La impunidad en tantos temas tan variados se incrementa al fomentar insistentemente la cultura de los derechos, pero sin hablar de las responsabilidades y deberes, lo que conduce a que cada vez más exista menos respeto por nadie ni por nada.
Publicado el 01.05.2016
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En julio de 2008, una alumna de 14 años, María Música Sepúlveda Cavieres, le vació un jarro de agua en la cara a la ministra Mónica Jiménez. Consultada esta menor, dijo no arrepentirse de haber agredido a la ministra y que, al contrario, estaba muy tranquila con lo que había hecho. Consecuencias no tuvo ninguna. Resultado: impunidad absoluta.

¿Qué ha seguido después de eso?, cientos de agresiones a los profesores en variados establecimientos educacionales del país, que aumentan todos los años. Dentro de las principales agresiones registradas se encuentran insultos, garabatos, patadas, mordeduras, rayados ofensivos en los baños, heridas cortantes e incluso grupos en WhatsApp donde se burlan de los profesores, entre otras. Estos hechos se denuncian, pero de ahí no pasan. En resumen, no tienen mayores consecuencias. Resultado: impunidad absoluta.

En las marchas de todo tipo, a los Carabineros no solo se les insulta, sino que son agredidos físicamente por los encapuchados, utilizando desde piedras hasta bombas molotov, las que atentan contra sus vidas. Y no solo agreden a Carabineros, también destruyen todo lo que encuentran a su paso en las calles. ¿Consecuencias para los detenidos? A las 24 horas están libres. Resultado: impunidad absoluta.

La delincuencia pampea en el país. Aquellos que son atrapados, los juzgados de garantía los sueltan a las 24 horas por las más variadas razones. Resultado: impunidad absoluta.

En La Araucanía, un grupo aún no identificado, que causa terror en la población, amenazan a los legítimos dueños de parcelas y fundos y queman casas, campos, maquinarias e iglesias; matan y roban ganado, utilizan armamento pesado, atentan contra civiles indefensos, contra Carabineros y autoridades del Poder Judicial y hasta ahora el estado de Derecho no funciona. Después de años en que el conflicto se ha ido extendiendo a más regiones, la inmensa mayoría de estos atentados está en la impunidad absoluta.

Para qué hablar de las redes sociales, donde cualquier frustrado o resentido denigra, insulta y agrede verbalmente a quien se le ocurre representa algo que no han podido lograr en su vida. Estos verdaderos encapuchados del lenguaje, que no dan la cara, obviamente que no tienen sanción de ninguna especie. Agredir, insultar y mentir en las redes, es gratis.

Y la guinda de la torta ocurrió en el Congreso, cuando un Honorable Sr. Diputado, a punta de garabatos insultó a su antojo, y amparado por el fuero parlamentario, al Sr. Andrónico Luksic -a quien, por si acaso, no conozco y no tengo relación alguna con él- de lo cual no solo no se arrepiente, sino que manteniendo sus dichos, se jacta que gracias al uso de su vulgar lenguaje, el Sr. Luksic habría pedido perdón al país y agradece además el apoyo de las redes sociales, que obviamente aprovechan de insultar aún más a este señor. Es no entender nada de nada. Denigrar al Congreso con este lenguaje, es lo que nos faltaba.

Todos los ejemplos anteriores tienen en común que quienes los cometen se sienten no solo con el derecho de hacer y decir lo que quieren, sino que además saben que no les va a pasar nada. Esta impunidad en temas tan variados como los anteriormente señalados, se incrementa al fomentar insistentemente la cultura de los derechos, pero sin hablar de las responsabilidades y deberes, lo que conduce a que cada vez más exista menos respeto por nadie ni por nada, deteriorándose gravemente nuestra vida en sociedad. Si no paramos esto a tiempo, tal vez cuando abramos los ojos, puede ser que sea demasiado tarde.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas.

 

 

FOTO: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO