Cuando hablamos de migración, no debemos olvidar los movimientos de cientos de profesionales y técnicos extranjeros que vienen a desempeñar una labor específica a nuestro país por un tiempo determinado, o bien, que deciden instalarse desde la inversión extranjera para contribuir al desarrollo productivo y la competitividad del mercado chileno.
Publicado el 10.09.2017
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Esta semana hemos sido testigos de la interpelación parlamentaria al ministro del Interior, consecuencia del retraso en la presentación para tramitación del proyecto de la nueva Ley de Migraciones. Aunque sea dudosa la efectividad de la interpelación como herramienta, como dijo la interpeladora, al menos sirvió para dar el “vamos” a una discusión que día a día se torna más necesaria.

Comúnmente, cuando se habla de “migración” se suele vincular primero con las mejores oportunidades que ciudadanos de origen haitiano, colombiano, venezolano o peruano, entre otros, esperan encontrar en nuestro país. Sin perjuicio de lo anterior, no debemos dejar en el tintero los movimientos migratorios protagonizados por cientos de profesionales y técnicos extranjeros que vienen a desempeñar una labor específica a nuestro país por un tiempo determinado, o bien, que deciden instalarse desde la inversión extranjera para contribuir al desarrollo productivo y la competitividad del mercado chileno de cara al mundo.

De este modo, encontramos quienes residen y se hacen parte de nuestro país por un período concreto, de días, semanas o meses, remunerados por la entidad que representan, cuya misión es desempeñar trabajos específicos en obras o faenas, empresas mineras, hídricas o eólicas, proyectos de ingeniería, auditorías, puesta en marcha o reparación de maquinarias, entregar su conocimiento, ciencia u arte para un fin de determinado. En esa situación “transitoria” también se encuentra quien viene por un día a dar un concierto, por tres días a reparar una máquina cuya paralización implica miles de dólares en pérdidas para una empresa; o quien viene por un período un poco más prolongado, pero acotado, por ejemplo, para capacitar a un equipo de profesionales en un área de expertise determinada.

En la actualidad, todos ellos entran en calidad de “turistas” a Chile, con un permiso de trabajo especial —contemplado en el artículo 100 del Reglamento de Extranjería—, que los faculta a trabajar en nuestro país por un plazo de 30 días, prorrogables. Dicha autorización se obtiene al momento de ser solicitada, lo que les permite trabajar desde su llegada al país (ya que muchas veces vienen a cubrir necesidades urgentes), sin perder la condición de turistas, dado que no existe en ellos propósito de inmigración ni residencia.

Sin embargo, de la lectura del actual proyecto de ley, en lo que se refiere a las categorías migratorias, esta necesidad no se estaría abordando. El proyecto propone como categoría migratoria un “Permiso de Visitante, para aquellos extranjeros, que soliciten ingresar al país para desarrollar las actividades como visitante de negocios, profesional y técnico, transportista, estudiante en programas de corto plazo, tripulante de transporte internacional, corresponsal de prensa, artista, deportista (…) habilitándolos para desarrollar actividades remuneradas lícitas de conformidad a lo señalado en el reglamento”. Es decir, propone que un reglamento, cuyo texto se desconoce, se ocupe de establecer subcategorías, requisitos y plazos, para este permiso de visitante.

Esto significa que hoy no existe una respuesta a la necesidad de contar con un permiso corto en su estadía y expreso en su tramitación, que permita realizar actividades remuneradas ante necesidades que no admiten demoras administrativas para obtenerlo.

Si vamos a contar por fin con un marco regulatorio tan necesario y esperado, no se puede desconocer la existencia de este otro aspecto de la migración: la corporativa. Entregar esta materia a un “reglamento” desconocido genera incertidumbre en la industria nacional y los inversionistas extranjeros, por lo que hoy debemos aprovechar la oportunidad de terminar con la discrecionalidad y contar con un marco regulatorio que propenda a una inmigración que atienda también una necesidad inminente de desarrollo y crecimiento, para seguir haciendo de Chile un país más inclusivo y a la vez más competitivo.

 

Leonardo Carvallo, abogado experto en migración

 

 

FOTO: JOSE FRANCISCO ZUÑIGA /AGENCIAUNO