Filósofos, escritores, sociólogos, historiadores serían un gran aporte a los directorios, entregando otros puntos de vista y pensamiento crítico más allá del negocio, y que sí influyen en el negocio mismo. Esa es la paradoja.
Publicado el 07.08.2016
Comparte:

Trillado, no por ello poco importante, es el tema de la escasa participación femenina en los directorios de las empresas del país. Y claro, sólo el 28% de éstos incorpora a una mujer, según un reciente estudio publicado por la Facultad de Economía y Negocios de la UDD y Proteus Management Consulting. Pero aquello no es lo más preocupante. Sí lo es, que sólo el 19% de los directores de empresas en Chile estudiaron carreras no tradicionales. Es decir, estamos rodeados de ingenieros comerciales (34,7%), ingenieros civiles (21,8%) y abogados (13,7%). ¿Es malo en sí? No. ¿Es incompleto y estamos perdiendo una preciosa oportunidad? Sí.

Dejemos las cifras por un momento.

Entre las acepciones del concepto humanismo que define la Real Academia Española, destaca: “Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos”.

Y aquí comienza la reflexión. Dado lo anteriormente expuesto, creo que se nos está olvidando en la sociedad, incluidos, por supuesto, los directorios, -esos que rigen, que son el timón de las empresas- profesiones de suma importancia y que serían un aporte de proporciones.

¿Qué pasaría si a ellos incorporáramos filósofos, historiadores, escritores o sociólogos, por ejemplo? Sin duda, muchos lo considerarían ridículo. ¡Qué van a saber de negocios!, exclamarían unos, ¡Qué van a saber de números!, dirían otros.

Es que ese es precisamente el meollo del asunto. En estos tiempos en que los gobiernos corporativos han sido altamente cuestionados por escándalos empresariales, es EL momento de replantearse si no es necesario incluir más humanismo y otras habilidades.

¿Se ha puesto a pensar quiénes han cimentado los pilares del devenir histórico? Precisamente han sido en primer lugar los filósofos. Es a partir de ellos que derivan las teorías económicas, sociales, espirituales, etc… y no al revés. Pero se nos olvida, y por ello estas profesiones están relegadas –principalmente- a la investigación y la sala de clases, siendo que serían un gran aporte a las empresas.

Sin ir más lejos y bien en simple: si usted quiere entender cómo ha sido una determinada época, qué falló y que no, no busque tanto en los balances comerciales, comunicados de prensa, memorias, etc. Aquello es sumamente incompleto.

Lea literatura, buena literatura. ¡Sí! No es tomadura de pelo. Ahí sí encontrará qué hicieron mal los hombres de negocios y los burócratas estatales y las consecuencias de todo aquello. Por ejemplo, si toma a Lev Tolstoi entenderá la decadente sociedad burguesa afrancesada rusa del siglo XIX y cómo ésta se preparaba, sin darse cuenta, quizás, para la Revolución Bolchevique que se avecinaba.

O Fiodor Dostoievski, para entender la pobreza y miseria de ese mismo siglo. Si se hubiesen tomado las medidas en ese tiempo ¿no? Otra historia se habría escrito.

O Flaubert, Homero, Dante, Shakespeare…tantos y tantos….Es ahí donde se respiran y viven las sociedades, y sus obras no fueron escritas por economistas ni civiles industriales (que también, por supuesto, son muy necesarios), sino que por humanistas.

El tema da para largas jornadas de reflexión. Pero no eche en saco roto estas breves líneas.

Los humanistas en los directorios serían un gran aporte entregando otros puntos de vista y pensamiento crítico más allá del negocio, y que sí influyen en el negocio mismo. Esa es la paradoja.

Además estamos en el contexto propicio. De un Chile que está a la deriva, con decadencia en sus principios, valores, y una desconfianza que abruma. Esta crisis es una oportunidad para abrir las mentes a las humanidades en los negocios. Habría positivas sorpresas. No lo pongo en duda. Y como debe estar apurado leyendo esto, y a lo mejor considerándolo ridículo, le dejo algunas frases de Fiodor Dostoievski que le pueden servir en su próximo directorio o reuniones “numéricas”:

-“Es mejor el hombre que confiesa francamente su ignorancia, que quien finge con hipocresía”.

-“Es muy fácil vivir haciéndose el tonto. De haberlo sabido antes me habría declarado idiota desde mi juventud, y puede que a estas fechas hasta fuera más inteligente. Pero quise tener ingenio demasiado pronto, y heme aquí ahora hecho un imbécil”.

-“El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor”.

-“Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos”.

-“En el mundo no hay nada tan difícil como la franqueza y nada tan fácil como la adulación”.

Y lea cuidadosamente ésta: “Los hombres aman los razonamientos abstractos y las sistematizaciones bien elaboradas, al punto de que no les molesta deformar la verdad; cierran los ojos y los oídos a todas las pruebas que los contradicen con tal de sustentar sus construcciones lógicas.”

No parece tan ridículo, ¿ah?

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

 

FOTO: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO