La actitud de Andrade y su esposa denota la incoherencia de aquellos que cuestionan la riqueza ajena generada de manera privada, a la vez que se elevan a la cúspide del poder político burocrático.
Publicado el 09.07.2016
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Myriam Olate, esposa del diputado Osvaldo Andrade, se ha escudado en las normas y procedimientos para explicar que ella, como ex funcionaria de Gendarmería, reciba una pensión de 5 millones y fracción. Pero además, culpando al empedrado, ha dicho que: “me parece fantástico tener una pensión así y por supuesto que me da vergüenza, por las pensiones que tienen la mayoría de los chilenos. Me da vergüenza, pero es lo que me tocó”. Similar explicación enarboló Osvaldo Andrade, quien dijo que “le corresponde en conformidad con las normas legales”.

En primer lugar, parece ser que tanto Andrade como su esposa no se ven a sí mismos como más privilegiados que el resto de sus colegas por percibir una pensión de ese monto. Myriam Olate lo hace implícitamente; lo encuentra fantástico, pero se excusa diciendo casi literalmente: mala cueva. En ningún caso plantea renunciar a la mitad del sueldo o donarlo a los pobres. Su propia condición de privilegio y su sueldo alto, en comparación a otros funcionarios de Gendarmería, no le molestan y se considera merecedora del mismo. Como bien decía Orwell, en su granja distópica socialista: hay animales más iguales que otros.

En segundo lugar, ambos justifican su privilegio pecuniario en función de las normas y procedimientos que el Estado establece para pagar la mencionada pensión. Si la ley les asignó ese alto monto, al carajo con su propio discurso contra la desigualdad social. Lo que les importa es que la norma administrativa los favorece con creces. Nada de hablar de leyes injustas o procedimientos dudosos. En el fondo, están obviando la famosa frase de Ricardo Lagos en 2002, cuando dijo que los funcionarios están para servir y no para servirse.

Finalmente, la actitud de Andrade y su esposa denota la incoherencia de aquellos que cuestionan la riqueza ajena generada de manera privada, a la vez que se elevan a la cúspide del poder político burocrático. Resulta paradójico que un diputado, perteneciente a un partido socialista cuyo gobierno ha enarbolado un constante discurso en contra de la desigualdad y la riqueza, no vea discrepancia entre sus dichos y la pensión de su esposa.

La incongruencia de Andrade y señora no es aislada. Es frecuente entre quienes proclaman el igualitarismo mientras a la vez se elevan a la cúspide del poder y con ello a mayor riqueza y privilegios. En general, les molesta que otros ganen millones a través de sus empresas o negocios actuando legalmente en el mercado, pero no les molesta percibir sueldos millonarios y acrecentar su patrimonio, a costa de los impuestos que pagan todos los ciudadanos, incluidos los más pobres, por ejemplo a través del IVA o las bencinas. Y todo esto en nombre de una supuesta justicia social.

Jorge Gómez, Director de Investigación de FPP.