Reducir la carga tributaria no será posible por el momento. Esto no significa que no existan otros aspectos de nuestro sistema tributario que puedan ser abordados; el más importante es volver a integrar plenamente el impuesto a las empresas con el de las personas.
Publicado el 05.06.2018
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Uno de los anuncios presidenciales del 1 de junio pasado fue la mantención del impuesto a las empresas, actualmente en 27%, debido a la delicada situación de la caja fiscal. Es evidente que el desequilibrio estructural del presupuesto del gobierno central no deja espacio para reducciones significativas en la recaudación tributaria. Ahora bien, la alta tasa de impuesto que Chile tiene actualmente sobre las empresas comienza a reducir nuestro atractivo para invertir dada las decisiones adoptadas por otros países en los últimos años.

Efectivamente, hemos observado paulatinas rebajas de impuestos corporativos con el afán de hacer más atractiva la inversión y lograr con ello un mayor crecimiento económico. En los 37 países que conforman la OECD el promedio de la tasa de impuesto era de 25,2% en el 2014, lo que se reduce a 23,9% en el presente año. Se destaca la reducción observada en Estados Unidos, desde un 39% a 21%; en Francia desde un 38% a 34%; en Italia de 31,4% a 27,9%; y en Hungría de 19% a 9%. En dicho periodo el impuesto en Chile subió de 21% a 27%. En la actualidad, Chile se ubica por sobre el promedio de la OECD y se alejó sustancialmente de lo implementado en el resto de los países del grupo.

Reducir la carga tributaria no será posible por el momento y hay que esperar que la caja fiscal tenga espacio para ello. Esto no significa que no existan otros aspectos de nuestro sistema tributario que puedan ser abordados.

Esta desventaja competitiva es la que fue abordada originalmente por el actual gobierno, manifestando la intención de reducir la carga tributaria para a lo menos situarnos en el promedio cobrado por los demás países. Esto no será posible por el momento y hay que esperar que la caja fiscal tenga espacio para ello.

Ahora bien, esto no significa que no existan otros aspectos de nuestro sistema tributario que puedan ser abordados y de hecho creo que el más importante es volver a integrar plenamente el impuesto a las empresas con el de las personas. La razón para ello es que para los emprendedores es sustancialmente difícil acceder al mercado de capitales para financiar su proyecto. De hecho, el aspecto peor evaluado en Chile en el ranking Doing Business es “Obteniendo un Crédito”, en donde estamos clasificados en el lugar 90, siendo el lugar 55 el que obtiene nuestro país en promedio.

Pues bien, dado lo difícil que es obtener financiamiento externo, la reinversión de las utilidades obtenidas se convierte en el principal soporte para el crecimiento del negocio. Esta reinversión debe incentivarse activamente y para ello es necesario que el emprendedor que reinvierta sus utilidades postergue el pago de impuestos personales hasta el momento que haga retiro de esos dinero desde la empresa.

Al integrar los sistemas tributarios se activa nuevamente el incentivo a reinvertir, con lo cual deberíamos comenzar a elevar paulatinamente la tasa de inversión que exhibe nuestro país.

Esto que parece tan evidente fue desmantelado por la reforma tributaria del gobierno anterior y de hecho hubo un momento durante la tramitación del proyecto de ley en donde se establecía que el emprendedor debía pagar los impuestos personales aunque no había retirado nada de dinero de su empresa. Afortunadamente en el trámite en el Senado se logró moderar parcialmente dicha aberración, pero la versión final de dicha ley redujo significativamente el incentivo a reinvertir las utilidades obtenidas.

Al integrar los sistemas tributarios se activa nuevamente el incentivo a reinvertir, con lo cual deberíamos comenzar a elevar paulatinamente la tasa de inversión que exhibe nuestro país. En el 2013 la tasa de inversión alcanzó al 25,6% del PIB, es decir de cada $100 producidos en Chile, $25,6 eran dedicados a financiar nuevos proyectos de inversión, donde se consideran desde nueva infraestructura pública y privada hasta la compra de un nuevo camión por parte de un transportista. En el 2017, dicha tasa de inversión fue de solo 22,1% del PIB, lo que revela una caída importante en nuestra capacidad de agregar nuevo capital a nuestra economía. Esta caída de 3,5 puntos porcentuales en la inversión ha reducido nuestra capacidad de crecimiento y es necesario revertirlo lo antes posible y para ello la integración tributaria ayudará mucho.

En conclusión, estamos en el grupo de países con altas tasas de impuesto a las empresas, lo que genera una desventaja competitiva, y aunque no es el momento actual el oportuno para bajar dichos tributos, debemos mantener nitidez en dicha situación, para así poder implementar dicha rebaja cuando la caja fiscal lo permita.

Tomas Flores, académico Universidad Mayor

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D. / AGENCIA UNO