Cuando la creatividad está en el centro de los negocios y emprendimientos, cuando las universidades se están enfocando a enseñarla, sobran los políticos de poca monta que la patean lejos de lo público. Cambiar la política pasa también por incluir en ella la posibilidad de romper y proponer.
Publicado el 30.01.2017
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En nuestro país, quizás por herencia de los borbones españoles, existe una tendencia a la centralización y burocracia como mecanismo para dirigir nuestras políticas públicas. Hay un chovinismo por el rótulo, distribuido de manera transversal en el espectro político, que cree que por decreto las soluciones llegarán por sí solas. Una especie de voluntarismo mágico por el cual creemos que el Estado es suficiente para crear realidades (no faltarán los desilusionados de la creación del Ministerio del Deporte, cuando en las próximas olimpiadas obtengamos más o menos la misma cantidad de medallas).

Hoy, por ejemplo, se pretende crear la decimosexta Región del Ñuble, con capital regional en Chillán, y no faltan los predicadores del futuro orgulloso y próspero. Pero a su paso muestran la incapacidad de imaginar nuevas soluciones en vez de simplemente crear nueva burocracia. ¿No siguen, acaso, replicando el mismo modelo de centralismo del que buscan escapar? ¿Estará el atractivo en la cantidad de cargos y puestos de trabajo que la propuesta trae consigo?

¿Cuál ha sido la principal política pública del último tiempo para la descentralización? La elección democrática de los intendentes. ¿Alguien tiene dudas de que dicha medida se perderá como una gota en el mar?

Al igual que en materia deportiva, hace un tiempo venimos discutiendo en Chile sobre las políticas públicas en materia de Ciencia y Tecnología. Los argumentos van y vienen, pero el Gobierno se la jugó por la creación de un ministerio. Es un tranquilizador muy efectivo: ahora existirá una autoridad con mayor rango (un ministro), seremis en cada región, así como nuevos recursos. Algunos han postulado la creación de un Servicio Nacional con rango ministerial, para así poder interactuar de mejor manera con los otros ministerios con los cuales comparte intereses. Pero un Servicio suena a algo menor y su encargado no tiene la importancia de un ministro. Sería como si miráramos al problema en menos, porque no le asignamos el cargo con mayor jerarquía posible. Importa más el título que la efectividad.

Tendemos, de manera atávica, a crear nueva institucionalidad (ojalá de un rango superior) para resolver problemas. Tenemos el mismo espíritu creador e ingenioso que un molde que se repite y repite para plasmar la misma figura en distintos papeles. Siempre un simple copiar&pegar, sin ninguna voluntad creativa. Y por lo tanto, para llegar a la solución muchas veces se requiere el doble de tiempo del necesario, junto con más problemas y desilusiones. Además de un desperdicio (sin vuelta atrás) de los escasos recursos estatales.

Cuando la creatividad está en el centro de los negocios y emprendimientos, cuando las universidades se están enfocando a enseñarla, sobran los políticos de poca monta que la patean lejos de lo público. Cambiar la política pasa también por incluir en ella la posibilidad de romper y proponer. La creatividad no es patrimonio exclusivo de la juventud, por ello no hay excusa para no esforzarse más y proponer algo nuevo, en vez de copiar.

 

Antonio Correa, director ejecutivo IdeaPaís

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO