Un bajo crecimiento y un mayor desempleo se asocian con un aumento de los delitos y eso es precisamente lo que estamos viendo hoy en nuestra economía.
Publicado el 02.11.2015
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En las últimas semanas hemos conocido un cúmulo de información aparentemente desvinculada respecto de la evolución del desempleo y cifras que dan cuenta de un aumento de la delincuencia y de la victimización en la ciudadanía. La forma tradicional de combatir la delincuencia es con mayor gasto público en seguridad ciudadana, sin embargo, está ampliamente documentada la relación que existe entre economía y delitos. Así, el incipiente problema de delincuencia que afecta al país no se solucionaría solo con más carabineros o funcionarios de seguridad ciudadana en las calles, toda vez que el fenómeno refleja también los efectos de una economía que crece muy poco y donde comienza a aumentar de forma incipiente el número de personas que pierden su empleo.

Veamos primero las cifras del mercado laboral. La semana pasada las cifras de desempleo de la Región Metropolitana reportadas por la Universidad de Chile dieron cuenta de un aumento de la tasa de desocupación a 7,1% en septiembre, 0,6 puntos porcentuales por sobre junio y 1,2 puntos porcentuales sobre septiembre de 2014. Es decir, en septiembre había 28 mil desocupados más que en junio y 47 mil más que en septiembre del año pasado. Si bien es cierto que el desempleo no ha aumentado como proyectábamos la mayoría de los analistas, las razones de por qué esto no ha ocurrido son bien conocidas y se asocian en lo fundamental con el relevante rol desempeñado por el gobierno en la creación de empleos, algo que no podrá mantenerse en los siguientes años en un contexto de mayor restricción fiscal.

Por otra parte, resulta evidente al observar la prensa el creciente número de robos de automóviles, “portonazos” y asaltos al comercio, robos en estaciones de servicio, seguimiento y robos a clientes bancarios y asaltos en otros lugares de acceso público. En línea con ello, se están comenzando a debatir ideas implementadas con éxito en países desarrollados que apuntan a la reducción del uso de efectivo para realizar una serie de transacciones, lo que iría en directo beneficio de la seguridad de las personas.

Pero esto no es solo una percepción o un sesgo noticioso, por cuanto las cifras “duras” también dan cuenta de una mayor sensación de inseguridad de la ciudadanía y de un aumento de la victimización. La semana pasada la Encuesta de Percepciones y Expectativas de la Universidad de Chile reveló que la seguridad ciudadana es, por lejos, la principal preocupación de la ciudadanía, triplicando en todos los estratos sociales a la preocupación por el sistema de salud y la educación que ocupan el segundo y tercer lugar, respectivamente. Por su parte, esta semana conocimos la encuesta de victimización del comercio del primer semestre, elaborada por  la Cámara Nacional de Comercio, la cual mostró un aumento en el porcentaje de delitos que afectan al sector por primera vez desde el primer semestre de 2012. El porcentaje de victimización alcanzó un 48,1%, con un aumento en torno a cinco puntos porcentuales  tanto en Santiago, como en regiones.

Si bien ambos temas -economía y delincuencia- parecen estar desvinculados, no lo están. Un bajo crecimiento y un mayor desempleo se asocian con un aumento de los delitos y eso es precisamente lo que estamos viendo hoy en nuestra economía. Las oportunidades de estudio y trabajo son primero que todo los factores que pueden evitar el inicio de niños y jóvenes en la delincuencia. Reducir los niveles de delincuencia no pasa solo por un mayor gasto público en seguridad ciudadana, sino requiere fundamentalmente retomar el crecimiento y con ello volver a generar  oportunidades de empleos, especialmente en la población joven más vulnerable.

 

Hermann González, Economista Principal BBVA Research.

 

 

FOTO: VÍCTOR SALAZAR M./ AGENCIAUNO.