finalmente la aprobación del reajuste en el Congreso, pero no con ellos como los salvadores, sino con los votos de Chile Vamos, un acto de responsabilidad de la oposición que muchos habíamos echado de menos la semana anterior. Enojados, pese a que su obligación como bloque oficialista es contribuir a la gobernabilidad o, al menos, admitir que si un gobierno de mayoría no logra el respaldo de los suyos para destrabar una crisis, debe buscar todas las soluciones democráticas posibles. Enojados, mientras afuera de su cápsula la ANEF y la CUT mantenían un paro ilegal que violentaba el Estado de derecho y dañaba a millones de chilenos: 40 mil atenciones de salud postergadas; 170 mil niños que asisten a jardines infantiles sin atención; miles de insumos de pequeños productores atrapados en aduanas o esperando certificación del SAG, etc.

La nota de humor la puso el ministro del Interior. Cuando el Partido Comunista se daba el gusto de abstenerse en la votación más importante del proyecto de reajuste —sumándose en la práctica al rechazo— y cuando la Nueva Mayoría vive sus peores (y tal vez últimos) momentos, se despachaba la siguiente declaración: “El PC tuvo un cambio muy importante, que es necesario valorarlo para entender que la Nueva Mayoría como coalición está sólida”.

La mayor expresión de desconexión fue el cambio de gabinete de anteayer y explica por qué se ha llegado a este punto de desgobierno e irrelevancia, y cuán pequeño es el espacio desde el que está mirando a Chile y a su Gobierno la Presidenta Bachelet.

Primero, un cambio por razones administrativas: se cumplía el plazo límite para la salida del gabinete de quienes quieren ser candidatos el próximo año. Luego, un cambio de continuidad: para seguir haciendo lo mismo, con los mismos, sin la salida de ninguno de los ministros que han sido parte de las decisiones más equivocadas de los últimos meses, y sin la más mínima señal de interés por mover una agenda de prioridades (recuperación económica, seguridad, salud, etc.). Finalmente, un cambio sin el oxígeno que se necesita para enfrentar emergencias, sin figuras que, por trayectoria pública, excelencia técnica o capacidad de articular acuerdos, contribuyan en los próximos dieciséis meses a cerrar un período que pasará a la historia no como sueña la Presidenta, sino como uno de los peores en la vida democrática de nuestro país.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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