La reciente Junta Nacional de la Democracia Cristiana, al ningunear el liderazgo de su presidenta y candidata a La Moneda, logró un efecto probablemente indeseado: polarizar las próximas elecciones, al extremo de dejar al país enfrentado a solo dos opciones;  giro definitivo a la izquierda, sin un centro que la modere, o un retorno a un Gobierno de Chile Vamos.
Publicado el 06.08.2017
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Lo sucedido en la Junta Nacional de la DC el fin de semana pasado fue un tsunami político cuyas consecuencias recién comienzan a vislumbrarse. Lo que sí está claro es que su paso por la Nueva Mayoría terminó pasándoles la cuenta a los democratacristianos, y hoy se encuentran sometidos a un ignominioso pacto con dos partidos irrelevantes —pro Maduro, además—, con lo cual más se desdibuja la DC. Y aunque Carolina Goic decidió, después de su reflexión, persistir en su candidatura, ésta tiene un débil sustento, pues la condición por ella impuesta de que Ricardo Rincón no fuera de candidato le fue otorgada por secretaría, cosa que le negó la Junta Nacional por amplia mayoría. Esto, unido al 1% que marca en las encuestas, se parece mucho a la crónica de una muerte anunciada.

Pero más allá de las consecuencias internas en el partido, lo que se debe comprender es que con lo sucedido, la posibilidad de contar con la DC como un agente moderador al interior de la coalición oficialista desapareció. Esto, que pareciera ser un detalle menor, no lo es, porque ahora sólo quedan los partidos de izquierda en la ex Nueva Mayoría, con lo cual Chile enfrenta una crítica encrucijada: seguir por el camino actual, profundizando la mediocridad reinante en el manejo de la economía, de la salud, educación, seguridad , transporte, etc.; o cambiar de rumbo para corregir las malas reformas impulsadas en este Gobierno e intentar retomar el ritmo de desarrollo que Chile traía hasta antes de la reelección de Michelle Bachelet.

Si una mayoría ciudadana decide elegir Presidente a Sebastián Piñera, creyendo que con eso se van a solucionar todos los problemas, no estará siendo realista, porque no basta con elegir un buen gobernante y que éste nombrar un gabinete de primer nivel si no se cuenta con un Congreso afín, o al menos un Congreso en que prime el interés general del país por sobre los intereses político-partidistas y donde se puedan consensuar acuerdos.

En este sentido, Chile Vamos, si quiere hacer un muy buen gobierno y proyectarlo más allá de los cuatro años, debería llevar una sola lista parlamentaria, una sólida lista unitaria en la cual queden representados todos los partidos del bloque. Sin duda que esto requerirá generosidad por parte de todos los actores, a fin de evitar perder escaños en el Congreso por competir divididos. Si no demuestran generosidad de verdad y Chile Vamos termina compitiendo en listas separadas, las lamentaciones y recriminaciones posteriores no les servirán de nada.

El país requiere un cambio profundo para sacarlo del estancamiento y la desconfianza en que se encuentra después de cuatro años de la Nueva Mayoría. Sin un Congreso que permita sacar adelante las iniciativas que un potencial Gobierno de centroderecha quisiera desarrollar, será muy difícil lograrlo.

En el anterior Gobierno de Piñera, la oposición, actual oficialismo, le negó colaboración y muchos proyectos quedaron dormidos en el Congreso por falta de voluntad política para pensar en el país. Para evitar repetir lo mismo, Chile Vamos debería demostrar una férrea unidad al confeccionar su lista parlamentaria, particularmente ahora, porque el próximo Congreso será elegido bajo el nuevo sistema electoral, con lo cual podría quedar con una representación muy atomizada. Si así ocurriera, la gobernabilidad del país podría llegar a ser mucho más compleja de lo que ya es en la actualidad.

La Junta DC, al ningunear el liderazgo de su presidenta y candidata presidencial, logró un efecto probablemente indeseado: polarizar las próximas elecciones, al extremo de dejar al país enfrentado a solo dos opciones;  giro definitivo a la izquierda, sin un centro que la modere, o un retorno a un Gobierno de Chile Vamos. Sin duda, esta decisión resulta ser de las más relevantes y decisivas de los últimos 30 años, porque está en juego qué clase de país llegaremos a ser.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO