La CAM reconoce que lo suyo son “acciones militares”, lo cual dista, enorme y evidentemente, de lo que las autoridades del actual gobierno de la Nueva Mayoría llaman “delincuencia común”.
Publicado el 02.02.2016
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Entre la noche del miércoles 27 de enero y la tarde del día siguiente, tres ataques y atentados afectaron al sur del país. En menos de 24 horas, grupos de desconocidos quemaron una cabaña en Lleu Lleu, incendiaron un camión en Tirúa y dejaron heridos a dos Carabineros que resguardaban un fundo en Lanco, el que ya había sido violentado anteriormente. El atentado en Lleu Lleu dejó la cabaña completamente destruida, a muy poca distancia de otra en donde turistas (incluidos niños) pasaban sus vacaciones de verano. En el lugar se encontraron panfletos alusivos a la causa mapuche. En el caso del camión incendiado en Tirúa, al interior del fundo La Campana, fueron cinco los individuos que perpetraron el hecho. Finalmente, en Lanco, un grupo de aproximadamente 20 encapuchados fueron los que atacaron a Carabineros con perdigones y armas de grueso calibre.

Lo anterior solamente reafirma lo que hemos venido señalando desde hace tiempo: que el problema de la violencia en el sur no es delincuencia común, sino lisa y llanamente terrorismo. Esto se ratifica aún más con otros hechos que han sucedido en el mes de enero: atentados en el Alto Bío Bío, quema de maquinaria en Capitán Pastene e incendio que consumió cinco cabañas en el balneario de Licán Ray. Todos estos últimos hechos tienen en común que se los adjudicó la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) a través de un comunicado, publicado hace pocos días, en donde reivindican estas acciones y amenazan con otras muchas más.

Pero lo anterior no es todo: en la misma declaración, este grupo violentista anuncia “que asumirá una lucha frontal a través de acciones militares” con el objetivo de “profundizar el control territorial”, para de ese modo “asentar las bases de la liberación nacional mapuche”. Aquí es necesario detenerse y examinar el significado de todo esto. Lo primero en lo que reparamos es donde la CAM reconoce que lo suyo son “acciones militares”, lo cual dista, enorme y evidentemente, de lo que las autoridades del actual gobierno de la Nueva Mayoría llaman “delincuencia común”.

Lo segundo, en relación a lo mismo, es que resulta inevitable no recordar la información revelada tiempo atrás que decía que mapuches habían salido del país para recibir adiestramiento militar en Colombia con las FARC.

Y lo último, tan importante como lo anterior, es que el comunicado de la CAM puede ser perfectamente interpretado como una especie de declaración de guerra, lo cual puede traer desenlaces inimaginables y aún más perjudiciales y dolorosos de lo que ya enfrentamos. Lo peor del caso -y es necesario repetirlo-, es que la Presidenta Bachelet, junto con gran parte de la clase política que la respalda, no quiere entender el riesgo que representan organizaciones como la CAM, como también aquellas comunidades radicalizadas que están plenamente identificadas como tales.

¿Qué más está esperando el gobierno para enfrentar el problema con decisión, firmeza y genuina voluntad? ¿Cuántos más atentados, Carabineros heridos, y agricultores y parceleros amenazados necesita la actual Mandataria para asumir que esto es terrorismo? La irresponsabilidad del gobierno está llegando a un límite que es inaceptable e indignante. El sur de Chile, sobre todo La Araucanía, está dejado al más absoluto olvido. Un abandono que es incomprensible cuando tenemos a un grupo peligroso como la CAM que amenaza, con total impunidad y desparpajo, con seguir sus acciones militares hasta las últimas consecuencias.

 

Alejandro Martini I., Movimiento Paz en La Araucanía.

 

 

 

FOTO:DAVID CORTES SEREY/AGENCIAUNO.