Con el criterio de que los aranceles de todas las universidades en promedio son iguales y que las instituciones de educación superior del CRUCH tienen millonarios recursos –en parte importante con platas de todos- que superan en casi el doble a los ingresos de las privadas, no tiene explicación alguna que sólo exista el beneficio de estudiar gratis para alumnos de unas y no de todas.
Publicado el 04.02.2016
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El gobierno lleva semanas difundiendo los beneficios de la gratuidad para las familias… ¿quién no quiere algo tan importante como una profesión gratis? Creo que todos quisieran esa oportunidad. Sin embargo, malas noticias: sólo algunos la tendrán, los que ingresen a los planteles de educación que se adscriban a este beneficio, pero en realidad todos tienen derecho.

Veamos cosas que son obvias pero que no se dicen para no afectar la campaña publicitaria. Las universidades del Consejo de Rectores, CRUCH, no son garantía de inclusión a los alumnos de sectores más vulnerables ni tampoco de calidad. Por otro lado, disponen de millonarios recursos que superan por lejos a las universidades privadas.

Según la información pública disponible en el Servicio de Información de Educación Superior (SIES) que publica el Ministerio de Educación; o la que informa el Consejo Nacional de Educación (CNED), el 2015 el arancel total promedio más el pago por matrícula de las universidades del Consejo de Rectores (CRUCH) fue de $2.525.000, mientras que en las universidades privadas fue de $2.644.000. Si sólo se considera el arancel anual promedio, en el caso de las universidades CRUCH cobraron $2.405.000, mientras que las privadas cobraron $2.443.000.

Lo primero que salta a la vista es que los aranceles sumados a la matrícula de las universidades del CRUCH no son significativamente más baratos que los de las universidades privadas. Lo segundo, es que según la información financiera publicada por el mismo SIES, en promedio los ingresos de operación, al considerar los aportes basales que reciben las universidades del CRUCH y el ingreso por arancel, más que duplican a los planteles privados al registrar un monto promedio de $76.359 millones, mientras que estos últimos tienen ingresos operacionales promedio por $36.528 millones.

Entonces, las universidades del CRUCH cobran un arancel más o menos igual que las privadas y reciben muchos más recursos, porque además del arancel se les entrega un aporte basal desde el Estado, lo que es al menos injusto, considerando que en el CRUCH hay universidades que son privadas, pero que pasan a ser privadas de “primera clase”.

Pero la paradoja no termina ahí, porque las universidades del CRUCH reciben en promedio más recursos que las privadas, y al comparar el per cápita por alumno, la comparación es aún mucho más beneficiosa para las universidades del Consejo de Rectores, ya que estas universidades disponen de $257 mil por alumno, mientras que las privadas que sólo cobran un arancel anual para financiar todo lo que hacen, reciben $114 mil por alumno.

En mi opinión, lo apresurado de la discusión sobre la educación superior ha sido nefasto para que de verdad, por una parte, tengamos un sistema que se haga cargo de los talentos que no tienen recursos para financiar su profesión y, por otra, las funciones que tienen las universidades en su rol de aporte a la sociedad. Tampoco está claro qué pasará con los aranceles anuales, ya que bien podría una universidad adscrita a la gratuidad subir sus aranceles en forma desmedida, ya que ahora no lo paga el alumno, sino que todos nosotros a través de los impuestos que pagamos al Estado.

Uno de los argumentos que se esgrimen para traspasar cuantiosos recursos desde el Estado a las universidades del CRUCH a través de los aportes basales, es que ellas generan investigación y que por eso deben recibirlos. Pero el CRUCH nace por “ley el 14 de agosto de 1954, como un organismo de coordinación de la labor universitaria de la nación”, según dice su página web. Por lo tanto, es razonable pensar que siempre debieron estar todas las universidades del país, ya que se atribuye la coordinación de la labor universitaria de la nación. Sí, ni más ni menos que de la nación. Por ello, dejar fuera a todas las universidades privadas tiene implícito una segregación odiosa, hasta arrogante, dada la magnitud de la declaración de principios del mismo CRUCH.

Por lo tanto, con el criterio de que los aranceles de todas las universidades en promedio son iguales y que las instituciones de educación superior del CRUCH tienen millonarios recursos –en parte importante con platas de todos- que superan en casi el doble a los ingresos de las privadas, no tiene explicación alguna que sólo exista el beneficio de estudiar gratis para alumnos de unas y no de todas.

 

William Díaz R., economista y director ejecutivo Experior Consultores.

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO