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Publicado el 18 de diciembre, 2014

La luna en la borrasca

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo
El anuncio del deshielo entre EE.UU. y Cuba es una buena noticia, una luz que se enciende en un horizonte todavía muy sombrío, como cuando la luna se asoma en la borrasca.
José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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Me aprontaba a escribir esta columna con un cierto pesimismo. La proximidad de las fiestas de fin de año incita al balance y la reflexión.

El año terminaba mal. No lo digo por Chile, cuyos problemas están en la boca de todos, sino por los conflictos mundiales. A veces con nuestro espíritu isleño nos cuesta alzar la mirada más allá de la cordillera o el desierto.

Vengo llegando de una reunión de la Internacional Socialista (IS) en Ginebra, que es un buen foro político para tomar el pulso a la situación, y quedé abrumado por la entidad de los problemas que plantearon los distintos delegados. Ninguno apeló a la esperanza.

Antes el denominador común solía ser la crítica al imperialismo. Ahora la amenaza del fundamentalismo islámico copa la tribuna. Para confirmar esa alarma, vino luego la masacre de más de 100 estudiantes en una escuela en Pakistán perpetrada por un grupo talibán y el secuestro de 40 personas en una cafetería en Sídney, que terminó con tres personas muertas.

Pareciera que ciertos grupos extremos del Islam no conocen límite en su crueldad. Desde el podio de la I.S. se lamentaban los representantes de los kurdos que luchan contra el mal llamado “Estado Islámico”, los sirios que además se enfrentan con el gobierno de Assad, los iraquíes y los representantes africanos, que ven cómo esas acciones violentas se extienden a sus países recordando las más de 200 niñas que permanecen secuestradas por Boko Haram en Nigeria, 50 de cuyos padres fueron masacrados por ese movimiento.

Y muchos de esos denominados combatientes provienen de países occidentales, atraídos por la aventura fanática con halo religioso. Hay que ser claro: el problema no es el Islam, sino el integrismo de algunos de sus seguidores, que generan el rechazo de sus autoridades religiosas. Eso suele suceder con las regiones monoteístas cuando su mensaje no pasa el cedazo de la racionalidad, como bien lo recordara en varios discursos Benedicto XVI.

Pero además está el conflicto entre Israel y Palestina, cuya solución pacífica no avanza, y las tensiones que se han producido en Israel por el proyecto de ley que pretendía aprobar el gobierno saliente que provocaría la existencia de diversos estatus jurídicos para la población según su etnia. Por su parte, las luchas entre la Autoridad Palestina y Hamas no cesan. Muchos echan de menos la presencia en Israel y Palestina de grandes figuras políticas capaces de gestos resueltos y valientes en favor del entendimiento.

La primavera árabe, que fue recibida con tanta esperanza, ha sufrido una fuerte involución autoritaria o se ha desangrado en enfrentamientos fratricidas, salvo en Tunes. Egipto vuelve a la tutela militar. Libia es un estado fallido. También ciertas libertades parecen amagadas en la Turquía islámica moderada con las últimas detenciones de periodistas y opositores.

Después, en la reunión de Ginebra, vino la seguidilla de malas noticias provenientes de los países que un tiempo conformaban la URSS: conflictos entre Armenia y Azerbaiyán, las detenciones arbitrarias en Bielorrusia y el conflicto en Ucrania que ha dejado más de 4.000 muertos. Y -como si fuera poco- la baja abrupta del petróleo ha provocado una crisis económica en Rusia de consecuencias difíciles de pronosticar. El rublo se desploma y la gente pierde su poder adquisitivo. Crece el rechazo a Occidente, alentado por las sanciones económicas impuestas por EE.UU. y la UE debido a la intervención rusa en Ucrania y la anexión de Crimea.

China pierde dinamismo económico y los precios de las materias primas descienden constantemente, golpeando a todos los países, entre ellos los latinoamericanos, que además se ven afectados por la inseguridad y el crimen organizado y la corrupción rampante en México y Brasil. También hay escándalos en Perú y Argentina.

En Lima, la cumbre sobre el cambio climático concluyó en sordina.

Cuando me tocó el turno de rendir un informe sobre la misión realizada en Venezuela por la libertad de Leopoldo López, líder opositor de Voluntad Popular, y los demás presos políticos, tuve la sensación de estar contribuyendo, aunque fuera con un grano de arena, a hacer este mundo más vivible. El plenario de la I.S. asumió las conclusiones de ese informe y pidió el restablecimiento de la independencia de la justicia y el debido proceso en ese país, y que la Cruz Roja Internacional pudiera hacer una inspección sobre las condiciones de encarcelamiento en las que se encuentran los detenidos. Al día siguiente, el Presidente Maduro descartó la libertad de López, a quien calificó como “asesino y el monstruo de Ramo Verde” (por el nombre del recinto militar en el que está prisionero). Su esposa, presente en la reunión en Ginebra, salió fortalecida por la decisión de la I.S. de aceptar a Voluntad Popular como miembro pleno. Pero el abuso de las libertades sigue, mientras la situación económica y social venezolana se deteriora por la baja del precio del petróleo y la falta de producción y divisas.

Para colmo, a los atropellos de la policía en EE.UU. contra jóvenes de origen africano se sumó el Informe de una Comisión del Senado dando a conocer las torturas y  secuestros cometidos durante la llamada “guerra al terrorismo”, luego de los atentados del 2001 en N.Y. No faltaron quienes justificaron esos delitos, considerando incluso a quienes los practicaron como “héroes”. Razonan como si nunca ellos o sus cercanos pudieran verse afectados por esos atropellos.

Entonces, cuando me aprontaba a narrar todos estos hechos deprimentes que nublaban el fin de un año aciago, vino la sorpresiva noticia de un vuelco en las relaciones entre EE.UU. y Cuba, que pone fin a un enfrentamiento de 54 años y debiera concluir con el pleno restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países y el fin del bloqueo a la isla. El New York Times venía propiciando este deshielo. Con razón se refiere al día de hoy como “histórico” y considera que será uno de los legados de Obama.

Cabe recordar que hace casi 10 años la OEA, por iniciativa de José Miguel Insulza, su Secretario General, derogó las sanciones a Cuba en una declaración que lleva también la firma de Hillary Clinton. No pocos dolores de cabeza e injustos ataques le costó este paso a Insulza. Hoy ha triunfado su tesis de erradicar la guerra fría de nuestro continente.

Según el cable, un papel relevante habría jugado Papa Francisco. Sus antecesores habían visitado Cuba y se habían pronunciado en favor de un reencuentro entre los cubanos y el fin del embargo. No es de extrañar, entonces, que el Vaticano celebre este paso, que muchos consideran audaz, y que va acompañado con la libertad de presos en ambos países. Puedo imaginarme las conversaciones que están teniendo lugar en estos momentos en La Habana y en Miami: el tablero comienza a cambiar.

Todo parece indicar, además, que en este nuevo marco las negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC que se realizan en La Habana, debieran concluir exitosamente poniendo fin al mayor conflicto armado de la región.

Es una buena noticia, una luz que se enciende en un horizonte todavía muy sombrío, como cuando la luna se asoma en la borrasca; ese resplandor se irá haciendo más intenso hasta iluminar positivamente el cuadro latinoamericano y augura un buen éxito para la cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá en abril del 2015.

 

José Antonio Viera-Gallo, Foro Líbero.

 

 

FOTO: CARLOS ALBERTO SANTOS / FLICKR

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