Ya va siendo hora de que se reconozca que la mejor herramienta para superar la pobreza es el empleo.
Publicado el 28.09.2016
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Llegó una buena noticia: la pobreza disminuyó. Desde el año 2013 al 2015, la cantidad de pobres en Chile bajó desde un 14,4% a un 11,7%. La pobreza, entonces, sigue bajando desde los años 80, época en la cual la cifra alcanzaba casi el 50%. Llegar a pensar que la mitad de los chilenos eran pobres es una realidad ochentera inimaginable al día de hoy, y mucho menos para quien no recuerde a la mascota Cobi de Barcelona 92. ¿Por qué ha bajado tanto la pobreza? El ministro Barraza, fiel a la fe religiosa propia de todo comunista, dijo que la última caída había sido debido a “las reformas” y, sorpresivamente, la Presidenta Bachelet lo desmintió. La Jefa de Estado dijo: “es claro que hemos llevado adelante políticas sociales correctas que han permitido que se haya bajado la pobreza”. Es decir, omitió la causa principal: el empleo y crecimiento económico y, en vez, enfatizó las políticas sociales que desde los 80 al día de hoy nos han llevado a ser el más pacífico y desarrollado país latinoamericano ―es claro, como la literatura económica lo indica, que ninguna política social de los últimos dos años habría tenido un efecto en la pobreza en tan corto plazo, y sí, por el contrario, lo habría tenido un mayor crecimiento económico―.

Con esta afirmación, la Presidenta, además de implícitamente defender el modelo chileno liberal y “focalizado” de los últimos 30 años, relega a un lugar secundario el famoso crecimiento económico. No resalta su importancia, quizás por decoro, para que no la cataloguen de “reduccionista”. Un decoro de moda que ha hecho nacer otro indicador de pobreza, uno que no se “preocupe tanto” por los ingresos: la pobreza multidimensional. Un excelente indicador que, al no enfocarse en los ingresos de las familias, se preocupa de cuestiones relativas a su calidad de vida: calidad de educación, de vivienda, salud y acceso a una vida cívica y cultural sana y sofisticada. Una muy buena herramienta que, sin embargo, ha nacido de un errado movilizador: negar la importancia del crecimiento económico. “¡El PIB no dice nada!”, dicen los íntegros, preocupados de cosas superiores y desligados de los bienes materiales. Una moralina retórica.

La misma moralina y simpleza de quienes salen a construir mediaguas para luego considerar malas personas a quienes no los acompañan. Una moralina que se traduce en la incapacidad para distinguir algo tan simple como que afirmar que algo es importante no es sinónimo de decir que es lo único importante. Un decoro hipócrita y políticamente correcto, que desgraciadamente niega la mejor herramienta para superar, de manera sostenible, la pobreza: el empleo. Tener trabajo es algo importante, pero puede ser también menos importante que el hecho de que, la semana pasada, la más prestigiosa revista inglesa de música docta haya elegido el mejor disco del año 2015 a una grabación que tiene variaciones para piano de la obra de un chileno: Sergio Ortega ―y lo sorprendente es que los cultos e íntegros, preocupados por lo “muldimensional”, lo hayan obviado―. Aunque sin crecimiento, claro, es difícil haberlo comprado.

 

Fernando Claro V., Fundación para el Progreso.