Lo mejor de la entrevista a Luksic es el hecho de haber concedido una. Poder conocer qué opinan personas que son decisivas para el desarrollo del país. Saber sus opiniones y aprensiones en materia económica, social y política y, desde esa perspectiva, esbozar al menos la voluntad de entrar a la cancha.
Publicado el 10.09.2016
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Las últimas dos apariciones mediáticas de Andrónico Luksic se producen después de casi cinco años de silencio. ¿Qué cambió y por qué en estos últimos meses ha levantado la voz? Se puede inferir, en parte, que se debe al Caso Caval o la polémica generada con el diputado Rivas. Puede ser. Sin embargo, creo que hay algo un poco más profundo en esta nueva estrategia. Un acto que busca terminar con ese silencio que caracteriza al sector alto del empresariado, que ve en su exposición mediática más riesgos que oportunidades, un flanco de críticas por los últimos episodios del sector privado y una exposición negativa de su imagen que golpea además a todo su círculo cercano.

Es evidente que eso para Luksic cambió. En buen chileno, “le agarró el gustito” a figurar en los medios y a que sus opiniones marquen pauta. Primero, a través de un video generado por él y viralizado en redes sociales, dando vuelta el tablero comunicacional del hasta entonces desempeño mediático de los grandes empresarios y, últimamente, a través la entrevista publicada en La Tercera el sábado pasado.

Se dio cuenta, y su equipo asesor también, de que para acallar críticas, es mejor enfrentarlas. Que las calumnias no pueden quedar en el aire. Que la defensa de la honra y el cuidado de su imagen, que trasciende a su familia, valen la pena, y que el silencio en estos casos otorga una negativa responsabilidad.

En favor de eso, se lograron intervenciones que le hacen bien al país, sobre todo en momentos en que los liderazgos faltan y los populismos sobran. Le hace bien porque el líder de Quiñenco es más que sus últimas polémicas. Su trayectoria empresarial y la de su familia son un hecho que no se puede obviar y, por ende, entregan una alta responsabilidad de fijar posiciones.

Por lo tanto, esto vas más allá de Caval o del diputado Rivas. Esto es parte de un primer impulso personal por defenderse, que se transformó en una voluntad de sacar la voz en un momento complejo para el país, rompiendo el antiguo discurso corporativo de que el mejor beneficio que el sector industrial genera en Chile, es su capacidad de generar empleo y, por lo tanto, guarda silencio. Eso hace un tiempo cambió y ambas apariciones son una tibia, pero incipiente intención de modernizar la performance comunicacional de los líderes empresariales.

En esa línea, lo mejor de la entrevista a Luksic es el hecho de haber concedido una. Poder conocer qué opinan personas que son decisivas para el desarrollo del país. Saber sus opiniones y aprensiones en materia económica, social y política y, desde esa perspectiva, esbozar al menos la voluntad de entrar a la cancha.

Sobre todo en la política. Ahí la responsabilidad es doble. Antes valía con apoyar económicamente al candidato afín o al que representara una forma de pensar. Hoy el balance de Luksic deja entrever que la vara de medición subió o por lo menos eso esperan los ciudadanos. Esa es la gran misión del sector privado: testear mejor a quiénes apoyarán o por quiénes votarán, generar mejores instancias donde puedan conocer en detalle su visión sobre las reformas que hoy producen la serie de malos diagnósticos sobre Chile y no sólo apoyar consignas o colores políticos. Ponerlos a prueba en pos de algo tan simple como lo que señala el dicho: “prevenir es mejor que curar”.

 

Matías Aylwin, periodista.

 

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO