Este resultado en Estados Unidos debe hacernos meditar también sobre la retórica que se está imponiendo desde hace ya un buen tiempo en la esfera pública chilena.
Publicado el 10.11.2016
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La elección norteamericana debe hacernos meditar. No es la victoria propiamente tal de Donald Trump lo que debe preocuparnos, sino la herencia que nos deja respecto del cómo logró ganar. Porque lo que triunfó fue una retórica destructiva; fue la retórica del matón; fue el discurso del que amenaza, del que exacerba la intolerancia racial, étnica y religiosa, del que desdeña a las mujeres, del que desprecia a las minorías. Fue un discurso orientado a generar las condiciones para que los más bajos instintos de los que sienten frustraciones, resentimiento y decepción surjan con toda su fuerza, al proporcionarles el chivo expiatorio para justificar sus fracasos.

Esa herencia es muy peligrosa, porque genera tentaciones de imitación, por lo que no sería extraño escuchar en otras contiendas políticas lenguajes semejantes al de Trump, pues se puede pensar que es la vía para lograr un triunfo electoral. Y es muy peligroso, además, por lo que implica en términos de la educación de niños y jóvenes. ¿Cómo inhibirlos a ejercer bullying, cómo exigirles respeto por las minorías, por las mujeres, por la diversidad racial o religiosa, si el líder del país más poderoso del mundo dio el ejemplo de lo contrario?

¿Y cómo queda la sociedad americana después de esta agresiva campaña? Dañada en su tejido social, dividida en dos, con miedo en muchas personas y una mayoría, la vencedora, preguntándose tal vez si no sería bueno seguir el ejemplo de su electo Presidente para triunfar en la vida.

Este resultado en Estados Unidos debe hacernos meditar también sobre la retórica que se está imponiendo desde hace ya un buen tiempo en la esfera pública nacional. En la última elección, Michelle Bachelet se hizo del poder porque apeló en su discurso a exacerbar las frustraciones ante los problemas que sin duda Chile tiene, invitando a votar por ella porque terminaría con los abusos de los poderosos, con el lucro, con la desigualdad del modelo económico; cambiaría la Constitución por una nacida del pueblo; prometió 20 hospitales construidos, 20 en construcción y otros 20 en estudio… y por cierto habría gratuidad universal para la educación universitaria.

¡Y así ganó! Pero, ¿qué ganó Chile? ¿Está mejor el país después de la retroexcavadora? ¿Ha disminuido la pobreza que aún nos pesa como sociedad, intentando destruir lo que tanto ha costado construir? ¿Es que estaba todo malo, que todos los empresarios son abusadores, que el lucro es una práctica perversa? ¿Se terminó con la desigualdad? ¿Siguió creciendo el país para convertirse en desarrollado?

La retórica destructiva se opone a la retórica creativa, que se podría asimilar a ese concepto de Schumpeter, el de la destrucción creativa. Lamentablemente, no hemos gozado de esta última, sino todo lo contrario. Y hoy, nuevamente se comienzan a levantar voces populistas con la misma retórica destructiva. ¿Acaso no pretenden Luis Mesina y su movimiento No + AFP destruir las AFP? ¿Acaso su última protesta no se trataba de producir daño económico, como lo declaró él mismo?

¿Y cuántos mensajes de retórica destructiva escuchamos diariamente dirigidos contra los empresarios, la “derecha”, los bancos, las Isapres, las ya mencionadas AFP, las universidades privadas, los colegios subvencionados, las élites en general y, por cierto, contra el modelo, señalados todos como los responsables de la desigualdad? ¿Y no estamos siendo testigos de potentes mensajes que atentan contra la familia?

Esta retórica a la que lamentablemente nos estamos acostumbrando sin tratar de detenerla o contrarrestarla, es tremendamente dañina, porque destruye la cohesión social, genera odiosidades y frustraciones, polariza y divide al país en partes que terminan siendo irreconciliables. Esto ya lo hemos vivido. Por eso, aprendamos la lección de lo sucedido en EEUU y no nos hagamos herederos de lo que allí pasó.

Por el bien de Chile.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas