El ex Presidente Lagos contribuyó de manera directa a construir la obra gruesa del gobierno. No puede ahora hacer evaluaciones como si viniera bajándose de una nave espacial, sin asumir su propia responsabilidad y reconocer el error profundo por el que se sigue conduciendo a Chile.
Publicado el 29.07.2016
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En las últimas semanas, es muy notoria la embestida de un cierto mundo que integra la Nueva Mayoría, para instalar al ex Presidente Ricardo Lagos como el líder de una centroizquierda moderada, crítica del gobierno y de las reformas de Michelle Bachelet y preocupada -ahora- por la estabilidad institucional, el crecimiento económico y el empleo.

Por de pronto, la primera curiosidad es que el ex Mandatario critique hoy las reformas (unas veces con más intensidad que otras, dependiendo de la audiencia). Porque en el 2013 nunca puso en duda el camino que con toda claridad estaba proponiendo Bachelet: otra base institucional, otro modelo de desarrollo económico y otra forma de relacionarse democráticamente.

Partamos por lo obvio: que en el año 2013, Lagos respaldó la candidatura de Michelle Bachelet y todo su plan de reformas. Y, con ese propósito, recorrió el país, pidiendo a los chilenos el voto para los candidatos a parlamentarios de la Nueva Mayoría, porque, “si la presidenta no tiene las respuestas parlamentarias indispensables, será tremendamente difícil realizar el programa que está planteado” (Coquimbo, noviembre de 2013).

El laguismo tuvo una influencia decisiva y pública en la elaboración del programa y es bueno que todos refresquemos la memoria: formaron parte de los equipos programáticos de la campaña Ernesto Ottone, José de Gregorio, Mario Marcel, Ricardo Solari, Nicolás Eyzaguirre, Carolina Tohá, entre otros ex ministros y líderes del entorno de Ricardo Lagos.

Una vez electa Michelle Bachelet, Ricardo Lagos respaldó su programa de gobierno, aun cuando ya entonces generaba muchísimas dudas no solo en la oposición, sino particularmente en los especialistas que seguían atentos los acontecimientos de Chile, dentro y fuera de nuestro país (nadie entendía por qué un país que había marchado bien durante décadas, cambiaba de rumbo repentinamente). Ante esas aprensiones, el ex Presidente mandaba un mensaje de tranquilidad: “Un gobernante tiene que tener una mirada larga, el país hay que mirarlo más allá de una elección presidencial y es a eso a lo que apunta el programa” (11 de marzo 2014).

La reforma tributaria le parecía, hasta mayo de 2014, “indispensable”; y la metáfora de la retroexcavadora no lo espantó en lo absoluto: “A veces vas a necesitar una retroexcavadora para cambiar algo de raíz. Yo en Caleu tuve que llevar una retroexcavadora para trasplantar unas palmeras, pero no era para poder reemplazar unas palmeras por otras, era para preservar las palmeras”.

Solo cuando las reformas tributaria y educacional empezaban a mostrar un progresivo rechazo ciudadano, a partir de agosto de 2014, el ex mandatario cambió su discurso. Y cuando además de las reformas, se fue cayendo el respaldo ciudadano a la Presidenta Bachelet, hacia fines del primer año (antes de Caval), pasó de la crítica puntual a los proyectos que se estaban enviando al Congreso, a la crítica a la conducción política del gobierno. Y esta semana fue incluso más allá. “Esta es la peor crisis política e institucional que ha tenido Chile”, señaló el ex Presidente en la entrevista que La Tercera publicó ayer.

La crisis por la que atraviesa Chile hoy es política, no institucional (como él mismo admite, las instituciones están funcionando). Se origina en el clima de incertidumbre que sembró el gobierno, con reformas que cuestionaron el modelo de desarrollo político, social y económico que siguió el país hasta el 2014. Es una crisis que está afectando severamente las oportunidades de progreso de la mayoría, que mantiene a nuestro país en su peor momento económico en 30 años y que, en síntesis, es el resultado de la “obra gruesa” de la que se jacta la Presidenta de la República y sus ministros más comprometidos.

El ex Presidente Lagos contribuyó de manera directa a construir esa obra gruesa. No puede ahora hacer evaluaciones como si viniera bajándose de una nave espacial, sin asumir su propia responsabilidad y reconocer el error profundo por el que se sigue conduciendo a Chile.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO:PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO

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