El control total de TVN es la pieza que faltaba, el altavoz que necesitaba este gobierno para establecer su verdad, un discurso que no emerge espontáneamente desde las valoraciones de cada ciudadano, sino que desde las necesidades del gobierno.
Publicado el 30.01.2016
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Cuando fui ayudante de cátedra en una prestigiosa universidad estatal fui testigo de una situación que ejemplifica cómo se reproducen ciertos discursos en nuestra sociedad. Una profesora dijo, sin respetar la investidura académica que ostentaba, que “hay que enseñarles la verdad a estos cuicos”.

Hoy, los líderes políticos e intelectuales de este país piensan así: la verdad se enseña, se informa, se relata, como si fuera una realidad innegable e indesmentible. Por eso, los medios de comunicación adquieren una importancia estratégica tremenda. TVN es uno de los artefactos mediante el cual se «enseña la verdad» a través de su programación. De ahí su importancia táctica para los fines de los actores políticos de perpetuar su ideario en las valoraciones de la sociedad. El canal estatal está diseñado para desplegar la «verdad» del gobierno de turno o, por lo menos, del establishment político en general (recordemos el mecanismo de composición de su directorio, con representantes elegidos entre el Presidente de la República y el Senado). Y la excusa para esto es que TVN es el canal «de todos los chilenos», cuando en realidad es el canal de quienes quieren relatar la realidad al arbitrio de su ideario y creencias. Y esto es transversal: el interés de los intelectuales de derecha de reducir las horas de farándula y el interés de los programadores de izquierda de hacer crítica a la economía de libre mercado son ejemplos notables de esto.

Esta forma de actuar nos otorga luz para entender por qué hay tanto interés en salvar TVN. El canal tiene un rol estratégico de posicionar un determinado discurso independientemente del rating. Por eso (y por su mala administración) está en una situación deplorable económicamente. Esta situación le viene espectacular al gobierno, porque ahora tiene la excusa de promover una ley que «salve» económicamente a TVN. Esto quiere decir que, a costa del aumento en el gasto fiscal, le permitirá tener mayor control de sus acciones. El resultado: una programación más cerca de la «verdad», más ideológicamente «completa» (lejos de la lógica de mercado), un discurso más «coherente».

El control total de TVN es la pieza que faltaba, el altavoz que necesitaba este gobierno para establecer su verdad, un discurso que no emerge espontáneamente desde las valoraciones de cada ciudadano, sino que desde las necesidades del gobierno. Por suerte siempre podemos ver Netflix.

 

Jean Masoliver Aguirre, cientista político, investigador Fundación para el Progreso.

 

 

FOTO: FRANCISCO SAAVEDRA/AGENCIAUNO