Mario Fernández se reveló rápidamente como un hombre de la Presidenta, que la apoya incondicionalmente. Su militancia en la democracia cristiana pasa así a ser una cuestión anecdótica e irrelevante, tal como su membresía en el Opus Dei.
Publicado el 23.06.2016
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Jorge Burgos renunció finalmente al Ministerio del Interior y en su reemplazo fue nombrado el democratacristiano Mario Fernández. Su debut en el gobierno ha causado expectativa y también cierta polémica.

Con la salida de Burgos se terminó la dupla Burgos-Valdés, que había tenido protagonismo en el segundo año del gobierno de Michelle Bachelet al formar un dique de contención a los intentos de continuar con el frenesí legislativo y la retroexcavadora que pretendían no dejar piedra sobre piedra en nuestra sociedad para construir sobre los escombros el proyecto refundacional de la Nueva Mayoría.

La dupla había impuesto, en los hechos, una política de realismo con renuncia contradiciendo así los dichos de la propia Presidenta, cuyos creativos idearon el slogan realismo sin renuncia para caracterizar la segunda etapa del gobierno de Bachelet. Rodrigo Valdés había impuesto una nueva austeridad fiscal, dando un giro radical frente a las políticas de su antecesor Alberto Arenas que amenazaban con comprometer hasta la joya de la corona de la política económica chilena: los equilibrios macroeconómicos. Delicada la tarea a la que se abocó Valdés. Contó para ello con el decidido apoyo de Jorge Burgos, quien toleró un Proceso Constituyente sin Asamblea Constituyente como catalizador de las pulsiones revolucionarias de la coalición en la esperanza de descartar otras iniciativas. Espalda contar espalda, ambos ministros debieron blandir sus espadas al interior de Palacio para enfrentar a quienes insistieron en una radical reforma laboral que lesionaría gravemente la salud económica del país.

Esa fue la última batalla de la dupla Burgos-Valdés, batalla que aparentemente habían ganado, fallo del Tribunal Constitucional mediante.

Pero esta victoria fue demasiado para los grupos de poder real de la Nueva Mayoría. Ni el Partido Comunista ni la CUT estaban dispuestos a admitir esta derrota y, con el decidido apoyo de la ministra Ximena Rincón, impulsaron un veto presidencial al proyecto. Se daría así el absurdo que el gobierno vetara una propuesta que él mismo hizo, veto revancha se le llamó, con el pretexto de que al hacerlo, equilibraba mejor la ley, dado que algunas de las disposiciones más favorables a los sindicatos habían sido objetadas por el Tribunal.

Burgos y Valdés se opusieron a esta tesis: si las normas sobre adaptabilidad eran buenas para el país no había por qué vetarlas.

Pero esa posición no se sostuvo y finalmente Burgos decidió renunciar, luego de lo cual la Presidenta nombró a Mario Fernández.

Su nombramiento en un principio llamó la atención de algunos por su pertenencia al movimiento católico Opus Dei, pese a lo cual dijo apoyar el proyecto de aborto del gobierno. La derecha pica fácil con ese tema, pero la verdad es que las creencias religiosas de una autoridad política no determinan necesariamente su accionar.

Mario Fernández se reveló rápidamente como un hombre de la Presidenta, que la apoya incondicionalmente. Su militancia en la democracia cristiana pasa así a ser una cuestión anecdótica e irrelevante, tal como su membresía en el Opus Dei. Sigue así el modelo de la ministra Ximena Rincón, democratacristiana pero alineada con las posturas más extremas de la Nueva Mayoría. Habrá que ver si es tan eficaz como ella en esta tarea.

Desde el punto de vista político, esto vuelve a poner a la Democracia Cristiana en estado de irrelevancia política. Burgos, con su política de contención, hacía eje con los senadores Walker y Zaldívar en su tarea de perfilarla como un partido de centro, distinto a la Nueva mayoría y con proyecto propio, en un intento quizás tardío de frenar el drenaje de electores de centro que sufre ese partido. Al debilitarse ese eje, lo más probable es que ese drenaje continúe y los favorecidos sean los nuevos partidos de centro como Ciudadanos, Evópoli y Amplitud.

Eso en lo político. En relación al funcionamiento del gobierno, la primera actuación del ministro Fernández fue clara: apareció apoyando y justificando el veto revancha a la reforma laboral, quitándole así el piso al ministro Valdés.

Este último aparece muy debilitado para ser ministro de Hacienda. Después del veto, vuelve a sufrir un revés con su proyecto de ley de reajuste del salario mínimo, que la Cámara de Diputados rechaza proponiendo un incremento más generoso.

En definitiva, Jorge Burgos será más importante por su ausencia que por lo que alcanzó a hacer en el gobierno. ¿El ministro Mario Fernández? La verdad aún no lo sabemos.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO.

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