De la misma forma en que las empresas de alimentos descubrieron que determinadas combinaciones de sal, azúcar y grasa generan en el cerebro reacciones adictivas, las empresas tecnológicas también están descubriendo la clave de nuestra adición digital.
Publicado el 21.09.2016
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De acuerdo a la última Encuesta Nacional de Salud, un 64,5% de la población de nuestro país sufre de exceso de peso. La obesidad es un problema gravísimo de salud pública. La consultora McKinsey, por ejemplo, ha estimado que un tercio de la población mundial tiene sobrepeso y su costo anual es equivalente al generado por el tabaco o las guerras, la friolera de dos billones (millones de millones) de dólares al año.

La obesidad es, sin duda, un problema formidable donde los gobiernos (y sus ministerios de Salud), las empresas privadas y los padres de familia deben actuar con determinación. Va mucho más allá de etiquetar los alimentos potencialmente peligrosos.

Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre otro tipo de obesidad que nos está afectando gradualmente. Una de la cual aún no tomamos conciencia.

Se trata de la “obesidad digital”. A la que podríamos definir como una condición mental y tecnológica en que la acumulación de datos, información y conectividad podría atentar contra nuestro bienestar, relaciones interpersonales y felicidad.

Pensemos por ejemplo en cómo Whatsapp, Facebook o Snapchat actúan como magnetos irresistibles que nos dificultan conectarnos con aquellos que tenemos físicamente cerca. Recuerdo muy bien que hace años me sorprendí al ver una pareja en un restaurant que, en vez de conversar, estaba absorbida por sus respectivos teléfonos. Hoy, la escena es de todos los días.

Medios digitales como Apple News o Flipboard usan complejos algoritmos para mantenernos “pegados” leyendo contenidos personalizados a nuestros gustos y hábitos.

“Googlear” sobre una duda o, más aún, sobre una persona a la que acabas de conocer, se ha hecho un hábito. Si no sigue los “trending topics”, ¿cómo puede acaso considerse informado? ¿Ya vio el último vídeo de YouTube?

Netflix nos permite ver varias temporadas de series entretenidísimas en una “sentada”, lo que puede durar una tarde o, peor aún, una noche completa. En EEUU ya hablan de series para darse una “borrachera” (binging).

De la misma forma en que las empresas de alimentos descubrieron que determinadas combinaciones de sal, azúcar y grasa generan en el cerebro reacciones adictivas, las empresas tecnológicas también están descubriendo la clave de nuestra adición digital.

Esto no es un llamado a las autoridades a regular el uso de las redes sociales. La verdad no sabría qué recomendarles, pero en lo personal, después de las fiestas patrias me pondré a dieta (digital, se entiende).

 

Alfredo Enrione, ESE Business School, Universidad de los Andes.

 

 

Foto:FELIPE FREDES F/AGENCIAUNO