Cuando la soberbia es más fuerte que la evidencia empírica, esa que le advertía al Gobierno que iba por mal camino, lo que sucede es que se insiste en creer que las propias verdades son las únicas y los demás están equivocados. ¿No ha sido ésa la tónica que ha impuesto la Presidenta de la República al insistir en sus erradas políticas que han parado la economía, la inversión, el crecimiento y, por ende, las posibilidades de mejorar las condiciones de vida de todos los chilenos?
Publicado el 30.10.2016
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Que no les pasen gatos por liebres, escribía una semana antes de las elecciones el vocero en las sombras del Gobierno, Francisco Vidal. No dejen que la derecha diga que le fue bien comparando cuánto acortó la distancia con la Nueva Mayoría —aunque eso implique que ya se sienta perdedora—, sino que fíjense en el número de alcaldes, concejales y sus respectivas votaciones, dando por seguro un amplio 4-0 oficialista.

Por su parte, el ministro del Interior no les creía a las encuestas, porque según él, se entrevista a muy pocas personas, agregando que el verdadero sondeo sería el de las elecciones, donde el pueblo manifestaría su verdadero apoyo al Gobierno de la Presidenta Bachelet y a sus reformas.

Y escalando en el poder, la misma Presidenta decía que lo que expresaban las encuestas no era lo que a ella le manifestaba la gente en la calle, con lo cual su gobierno siguió siendo conducido por la misma senda que tanto rechazo ha provocado en la población en general, lo que fue quedando reflejado reiteradamente en todas y cada una de las investigaciones de opinión de que se tenga conocimiento.

Por ende, el resultado de las elecciones del domingo pasado fue un claro reflejo de lo que las encuestas venían augurando hace ya meses. Las reformas y la conducción del país, basadas en aplicar la retroexcavadora para destruir los cimientos del sistema más exitoso que ha tenido Chile, provocaron el más generalizado rechazo que un Gobierno en ejercicio haya tenido. Y eso se manifestó en las urnas.

Pero cuando la soberbia es más fuerte que la evidencia empírica, esa que le advertía al Gobierno que iba por mal camino, lo que sucede es que se insiste en creer que las propias verdades son las únicas y los demás están equivocados. ¿No fue acaso ése el mensaje del ministro del Interior? ¿Y no ha sido ésa la tónica que ha impuesto la Presidenta de la República al insistir en sus erradas políticas que han parado la economía, la inversión, el crecimiento y, por ende, las posibilidades de mejorar las condiciones de vida de todos los chilenos?

¿No es acaso dicha soberbia la que tiene sumida a la coalición gobernante en una crisis que puede ser terminal para su proyección futura? ¿No era acaso la NM la que tenía la verdad sobre lo que pasaba en Chile y por eso tenía que cambiarlo todo?

Los resultados del domingo demostraron que además de la gran derrota de la Nueva Mayoría y la Presidenta, la otra gran derrotada fue la soberbia, esa mala consejera que harían bien en dejar de lado todos los sectores políticos para cuando le presenten al país los nuevos “programas” con que intentarán gobernarnos. De lo contrario, la ciudadanía se los hará saber fuerte y claro, como el domingo pasado.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas