La menor velocidad de la economía chilena se explica porque andamos con un neumático reventado (capital físico), otro que echa aire (trabajo), otro sin potencia (productividad) y uno que se arreglaría en varias décadas (capital humano). Así, sin buenos neumáticos que nos permitan acelerar, no es de extrañar que la velocidad de expansión bajara desde 5.1% anual en 2011-2013 a 2.0% en 2014-2016.
Publicado el 11.12.2016
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No es sorpresa que estemos creciendo poco. No es sorpresa que el crecimiento no se haya recuperado. Pero sí es sorpresa que en Chile veamos crecimientos negativos, tal como el                  -0.4% de octubre. Explicaciones hay muchas, hasta para escribir varios libros una vez que haya pasado este sacudón, pero más que complicarnos con intrincadas ecuaciones matemáticas, tratemos de entender este problema desde los origines del crecimiento.

En los años 50, el estadounidense Robert Solow creó un modelo en el cual explicaba que el crecimiento dependía de tres simples factores: capital físico, trabajo y tecnología. La producción de una granja aumentará a medida que haya más operarios (trabajo), más tractores (capital físico) o mejor tecnología para trabajar (tipo de tractor). Más tarde varios economistas incluyeron el capital humano, que sería la habilidad con la cual los operarios usan el tractor.

Entonces, el crecimiento depende del capital físico, el trabajo, la tecnología y el capital humano. Estas son las cuatro ruedas sobre las que acelera la economía. En Chile, de manera simple podemos replicar el mismo análisis para determinar si el menor crecimiento actual es un pinchazo transitorio o si debemos prepararnos para una velocidad crucero bastante más baja de lo acostumbrado.

El capital físico ha sido el factor más golpeado en este ciclo, similar a un reventón de neumático. El primer golpe vino del exterior, con el bajo precio del cobre que vaporizó la rentabilidad de los proyectos mineros. Luego desde dentro, el neumático sufrió más golpes con el aumento en la tasa de impuestos a las empresas y el fin del incentivo a la retención de utilidades, ambas modificaciones generadas con la reforma tributaria. Y el golpe de K.O. para dejar inutilizable este neumático es la gran incertidumbre, pues no se sabe qué pasará con los derechos de agua, el sistema previsional, la constitución, ni los intendentes.

Estos elementos internos y externos provocan que no sea extraño que el capital físico sea el elemento más golpeado en este ciclo, pasando de crecer 9.5% anual entre 2011 y 2013, a caer a una tasa anual de -2% entre 2014-2016.

Pero el trabajo también crece menos. Los ocupados crecieron a una tasa anual de 2.4% entre 2011-2013, mientras que en 2014-2016 su expansión bajó a 1.3% anual. De haberse mantenido el ritmo de creación de empleo, se habrían creado 390 mil puestos más durante los últimos tres años, que sin duda le hubieran dado más aire al trabajo.

El capital humano anda desinflado, pues los resultados de las pruebas PISA entregadas esta semana muestran que estamos muy lejos de los países OCDE en educación. Algo compensa la mayor educación gratis, si es de calidad, pero ese efecto es de largo plazo y se vería con suerte en los años posteriores al Mundial de Uruguay 2030.

Por último, la productividad anda parejita, aunque parejamente mal: -0.4% de crecimiento acumulado en los últimos diez años. Entre 2011-2013 la productividad subió 0.4% anual, mientras que en 2014-2016 su caída anual fue de -2.2%. Por eso éste fue el Año de la Productividad, tratando de solucionar esta situación.

Por lo tanto, la menor velocidad de la economía chilena se explica porque andamos con un  neumático reventado (capital físico), otro que echa aire (trabajo), otro sin potencia (productividad) y uno que se arreglaría en varias décadas (capital humano). Así, sin buenos neumáticos que nos permitan acelerar, no es de extrañar que la economía chilena bajara su velocidad de expansión desde 5.1% anual en 2011-2013 a 2.0% en 2014-2016.

Hacia adelante algunas cosas pueden cambiar fácilmente. Un par de refinamientos a la reforma tributaria y el fin de incertidumbres llevarían a recuperar el capital físico. El trabajo puede recuperar aire con un mercado laboral más flexible. La productividad y el capital humano son más complicados, pero con dos neumáticos avanzamos mejor que con ninguno.

Es hora de mandar este auto al taller y darle varios retoques. Lo interesante es que en 2017 toca elegir nuevos mecánicos y los ciudadanos podrán elegir a aquellos que quieran colocar buenos neumáticos. Pero cuidado con algunos jefes de taller que solo proponen que nos preocupemos de nivelar la cancha para que todos andemos en el mismo auto, pues en un auto sin neumáticos iremos todos juntos, pero no llegaremos a ninguna parte.

 

Andrés Osorio, economista Econsult

 

 

FOTO: SEBASTIAN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO