Se requiere un primer gobierno para retomar el sentido común, el crecimiento y la calidad en las políticas públicas. Pero se requiere un segundo gobierno, acompañado de mayoría en el Congreso, para avanzar en transformaciones más profundas, que permitan que Chile dé un salto significativo y sostenido hacia mayores niveles de bienestar para sus habitantes.
Publicado el 27.06.2018
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Los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados han criticado una denominada “sequía legislativa” de iniciativas presentadas por el Ejecutivo para el debate parlamentario. La oposición ha ido más allá, al señalar que prepara su propia agenda legislativa para la discusión en el Congreso.

¿Es razonable que el gobierno tenga como meta prioritaria el someter muchos proyectos de ley al Congreso? A mi juicio no.

Algunos dirán que todos los cambios en el país requieren de proyectos de ley. Eso no es totalmente correcto. Los gobiernos llevan adelante su agenda a través de distintas herramientas: la gestión del gobierno y sus ministerios y servicios, la presentación de proyectos de ley, la discusión y ejecución de la ley anual de presupuestos del sector público, la conformación de comisiones transversales para debatir temas relevantes y buscar acuerdos amplios que más adelante se traducirán en proyectos de ley o iniciativas de gestión, por mencionar sólo algunas. Es el conjunto de la acción gubernamental el que logra -o no- el cumplimiento del programa de gobierno ofrecido por el entonces candidato Sebastián Piñera a los ciudadanos.

El Frente Amplio se convirtió en el tercer grupo político, que se suma a Chile Vamos y a la ex Nueva Mayoría. Esto claramente aumenta los costos de transacción y coordinación que se requieren para generar acuerdos en torno a un determinado proyecto de ley.

Por otra parte, tendría que pasar algo muy especial para que un gobierno que tiene minoría en ambas cámaras del congreso, elija el envío masivo de proyectos de ley como su estrategia de gobierno. La elección parlamentaria de noviembre pasado dejó a la coalición de gobierno con sólo 19 de los 43 Senadores y 72 de los 155 diputados, es decir, en minoría clara en ambas corporaciones. La elección fue la primera en implementar el nuevo sistema electoral proporcional, que además vio nacer a una nueva coalición política -el Frente Amplio- que supera los veinte diputados en la Cámara, y alcanza un senador en la Cámara Alta. Este tercer grupo político, que se suma a Chile Vamos y a la ex Nueva Mayoría, claramente aumenta los costos de transacción y coordinación que se requieren para generar acuerdos en torno a un determinado proyecto de ley.

Si el gobierno tiene minoría en el Congreso, si aumentaron las coaliciones políticas y los costos de llegar a acuerdos, ¿por qué estaría el gobierno obligado a presentar muchos proyectos de ley? Evidentemente, tener mayoría en el Congreso ayudaría al propósito de cumplir con el programa de gobierno, pero eso es algo que hoy no existe y por ello hay que ser muy cuidadoso con optar por la avalancha legislativa. En efecto, ¿qué pasaría si el gobierno tomara el camino de la vorágine legislativa e iniciare una marcha masiva de proyectos de ley al Congreso? Lo más probable es que varias de sus iniciativas serían rechazadas -rebaja de impuestos por ejemplo-, mientras que otras serían modificadas en términos sustantivos antes de ser aprobadas, dejándolas en condiciones que se alejan de las aspiraciones y promesas que el gobierno hizo a la ciudadanía durante la pasada campaña.

No basta con un solo gobierno para producir una transformación profunda y positiva para Chile.

Algunos se preguntan qué hacer dada la falta de mayoría en el Congreso. En primer lugar, avanzar en aquellas iniciativas de gobierno que cuentan con amplio apoyo ciudadano y cuyo rechazo genera un costo para la oposición, como la agenda de la infancia y los temas de seguridad ciudadana. En segundo lugar, no renunciar a las iniciativas para las que no se tiene mayoría en el congreso, sino cultivar las bases para lograr una opinión pública favorable, desarrollando una especie de pedagogía en el debate público que permita al gobierno explicar el por qué de la importancia de impulsar dichas ideas a pesar del rechazo inicial de la oposición. Rebaja de impuestos, modernización verdadera del estado, revisión de la legislación laboral, son ejemplos de estos temas que requieren de esfuerzo comunicacional y sistemático para lograr influir en la opinión pública, y alterar -al menos parcialmente- los incentivos de la oposición. En tercer lugar, avanzar con mayor velocidad y decisión en las otras áreas del gobierno que no requieren votos en el Congreso: gestión de los ministerios y servicios, y ejecución de la ley de presupuestos, principalmente. Por último, y en cuarto lugar, asumir que no basta con un solo gobierno para producir una transformación profunda y positiva para Chile. Se requiere un primer gobierno para retomar el sentido común, el crecimiento y la calidad en las políticas públicas. Pero se requiere un segundo gobierno, acompañado de mayoría en el Congreso, para avanzar en transformaciones más profundas, que permitan que Chile dé un salto significativo y sostenido hacia mayores niveles de bienestar para sus habitantes.

Es momento para que Chile Vamos pueda pensar no sólo en proyectarse hacia un segundo gobierno, sino en reafirmar la importancia que tiene obtener una mayoría parlamentaria que acompañe al gobierno elegido. Se requiere mucha energía, liderazgo y convicción para lograr dicha meta.

Ernesto Silva, abogado, doctor en Ciencia Política U. Autónoma de Madrid y máster en Políticas públicas U. De Chicago.

 

FOTO :PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO