¿Quién está desinformado: el periódico económico que leen más de 2 millones de personas en todo el mundo o nuestro ministro de Hacienda?
Publicado el 16.10.2014
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No lo mandó a decir con nadie el Financial Times. Así de claro: Chile es la economía que encarna mejor la “nueva mediocridad” actual. En el marco del Chile Day, con el ministro de Hacienda Alberto Arenas y una numerosa delegación desplegada en Londres, el más prestigioso diario económico de la City destaca que a siete meses del comienzo de la nueva administración de la presidenta socialista Michelle Bachelet, el crecimiento se ha estancado en Chile y la inflación está presionando al alza.

Llama la atención de los ingleses el hecho de que Arenas parezca satisfecho con pronósticos de que el crecimiento va a rebotar desde un 2% a un 3,6% el próximo año. Es un signo de cómo han cambiado los tiempos, señalan desde uno de los periódicos económicos más leídos del mundo, aludiendo a lo poco ambiciosas que son las metas de crecimiento del país que solía ser el más próspero de la región.

Advierten que una desaceleración global podría parecer el peor momento posible para las políticas de Bachelet que incluyen un paquete de reformas estructurales que aumentará de forma permanente los ingresos de gobierno a 23% de la economía desde el actual 20%.

El ministro Arenas responde que estas expresiones están absolutamente apartadas de lo que es la realidad de Chile y llama al Financial Times a informarse.

Pero, ¿quién está desinformado, el periódico económico que leen más de 2 millones de personas en todo el mundo, o nuestro ministro de Hacienda?

El crecimiento económico en Chile ha caído al 1,8 % en los últimos seis meses, luego de promediar un 5,3% en los cuatro años precedentes. Frente a esto, no tenemos una autoridad económica preocupada de dar las señales correctas para recuperar la confianza de los inversionistas, sino más bien un ministro ausente, que pareciera desconocer el rol que las expectativas juegan en un proceso de recuperación de la economía.

El Gobierno ha anunciado una serie de reformas que aumentan la incertidumbre y deterioran las expectativas, mostrando absoluta insensibilidad frente a la situación que viven los miles de chilenos que empiezan a perder su empleo.

La Nueva Mayoría pareciera tener como único objetivo realizar reformas que aumenten el control político y el poder de los que gobiernan. No se entiende de otra manera que con la delicada situación que vive nuestra economía, con todos los indicadores económicos a la baja, con el desempleo aumentando, se plantee ahora una reforma laboral que sin duda afectará la contratación de mano de obra. Si la Presidenta creyó alguna vez a su ministro de Hacienda cuando éste afirmaba que la reforma tributaria no afectaría los niveles de inversión y crecimiento, tiene ahora muy buenas razones, en vista de los resultados, para dudar de cualquiera que le diga que las reformas laborales no tendrán efectos adversos sobre el empleo.

Lo mismo puede decirse de una reforma a la salud que cuestiona el rol de los seguros privados o del estudio de cambios al sistema privado de pensiones, que constituye la piedra angular de nuestro mercado de capitales que tanto se celebra en la City de Londres. Ad portas también estaría una reforma al código de aguas que relativiza el derecho de propiedad sobre el uso de éstas afectando sectores tan importantes como la Minería, la Energía y la Agricultura.

Para qué decir de la gran reforma que se anuncia para el año 2015. Un cambio a la Constitución que pretende eliminar el concepto de Estado subsidiario, para reemplazarlo por un estado social de derechos, derechos que se ejercen a costa de otros y se quieren implantar en Chile siguiendo el modelo de los estados de bienestar que en Europa tienen a las economías de esa región aún sumidas en un marasmo que dura varios años.

Todo este radical conjunto de reformas no ha sufrido cambios luego de conocidos los efectos de la reforma tributaria.

Un ministro de Hacienda ausente y una Presidenta insensible. Un voluntarismo que sólo se explica porque el crecimiento económico no es un objetivo para este gobierno, y el único y gran propósito de esta administración pareciera ser aumentar el poder de quienes nos gobiernan. Es la ruta de la mediocridad, por la que ya transitan otros países de la región.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

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