El desenlace está próximo, pero no se puede anticipar. Hay múltiples posibilidades en el horizonte. El peso de la inercia podría imponerse. Tiene a su favor el instinto político de la conservación y un menor costo que cualquier mudanza. Pero tampoco puede descartarse que algún factor desequilibrante incline la balanza hacia un cambio en la trayectoria de la NM.
Publicado el 12.04.2017
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I

La Nueva Mayoría (NM) ha ingresado en una fase crítica. Está amenazada de perder el centro político si insiste en un programa de mera continuidad; se ha quedado ella misma sin su centro de gravedad —el eje DC-PS— y ha perdido el monopolio sobre el voto situado a su izquierda. Sin pasado al que recurrir después de haber abjurado intelectual y emocionalmente de la Concertación, de la transición a la democracia y de la modernización de la sociedad que ella misma impulsó, ahora tampoco parece tener futuro hacia el cual dirigirse.

Debilitados los partidos que la componen y concluido prácticamente el Gobierno que lleva su impronta, ahora mismo acaba de dejar caer (luego de empujarlo) al líder nacional más sólido de la izquierda socialdemócrata y de una alianza de centroizquierda.

Envuelta en querellas menores —de caudillos, fracciones y cuotas administrativas—, la NM ha evitado cualquier discusión seria sobre su mediocre ejercicio de responsabilidades gubernamentales. Su discurso de “grandes reformas estructurales”, cambios de paradigma, ciclo refundacional, mayor igualdad, participación ciudadana y atender a las demandas de la calle, todo eso ha caído en el olvido y no se sabe si será retomado o definitivamente enterrado.

Como expresión final del conjunto de estas ambigüedades y tensiones, la NM ha venido alejándose cada vez más visiblemente de la Presidenta Bachelet y acercándose paso a paso al senador Alejandro Guillier. Recién ungido por el PS, su liderazgo sin embargo no es hasta ahora más que una curva en el gráfico de la opinión pública encuestada. ¿Qué imagen de futuro ofrece este candidato a líder de la NM, justo cuando la propia coalición no proyecta ninguna y sus partidos, considerados individualmente, oscilan entre la confusión, la ceguera estratégica y el cálculo táctico?

 

II

De todo lo anterior no cabe concluir, sin embargo, que la NM esté inexorablemente condenada y a punto de desaparecer. A su favor cuenta con aparatos partidarios, personal político, operadores, redes de influencia en el territorio y el Estado, y una cultura —heterogénea sin duda— cargada de tradiciones, símbolos, aprendizajes y una caja de herramientas para el ejercicio de la racionalidad práctica, aquella que permite adaptarse a las cambiantes circunstancias y sobrevivir. Sobre todo, cuenta con las posibilidades que abren los procesos de continuidad y cambio dependientes de la trayectoria; esto es, que tienden a seguir un curso que viene determinado por la anterior evolución y las fuerzas de la inercia histórica.

En efecto, los procesos dependientes de la trayectoria siempre ofrecen posibilidades que los analistas no logran imaginar y aprehender.

¿Qué representa la NM, más allá de su existencia fáctica como un conglomerado de la escena política chilena? Mirada en perspectiva de historia, aunque sea corta, la NM nació como un acuerdo de voluntades para crear una coalición de izquierda, con un débil miembro de centro-reformista incluido. Un conglomerado que sus fundadores esperaban inauguraría un nuevo ciclo de reformas anti-neoliberales, el primero desde el inicio de la transición democrática.

Las coordenadas de esta coalición, sus supuestos, proyecto e imaginario, eran los siguientes:

  1. Fin de la Concertación de Partidos por la Democracia.
  2. Sistemático reemplazo de sus cuadros directivos con el fin de dar paso a una nueva élite política (operación que sería facilitada por la enorme popularidad inicial de la candidata y luego Presidenta Michelle Bachelet).
  3. Formación de una nueva coalición de partidos con eje en la izquierda, donde el trío progresista laico (PS-PPD-PR) era reforzado con la incorporación (un pie) del PC, mientras el otro pie iba a permanecer activamente en la calle acompañando al movimiento social.
  4. Un programa de cambios radicales con un enfoque anti-neoliberal de desmercantilización y, en general, de derechos universales basados en la provisión de bienes públicos por parte de agencias estales o bajo estricta conducción y supervisión de éstas.
  5. Una administración gubernamental dedicada a la resuelta y acelerada ejecución de cambios en varios frentes simultáneamente.
  6. Dicha administración se concebía bajo la superior conducción de la Presidenta Bachelet (encargada de mantener la legitimidad carismática de las reformas) y la dirección ejecutiva de un gabinete que debía dar cuenta (en las personas de Peñailillo y Arenas en Interior y Hacienda, respectivamente) del inicio del recambio generacional, ideológico y político que impulsaba la NM.
  7. Creación de un círculo de nueva tecno-burocracia estatal y un renovado cuadro de tecnopols (personal académico-político) que dieran consistencia política-técnica a la acción gubernamental, crearan un discurso oficial de las reformas sin renuncias y construyeran la narrativa que debía iluminar el nuevo ciclo político.
  8. Esta narrativa partía por reducir los malestares creados por la rápida y masiva modernización de la sociedad chilena a situaciones de desigualdad y abuso, y ofrecía un relato de su superación contra múltiples resistencias para culminar en una sociedad donde el Estado —la esfera de lo público— establece su hegemonía sobre el mercado y los privados, y crea así una sociedad (supuestamente) más fraternal, igualitaria, sin abusos y plenamente ciudadana.
  9. Finalmente, generación de redes de participación ciudadana que debían relacionar al Gobierno directamente con las comunidades de base, ONG, movimientos sociales, reivindicaciones locales, grupos de protesta, etc., superando el estrecho marco de una democracia meramente representativa y de mediación exclusivamente partidista. La formulación de una nueva Constitución debía servir a este propósito movilizador y refundacional.

 

III

No es necesario repetir aquí el análisis de por qué, cómo, cuándo, dónde y con qué deletéreos efectos y daños colaterales aquel ambicioso proyecto de la NM falló, se volvió inmanejable y, finalmente, desembocó en el punto crítico donde su propia subsistencia se halla en juego. Pero, ¿muerta? ¿Definitivamente descompuesta, deshilachada y desahuciada?

Si se miran y escuchan las cosas que ocurren y se dicen en nuestra modesta y mediatizada polis, podría creerse, efectivamente, que la NM ha tocado fondo y difícilmente podrá recuperarse. Sin embargo, hay otra mirada posible, aquella que proviene de dar crédito a la inercia inscrita en los procesos dependientes de la trayectoria, como son la mayoría de los fenómenos de la política.

Efectivamente, de acuerdo a su planteamiento original (esquemáticamente resumido más arriba), la NM ha sepultado a la Concertación, incluso al costo de desprestigiarse ella misma y quedar sin memoria ni relato de identidad.

Enseguida, a lo largo de dicho proceso fue reemplazando a la élite concertacionista que, en cualquier caso, estaba retirándose por razones de edad y reemplazo generacional. Como pudo verse el domingo pasado a la hora de las imágenes televisadas tras el cierre del pleno del comité central del PS —el mismo que acababa de echar por la borda a su líder natural, Ricardo Lagos—, una nueva camada (generacional, territorial, de experiencias, corrientes internas y redes) se había hecho cargo del partido y se deshacía simbólicamente de la figura que hasta ayer el PS había saludado como primer, exitoso, Presidente socialista después de Salvador Allende. Corresponde ahora a esta nueva élite partidaria, con sus pares de los demás partidos de la NM, resolver el futuro de la alianza.

Sin embargo, lo que está en juego es más que una cuestión de composición bajo una lógica burocrática; incluso va más allá de los intereses —ya difíciles de acomodar— de las diversas oligarquías partidarias que forman parte de la NM (los llamados “incumbentes”, aquellos que ocupan las posiciones de mando en los partidos, el Gobierno y el Estado).

La encrucijada es de ideas, visiones, concepciones de mundo, ideologías y culturas. ¿Ha de reafirmarse el programa de Bachelet II con su sesgo hacia la izquierda y su ambigua retórica antisistema que elude llamarse anticapitalista y prefiere, por eso, el apodo de anti-neoliberal? ¿Ha de irse más lejos y agregar nuevas reformas, mayores tributos, más derechos universales, más cobertura gratuita, más agencias estales, en fin, una inclinación hacia el capitalismo de Estado que hoy parece ser la propuesta de la izquierda radical (o alternativa) latinoamericana? ¿O habrá un giro en reverso hacia posiciones socialdemócratas realistas, de reformismo efectivo y metas graduales, incrementales, sin retórica fundamentalista, como encarnaba hasta hace unos días Lagos en la competencia por el alma de la NM?

Ir en una u otra dirección es un asunto que deberá resolverse finalmente en el plano de las ideas, pero que a su vez encubre, en un nivel menos académico, la naturaleza de la coalición que se desee crear o mantener y su posicionamiento en un entorno competitivo.

El PC y segmentos mayores o menores dentro de cada uno de los demás partidos de la NM impulsarán una plataforma de ideas de profundización y ampliación de las reformas anti-neoliberales instaladas por el Gobierno Bachelet II. Incluso buscarán extender esta alianza profundizadora, así no sea electoralmente, hacia el PRO de Enríquez-Ominami y hacia otros grupos no involucrados en el Frente Amplio.

Esta estrategia llevaría irremediablemente a una ruptura con la Democracia Cristiana e instauraría desde ya la carrera entre la NM y el Frente Amplio por el control del espacio de las izquierdas, en condiciones favorables para este último. ¿Por qué? Porque la NM, al abandonar los postulados socialdemócratas modernos, con su énfasis en la gobernabilidad del cambio y en el imperativo del crecimiento como base de las reformas sociales, quedó suspendida en el vacío, sin discurso, ante un Frente Amplio que se limita a exaltar la crítica y a ofrecer un vago camino de sueños y consignas.

En condiciones normales, aquel planteamiento socialdemócrata —hoy sin respaldo mayoritario en la izquierda de la NM, aunque funcional para una alianza con la DC— sería el mejor antídoto para enfrentar a la ultra-izquierda y evitar, asimismo, la fuga de una parte del voto de centro hacia la centroderecha y más allá. Es precisamente esta perspectiva estratégica la que el PS desahució, luego de encabezarla o servirle como eje y soporte durante los años de la transición y consolidación de la democracia.

 

IV

No es fácil imaginar cómo en el breve lapso de tiempo disponible estos temas podrán ser procesados por la NM, envuelta como se halla en sus propias contradicciones, sin liderazgos sólidos, con sus círculos de tecno-burócratas y technopols dispersos y con menor ascendiente social ahora que ha quedado en evidencia su pobre papel durante la actual administración de Gobierno.

Agréguese a esto, para mayor complicación, que la escena de la política seguirá dominada por los medios de comunicación, la pantalla en particular, y alimentada por las imágenes semanales del estado de la opinión pública encuestada y la incesante actividad de las redes sociales con su inaudita capacidad de amplificar la opinión de minorías activas y las voces más extremas, no en sentido ideológico, sino en el registro del resentimiento y la invectiva.

En estas condiciones, la tarea de la NM se ve sobredeterminada por el constante influjo de esas corrientes de opinión pública y por los sucesos que se irán encadenando en un contexto volátil, donde el azar y la fortuna adquieren también importancia decisiva.

Sin duda, este es un momento crítico para la NM. El desenlace está próximo, pero no se puede anticipar. Hay múltiples posibilidades en el horizonte. El peso de la inercia podría imponerse. Tiene a su favor el instinto político de la conservación  y un menor costo que cualquier mudanza. Pero tampoco puede descartarse que algún factor desequilibrante incline la balanza hacia un cambio en la trayectoria de la NM.

¿Quién puede saberlo? Igual que Banquo, el personaje de Shakespeare en Macbeth, digo: “Si podéis penetrar las semillas del tiempo y decir cuál crecerá y cuál no, habladme ahora a mí, que ni os suplico favores ni temo vuestro odio”.

 

José Joaquín Brunner, #ForoLíbero

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

 

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