En un estudio reciente del reputado Global Business Policy Council a cuatrocientos líderes de las empresas más importantes del mundo, la conclusión es que para la amplia mayoría las principales preocupaciones a corto plazo son el espacio que están ganando los movimientos populistas; el aumento en el riesgo geopolítico que este tipo de liderazgos conlleva; y, un marcado deterioro de las condiciones regulatorias y tributarias hacia las empresas a nivel global.
Publicado el 13.12.2017
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En Chile y el resto del mundo el riesgo político va en aumento, particularmente el que está emanando del creciente populismo. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la sorpresiva victoria del Brexit y la reciente irrupción eleccionaria del Frente Amplio en el Congreso chileno son una buena muestra de lo anterior.

En efecto, la volatilidad que conlleva el éxito de consignas populistas parece estar poniendo en jaque premisas básicas que ya creíamos irrebatibles, como las ventajas del libre comercio. Es más, la retórica en muchos países desarrollados de hoy parece ir más hacia el proteccionismo y una “islandización”, que a la tradicional liberalización y globalización.

Quienes tienen la responsabilidad de liderar empresas enfrentan así un complejo escenario donde la “mano invisible” se está haciendo demasiado “visible”. Un estudio reciente realizado por el reputado Global Business Policy Council[1] entrevistó a cuatrocientos líderes de las empresas más importantes del mundo. La conclusión es dramática. Para la amplia mayoría de esta muestra las principales preocupaciones a corto plazo son el espacio que están ganando los movimientos populistas; el aumento en el riesgo geopolítico que este tipo de liderazgos conlleva; y, un marcado deterioro de las condiciones regulatorias y tributarias hacia las empresas a nivel global.

Si bien las condiciones políticas siempre han estado presentes a la hora de tomar decisiones de negocios, hoy el peso relativo de la política es enorme. Aunque pueda parecer desproporcionado, es la realidad en que las empresas de todo el mundo están operando. Como resultado de este diagnóstico, y según el estudio, las empresas globales están haciendo cambios significativos en sus estrategias y estructuras. Más allá del impacto interno finalmente también afectan a los países. Así, por ejemplo, están trasladando sus casas matrices y sus residencias fiscales hacia entornos más favorables y estables. Además, están reestructurando sus cadenas de valor y de suministros para reducir su exposición y diversificar riesgos. Como las aves ante el invierno, los dólares y las fuentes de empleo migran rápidamente hacia ambientes más soleados.

En cualquier caso, el riesgo político parece estar en todas partes y las empresas irremediablemente deben lidiar con las fuentes de dicho riesgo. En el estudio señalado más arriba, dos tercios de los líderes empresariales señalan que han puesto como prioridad e implantado iniciativas concretas para mejorar las relaciones con los gobiernos y las comunidades locales.

Más allá de los beneficios de corto plazo de este tipo de medida, otro estudio realizado este año descubrió que cuando se evalúa el potencial de valor a largo plazo, los inversionistas institucionales aprecian enormemente el rol de los líderes empresariales en construir relaciones ricas y mutuamente beneficiosas entre la empresa privada, el gobierno y la sociedad civil.[2] Para más del 80% de los inversionistas quienes están a la cabeza de las empresas deberían abogar por mejores políticas públicas que promuevan el desarrollo social, incluso trabajando codo a codo con los líderes políticos que están involucrados en su concepción, diseño y promoción.

A pesar de que en Chile hay excepciones notables, sería extraordinario ver un mayor compromiso de los empresarios con la Política (con “P” mayúscula) y con una agenda de desarrollo social. Hay un gran desafío de por medio. La sociedad desconfía de los empresarios y de los políticos, mucho peor aún si los ponemos a trabajar juntos.

Si la empresa privada quiere trabajar con la “mano visible” de la política de forma constructiva, estable, transparente y sostenible tendrá que reconstruir la confianza pública. Sugiero incorporar a la mesa a otros actores que sí cuentan con las reservas de confianza necesaria. En particular, las universidades, las organizaciones sin fines de lucro y las iglesias.

 

Alfredo Enrione, ESE Business School, Universidad de los Andes

 

[1] Adapting to Disruption: 2017 Views from the C-Suite | An Annual Survey of Global Business Executives

[2] The 2017 A.T. Kearney Foreign Direct Investment Confidence Index