La extrema izquierda adelanta que no dejará gobernar a quien legítimamente gane las próximas elecciones, tomando la actitud del perro del hortelano: si no gobiernan por falta de votos y apoyo popular, deciden no dejar gobernar, por falta de sentido democrático.
Publicado el 12.04.2017
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Han sido intensas semanas en materia política. En pocos días el Partido Socialista fue protagonista de una jugada que, ante la evidencia del escaso apoyo que concitaban las precandidaturas presidenciales de José Miguel Insulza y Fernando Atria, terminó desechando la prometida consulta ciudadana a través de la que dirimirían entre ambos liderazgos. La decisión final terminó en manos del comité central, que viendo los mismos datos, prefirió apoyar -en votación secreta- la candidatura del senador Alejandro Guillier por sobre la del histórico líder del PS y ex Presidente Ricardo Lagos.

Este escenario ha generado que en la coalición de Gobierno se ponga en entredicho la realización de primarias para zanjar al candidato oficialista. Sorprendentemente, al otro lado de la vereda Chile Vamos exhibe una realidad distinta. Los desafíos y desacuerdos propios de las contiendas electorales no logran ocultar el hecho de que la coalición tiene una primaria ordenada, en la que participarán el ex Presidente Sebastián Piñera, el diputado Felipe Kast y el senador Manuel José Ossandón.

Lo que es claro es que se viene una elección presidencial compleja, donde los chilenos podrán elegir entre continuar con las reformas de este Gobierno o buscar un camino distinto a los importantes desafíos que tenemos en materia de educación o empleo, por nombrar solo dos. En este sentido, para todos es evidente que existen altas posibilidades de que la centroderecha gane las elecciones presidenciales y vuelva a entrar a La Moneda. En ese escenario se ha puesto el autodenominado “Frente Amplio”, al anunciar desde ya una “oposición social inmensa” al próximo Gobierno de Piñera.

Me parece especialmente relevante la actitud de los líderes de la extrema izquierda porque viene a sincerar algunos elementos que considero decisivos para entender el momento político actual.

Primero, es necesario constatar la decadencia de la izquierda democrática, manifestada tanto en un declive intelectual y doctrinario que les ha impedido defender su propio legado histórico -de los Gobiernos de la Concertación-, como en la falta de carácter para encarar las transformaciones sociales que el país experimenta, desde las ideas de la socialdemocracia o la Tercera Vía a las que alguna vez adhirieron.

El mayor ejemplo de esto es lo que experimentó en carne propia el ex Presidente Lagos. Si bien hoy muchos reconocen que su candidatura aportaba ideas y seriedad a la contienda presidencial, pocos estuvieron dispuestos a ponerse detrás de su liderazgo y prefirieron una candidatura más “voluble”, liviana, “sin ideas”, antes que la contundencia de Lagos. Una situación que graficó muy bien en Twitter el escritor Roberto Ampuero: “Pontifican sobre la memoria, optaron por el olvido. Predican sobre idealismo, optaron por pragmatismo. Hablan del pueblo, optaron por el puesto”.

En segundo lugar, la extrema izquierda adelanta que no dejará gobernar a quien legítimamente gane las próximas elecciones, tomando la actitud del perro del hortelano: si no gobiernan por falta de votos y apoyo popular, deciden no dejar gobernar, por falta de sentido democrático.

La democracia, por definición, es la confrontación de ideas, programas y liderazgos diversos. Pero para que todos puedan jugar en la misma cancha se requiere, tanto del Gobierno como de la oposición –o las distintas manifestaciones de ella-, una actitud de lealtad hacia el país, de lo contrario es muy difícil que se pueda convivir en paz dentro de nuestras propias fronteras.

Por eso, en tercer lugar, se requiere una cultura cívica donde primen el respeto y el entendimiento por sobre la división y la descalificación. Todos hemos sido testigos de un empobrecimiento del clima político nacional y de severas críticas a las instituciones –en algunos casos, muy merecidas- que han terminado desprestigiando a todos los involucrados. Por eso se debe acabar con las fórmulas insultantes, con la promoción del odio político y de la violencia.

En pocos meses es muy probable que la izquierda vuelva a estar en la oposición. Tendrá una oportunidad única de aprender a vivir en democracia y saber que en las elecciones –como en la vida- se puede ganar o perder, pero que eso no significa atrincherarse en posiciones inflexibles ni hacer la vida imposible a los Gobiernos, porque eso no solo perjudica a su contrincante político, sino que a todos los chilenos.

 

Julio Isamit, coordinador político de Republicanos

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

 

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