Si hacemos una analogía entre la situación de la Democracia Cristiana y el caso de lepra diagnosticado en Valdivia, podríamos decir que la “epidermis decé” no aguanta más roces, inflamación y malestar. Que los nervios de algunos de sus militantes parecieran estar como anestesiados frente a su situación actual y que, si no se toman las medidas necesarias, el partido seguirá sufriendo mutilaciones graves que lo podrían llevar a una situación de parálisis total.
Publicado el 04.08.2017
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Mientras algunos democratacristianos suspiran, otros alegan y terceros simplemente “aguantan” las consecuencias de su última Junta Nacional. A estas alturas, lo que ha demostrado la DC es que posee una extraordinaria capacidad de mutación, que no es lo mismo que tener la facultad para una “auto-regeneración”.

Atrás quedó ese “sol que vuelve a brillar” (en este caso, sobre el partido), como evoca su himno, porque la situación por la cual atraviesa la DC de hoy es muy distinta a la que experimentó cuando fue fundada sobre los valores del Humanismo Cristiano, en 1957.

Su protagonismo en los acontecimientos políticos de las últimas semanas, tales como su participación para que fuese aprobada la ley sobre la despenalización del aborto, el consentimiento para que uno de sus miembros se presentase a la reelección, a pesar de estar cuestionado por incidentes de violencia intrafamiliar, y el acuerdo para conformar listas parlamentarias con la Izquierda Ciudadana y el MAS, dos partidos que de manera abierta han manifestado su aprobación al régimen autocrático de Nicolás Maduro, en Venezuela, no hacen más que abrir las sospechas de que el péndulo de la DC se encuentra desorientado. Es decir, que se ha vuelto complaciente a los vientos que soplan desde el ala más dura de la izquierda y que la solidez que en algún momento la encumbraba como un referente político, a nivel nacional, se ha ido descomponiendo, pasando de ser un cuerpo sólido a uno más bien licuado.

Los miembros de su directiva, más de una vez y de manera categórica, han reiterado que no les gusta “para nada” la derecha, que detestan los populismos y que son contrarios a cualquier proyecto político extremista o refundacional. Sin embargo, todo eso queda “en veremos” por los últimos sucesos y quizás es por eso mismo que la candidatura de Carolina Goic no logra la adhesión popular que, en un pasado no muy lejano, le permitió a su partido convertir a tres de sus militantes en Presidentes de la República.

Los últimos porrazos de la Democracia Cristiana no sólo han ido, poco a poco, resquebrajando su unidad, sino también han colaborado para que aumente su fragilidad, restándole oxígeno, y acrecentando en la ciudadanía su percepción (quizás no tan errada) de que al interior de los partidos, no sólo en la DC, las cuotas de poder y las ambiciones personales se sobreponen a los idearios que los sostienen. Esto no hace más que desvirtuar la labor política y atenúa la representatividad en democracia, debido a que los ciudadanos se tornan escépticos e indiferentes frente a sus representantes, quienes les resultan cada vez más destemplados, poco creíbles y desprendidos de la realidad.

El posible resultado de todo aquello es un sistema político debilitado y más proclive a sucumbir bajo los desequilibrios y medidas políticas imprudentes que proceden de liderazgos vacíos cuando disminuye la participación ciudadana; y cuando eso ocurre, es un país entero el que sufre graves consecuencias. Si no, basta con observar los enfrentamientos sociales en Venezuela, derivados de un régimen que mantiene a los ciudadanos en vilo y amedrentados desde que se inició la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez, hoy prolongada de manera irresponsable por Nicolás Maduro.

El quiebre de la DC y la actual crisis por la cual atraviesa tras su Junta Nacional, coincidentemente sucedieron el mismo fin de semana en que se confirmó el primer caso de lepra en Chile continental.  La lepra es una enfermedad que ataca la piel y a los nervios, lo que impide sentir dolor a quien la padece, y que además genera de forma progresiva parálisis musculares que pueden llevar a mutilaciones graves.

Si hacemos una analogía entre la situación de la Democracia Cristiana y el caso de lepra diagnosticado en Valdivia, podríamos decir que la “epidermis decé” no aguanta más roces, inflamación y malestar. Que los nervios de algunos de sus militantes parecieran estar como anestesiados frente a su situación actual y que, si no se toman las medidas necesarias, el partido seguirá sufriendo mutilaciones graves que lo podrían llevar a una situación de parálisis total.

La lepra existe, pero se cura y sólo depende de su detección precoz. Para la DC, entonces, al igual como sucede con la sanación de la lepra, aún no sería muy tarde siempre y cuando sus miembros estuviesen dispuestos a inyectarle un antídoto potente y eficaz que, en un principio, podría resultarle incómodo y doloroso al partido, pero que colaboraría con regenerar los tejidos de su identidad y, sobre todo, que lo ayudaría a recobrar su alicaída credibilidad frente al país.

 

Paula Schmidt, periodista e historiadora

@LaPolaSchmidt

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO