Cuando la historia analice su período como gobernante, recordará dos cosas: que fue el presidente más estable en la historia del país y que mantuvo viva la llama de la demanda marítima de Bolivia, y probablemente perdonará su larga lista de desaciertos internos.
Publicado el 24.09.2015
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Se dice en ciertos círculos políticos, a modo de chiste, que en cualquiera de los escenarios del fallo de La Haya que se anuncia hoy, Evo Morales gana y Bolivia se queda sin mar.

Entre otras razones, porque el país vecino no necesita tener salida soberana al mar, y más aún, si llegara a lograrla, se acabaría el tema que más une a una nación dividida.

La razón es el modo como el país vecino ha estructurado la demanda que presentó en el Tribunal Internacional, donde busca que Chile se siente en la mesa a negociar una salida al mar. Lo enredado de la demanda hace que, en simple, Bolivia esté presentando un testimonio más que pidiendo a un tribunal que le conceda un pedazo de territorio.

El manejo comunicacional ha cambiado también al Presidente Evo Morales. Hay que recordar que en sus inicios, al igual que muchos bolivianos que no son de la zona altiplánica ni de la élite política, le parecía ridícula la manera nacionalista como se manejaba la relación con Chile, y prefería el diálogo para lograr una mayor integración que las arengas tipo “que se rinda tu madre, carajo” que dicen todos los bolivianos cuando conmemoran el Día del Mar.

Probablemente el punto de quiebre de su estrategia fue la crisis institucional que tuvo hace unos años con los gobernadores de sus provincias orientales, donde apareció incluso el separatismo de la Provincia de Santa Cruz, e hizo que volviera al clásico antichilenismo para lograr unidad nacional.

Más aún, la presentación de la demanda ante La Haya retrasará por muchos años la posibilidad que vía el dialogo, Bolivia acceda a una salida soberana al mar. No están ahora  los tiempos internamente para ello, y no podrá, en muchos años, ningún gobierno construir un consenso para una medida tan impopular como ceder territorio.

Más aún, el fallo que se publica hoy puede complicar más las cosas. Si la corte reconoce la impugnación presentada por Chile, alejará para siempre el tema del mar de las instancias internacionales.

Si decide rechazar o aplazar la decisión sobre la Haya, alargará la discusión y por tanto el enervamiento de la opinión público chilena, aumentando los costos políticos de cualquier futuro gobierno que quiera sentarse en una mesa de conversaciones. Lo cual, por cierto, es lamentable, pues Chile tiene mucho que ganar en una agenda de integración con nuestro vecino. No sólo gas, sino acceso a otros mercados y fórmulas para corredores bio oceánicos que permitan expandir la presencia de las exportaciones chilenas en otros mercados

Pero, en todos los casos, Evo Morales habrá ganado. Dice el escritor Edmundo Paz Soldán que el sueño del puerto propio es una utopía, y que es más héroe aquel que hace hasta lo imposible por ella. No ha habido en el ámbito interno boliviano ningún actor que haya salido a cuestionar la estrategia kamikaze del actual mandatario que ha logrado una especie de halo de estadista, pese a su manejo político errático y su exótica verborrea comunicacional, que incluyó en su momento echarle la culpa a los pollos de la existencia de homosexuales, y acusar de agentes chilenos a opositores a su gobierno.

Cuando la historia analice su período como gobernante, recordará dos cosas: que fue el presidente más estable en la historia del país y que mantuvo viva la llama de la demanda marítima de Bolivia, y probablemente perdonará su larga lista de desaciertos internos.

La cancillería chilena ha hecho lo correcto. Logró, antes del fallo, una valiosísima unidad nacional respecto a la estrategia seguida, y además ha logrado instalar como consenso nacional su tesis de que Bolivia tiene acceso en el mar. Prueba de ello es que en un video, que además de entregar los argumentos concretos de las ventajas que tiene el vecino país en nuestros puertos, hizo hablar a todos los ex presidentes de la república, alejando el tema Bolivia del actual estado del debate nacional, encendido como en pocas ocasiones.

Además de ello, en una jugada maestra, el canciller fue a Cuba con una amplia agenda empresarial, que despertó el interés de Raúl Castro y la nueva élite en la isla que sólo desea más y más inversiones extranjeras que le permitan aprovechar el nuevo clima de las relaciones con EE.UU. Cuba sigue jugando un rol fundamental en el ALBA, la asociación de países latinoamericanos armada por Chávez y a la que pertenece Bolivia, y al menos hasta ahora ha logrado que ninguna autoridad cubana emita señal de apoyo a Bolivia.

La torpeza de Kast (el que parecía más sensato) al intervenir en asuntos internos de Cuba no logró empañar el éxito político.

Hay que recordar que la vez anterior, pese a todos los esfuerzos diplomáticos, mientras la delegación chilena encabezada por la Presidenta estaba en el avión de vuelta, el ex Presidente Fidel Castro se despachó una columna de opinión donde solidarizaba abiertamente con la pretensión marítima boliviana, que ha sido, por cierto, la postura tradicional de la diplomacia cubana.

Una interrogante será cómo los países latinoamericanos leen lo que ocurra en La Haya. Chile sigue siendo un país que es visto como eficiente, pero arrogante. Un elemento de ello fue la reacción en Latinoamérica al reciente triunfo en la Copa América, tanto en lo organizacional como en lo futbolístico.

 

Carlos Correa, Ingeniero Civil Industrial, MBA, consultor en comunicación estratégica y ex director(s) de la Secom.

 

 

FOTO: AFKA/AGENCIAUNO