Lo del Frente Amplio no es una simple patriada que avanza a punta de engaños o promesas. El peor ciego es aquel que se niega a ver, y la consolidación de dicho sector político demuestra que algo está haciendo bien. Su discurso no ha sido sólo exacerbar los malestares que existen en nuestra ciudadanía; su éxito se debe a que ha ofrecido interpretación y posibilidades de salida a esas inquietudes. Es decir, se las ha tomado en serio.
Publicado el 20.11.2017
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Otra vez las encuestas no anduvieron ni cerca, pero lo más sorprendente de esta elección fueron los resultados de la parlamentaria para el Frente Amplio. Ni en los sueños más optimistas obtenían tantos escaños (quizás, incluso un senador). Nadie esperó que en esta campaña terminarían de demostrar que lo suyo se viene en serio: la izquierda se renueva por el Frente Amplio. Este golpe de gracia a la moribunda Concertación prende las alarmas especialmente en la derecha: ¿Cómo se enfrenta este nuevo fenómeno? ¿Qué hacer ante su radicalidad?

Lo del Frente Amplio no es una simple patriada que avanza a punta de engaños o promesas. El peor ciego es aquel que se niega a ver, y la consolidación de dicho sector político demuestra que algo está haciendo bien. Su discurso no ha sido sólo exacerbar los malestares que existen en nuestra ciudadanía; su éxito se debe a que ha ofrecido interpretación y posibilidades de salida a esas inquietudes. Es decir, se las ha tomado en serio.

Por otra parte, tanto la juventud de sus integrantes como su “pureza” han constituido las fortalezas desde las cuales se ha constituido su proyecto político. Además de mostrar que hay Frente Amplio para rato, da cuenta de una característica que la derecha debe buscar replicar (incluso forzar). Parte de la desconfianza hacia la política se explica porque ya no se les cree a los mismos de siempre, no tanto por ideas políticas como por lo desgastadas de sus caras.

La respuesta política al Frente Amplio, por tanto, no puede obviar estos puntos: renovación y empatía. No bastan caras nuevas, sino que deben ser liderazgos capaces de empatizar con esas inquietudes y temores que mueven la sociedad chilena hoy, para ofrecer respuestas desde la derecha. Respuestas que tengan en cuenta que para la mayoría de los chilenos no todo pasa por la libertad, sino que por la justicia en las relaciones sociales y las redes de apoyo que somos capaces de ofrecer.

Sebastián Piñera ya entendió esto y por ello incorporó la solidaridad como el cuarto pilar de su programa. Precisamente buscando ofrecer alternativas a los temores de la clase media, ha propuesto una red de protección para ella. Para disputarle terreno a esta nueva izquierda, debe buscar más proyectos capaces de conducir otros temores –inmigración, salud, educación– que están a merced de quien quiera calmarlos (ojalá antes de un populista que busque aprovecharse de ellos).

Jaime Bellolio, Guillermo Ramirez, Felipe Kast y Diego Schalper, entre otros diputados recién electos, son nuevos liderazgos que han entendido cómo el panorama político se ha reconfigurado. Sin ir más lejos, Schalper fue capaz de ser electo en el distrito 15, ampliando el electorado de la derecha hacia el centro con un discurso con énfasis social. Así, la derecha obtuvo tres diputados donde esperaba sólo dos. Quizás algo hizo bien. Tal vez hay que empezar a imitar estos esfuerzos, así como algunas actitudes políticas del Frente Amplio.

 

Antonio Correa, director ejecutivo de IdeaPaís

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO