Para no quedarse en la desesperanza, una posible solución es afrontar nuestras falencias como sociedad adoptando una “visión evolutiva” este 2016.
Publicado el 05.01.2016
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Convocar al diálogo, generar el diálogo, se ha instalado como una necesidad en la sociedad chilena. Se respira su exigencia en diferentes círculos y la motivación es siempre la misma: establecer acuerdos, y crear puentes que ayuden a abrir nuevas rutas para empezar a cambiar esta realidad en la que nos movemos y que no se ve nada bien.

Como institución, creemos que el diálogo es el camino. Sin embargo, también visualizamos la necesidad de hacerse cargo, de asumir que cuando se logra el espacio de encuentro también es necesario aportar con una actitud y una voluntad de acercamiento. No vale sentarse a conversar sin intención de escuchar lo que dicen otros y sin ser generoso con lo que se expresa, teniendo claro que el fin último debe ser el bien común y que la actitud es clave en este asunto.

De hecho, ese debiera ser el primer paso: la actitud. Lo comentaba Harald Beyer en una entrevista  radial hace unos días, aludiendo a la CEP, y decía: la gente “castiga” a los políticos que son muy confrontacionales, sean del color que sean. Y, en cambio, expresa como requerimiento para los futuros líderes la capacidad de llegar a acuerdos.

Curioso porque aunque la necesidad ya está instalada, y la exigencia apremia y aprieta, aún no se vislumbra el movimiento, la acción y la determinación hacia esa nueva vía: el diálogo institucionalizado, consciente y responsable que todos estamos esperando.

Y no sólo se observa en el campo político; en el sector empresarial se vive esa misma reticencia. Si consideramos los resultados de las Mesas Redondas de Sustentabilidad Empresarial PROhumana 2015, evidenciamos que los líderes empresariales se observan a sí mismos en una constante tensión por resolver la relación con sus públicos de interés, y expresan que siguen muy encapsulados y con debilidades de relacionamiento con éstos. Asimismo, reconocen que el escuchar del sector empresarial carece de empatía y de ponerse en el lugar del otro.

No me cabe duda que todos los episodios de falta de ética y malas prácticas empresariales que hemos conocido en el último tiempo tienen que ver directamente con este diagnóstico que ellos mismos hacen. Lo que preocupa entonces es: ¿Cuándo se harán cargo? o ¿Cuándo nos haremos cargo como ciudadanos?

Y aquí aparece algo que también nos falta y en demasía, la confianza, tan comentada y tal vez hasta un poco mal usada, para justificar un gran número de pendientes en nuestra sociedad, entre ellos el diálogo.

Pasan los meses en el debate público -que, por cierto, protagonizan un número restringido de compatriotas- y se sigue analizado el porqué no logramos acuerdos o el porqué de la falta de confianza, en lugar de buscar o crear soluciones para terminar con este lamento de años.

Entonces empezando el 2016, me intriga imaginar qué pasará con nuestro país. Mi intuición, pero sobre todo mi pensamiento racional, me responde que no tendremos soluciones a estas debilidades tan profundas e históricas.

Un inicio de año que resulta bastante pesimista, pero sobre todo realista, ya que se sustenta en datos cuantitativos de un gran número de encuestas que certifican que vamos para atrás.

Y para no quedarse en la desesperanza, una posible solución es afrontar nuestras falencias como sociedad adoptando una “visión evolutiva” este 2016. Es decir, observar nuestros propios cuerpos y su naturaleza, pero sobre todo comprender y aprender cómo éstos resuelven sus dificultades ya sea rectificando la ausencia de sinergia del sistema en pos de su supervivencia, extirpando lo que destruye el equilibrio o un sin número de acciones evolutivas que han permitido su existencia por miles de años.

No cabe duda que Chile necesita sobreponerse. Bueno, la verdad es que cada uno de nosotros requiere recuperar la esperanza de que otro mundo, otro Chile, es posible, ya que hemos comprobado la presencia de un cáncer profundo en nuestra sociedad que con el pasar de los años se ha ido agudizando.

Por lo tanto, mi invitación es que esta “visión evolutiva” sea creativa, colaborativa, y diseñemos algo radicalmente distinto para así generar soluciones, al menos, para la pareja del año: Diálogo y Confianza.

 

Soledad Teixidó, presidenta ejecutiva de PROhumana.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO