El primer efecto que está dejando la confrontación comercial entre China y Estados Unidos es el precio de nuestro principal producto de exportación, el cobre.
Publicado el 05.07.2018
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Las guerras han ido evolucionando desde aquellas batallas a campo traviesa que vimos en “Corazón Valiente”, donde los muertos quedaban regados por cualquier parte, a lo que hoy veremos en la llamada “guerra comercial” que se inició esta semana entre Estados Unidos y China. Este “enfrentamiento no bélico” dejará muchos más heridos y muertos en el camino que estarán invisibilizados por un rato, ya que serán mudos testigos de la aplicación de aranceles mutuos entre las dos potencias más grandes del mundo.

El primer efecto que está dejando esta confrontación de gigantes es el precio de nuestro principal producto de exportación, el cobre. El precio del metal rojo retrocedió de forma importante, bajando la barrera de los tres dólares por libra, llegando algo cercano a los 2,87 dólares por libra. Esa sola consecuencia es nefasta para nuestro país, que recauda algo así como 60 millones de dólares por cada centavo que sube o baja, por lo que no sólo las arcas fiscales se verán deterioradas, sino que además varios miles de empleos de la cadena de valor de producción se verán afectados, ya sea porque se perderán o porque tendrán que ajustar sus remuneraciones a la baja.

El empleo será el mudo testigo que verá resentido su mercado y que dejará a miles de familias sin trabajo. Pero, ¿qué harán nuestras empresas públicas mineras para enfrentar esta situación? No lo sé ni lo he oído de ninguna autoridad.

Las privadas seguro tienen planificado bajar el ritmo de producción y me imagino que tienen los ajustes ya pensados, porque la flexibilidad con que acostumbran a desarrollar su actividad es probablemente lo que las mantiene vivas. Pero nuestras empresas públicas son las que preocupan, ya que sus objetivos y formas de adaptarse son siempre más lentas, y eso de “no tener dueño” hace que nadie tome decisiones dolorosas y muchas veces necesarias. Esperemos que esta locura comercial entre las dos naciones mas grandes del mundo dure lo menos posible y que sus efectos sean posibles de superar en el corto plazo.

William Díaz, economista