Extrañamos un planteamiento que sea capaz de enfrentar un clima de desconfianza en la política y las instituciones. Uno de ellos podría ser abordar el debate constitucional y no ignorarlo, reconociendo que –en menor o mayor medida- existe una demanda por discutir sobre la legitimidad y el origen de la Constitución. Bien le haría al ex Presidente ver en este debate una oportunidad y no un problema. Una oportunidad para mostrar talento político y ser el impulsor de un Chile con mayor acento en la inclusión y la solidaridad.
Publicado el 08.05.2017
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Hace unos días el ex Presidente Sebastián Piñera, junto con inscribir su candidatura para enfrentar a Manuel José Ossandón y Felipe Kast en las próximas elecciones primarias de Chile Vamos, presentó a la ciudadanía las bases de lo que será su próximo programa de gobierno, exhibiendo principios y pilares sobre los cuales se estructurarán las principales medidas de su mandato. La inclusión del principio de solidaridad como un eje de la propuesta es destacable y, en consecuencia, quienes proponemos la incorporación de dicho principio al debate nacional esperamos que se materialice en políticas públicas eficaces y capaces de conjugar otros dos principios: libertad con justicia.

Sin perjuicio de los aspectos positivos en la presentación, aún subsiste la máxima carencia que atravesó su mandato presidencial -especialmente en 2011, cuando miles de personas se volcaron a la calle reclamando una efectiva cobertura a sus derechos-: la falta de respuestas capaces de introducirse en el debate político sobre justicia e igualdad.

No extraña que las propuestas presentadas en su nuevo programa hayan sido aplaudidas fundamentalmente por personas ligadas al mundo empresarial, quienes valoran el impulso económico que probablemente será capaz de lograr Piñera. Sin embargo, extrañamos un planteamiento que sea capaz de enfrentar un clima de desconfianza en la política y las instituciones. Uno de ellos podría ser abordar el debate constitucional y no ignorarlo, reconociendo que –en menor o mayor medida- existe una demanda por discutir sobre la legitimidad y el origen de la Constitución. Bien le haría al ex Presidente ver en este debate una oportunidad y no un problema. Una oportunidad para mostrar talento político y ser el impulsor de un Chile con mayor acento en la inclusión y la solidaridad.

En concreto, tal como se propone en el libro “Desarrollo humano y solidario: nuevas ideas para Chile”, publicado por IdeaPaís a principios de marzo, el abogado e investigador Claudio Alvarado sugiere, entre otras, tres medidas para enfrentar la discusión sobre la legitimidad de la Constitución chilena: promoción pública y constitucional de una orientación solidaria del Estado; la redefinición de la noción de derechos sociales, evitando su judicialización y estableciéndolos  como metas políticas; y la promoción del derecho de asociación como pilar fundamental de la asociatividad y de la solidaridad, coherente con una visión robusta del principio de subsidiariedad.

El problema de obviar discusiones equivale a dar señales equívocas sobre si efectivamente entendemos el contexto del país y si sabemos, de verdad, que gobernar Chile no es administrar negocios, sino que es una función política y, como tal, debe tener como guía criterios que van más allá de la gestión. Esta legítima duda no solamente se plantea ante una definición electoral, sino ante una interrogante que obliga a darse cuenta de que en nuestro país están en juego las bases culturales que nos gobernarán durante los próximos veinte o treinta años.

Sobre Sebastián Piñera –o quien resulte ganador de la primaria- no pesa solamente una coalición que quiere volver al Gobierno ni la posibilidad de darle impulso a la actividad económica nacional, sino que la tarea es mucho más profunda y se relaciona con una función política capaz de traer a nuestro país un clima de confianza y seguridad.

Ya no basta sólo con decir que “Chile creció”.

 

Pablo Valderrama, director de Formación de IdeaPaís