La desaceleración se explica, en una parte no menor, por el programa de reformas del Gobierno, que ha generado una crisis de expectativas semejante a la observada en la crisis subprime.
Publicado el 01.01.2015
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2014 fue un año difícil para la economía chilena. Partimos con patines de carrera, con expectativas de crecimiento económico que eran la envidia de muchos países, y terminamos sin ellos, creciendo más cerca del grupo de los “porros” de América Latina. Muchos aún nos preguntamos por qué le sacaron los patines a la economía chilena. ¿Qué causó tan pronunciada desaceleración?

Ésta comenzó a mediados del 2013, cuando los síntomas de la desaceleración económica china comenzaron a visualizarse y los precios de los bienes básicos, el cobre entre ellos, daban cuenta del fin de su “súper ciclo”. El crecimiento promedio de la economía de China en la próxima década será inferior a la anterior, según el consenso de proyecciones. El resultado es que la economía chilena se quedó sin su propulsor cuprífero, cosa que los empresarios del sector minero, y cercanos a él, sintieron de inmediato.

A fines de 2013, el Informe de Política Monetaria (IPOM) del Banco Central proyectaba para 2014 una expansión económica de 4,25% para Chile (bajo el promedio de años anteriores), y de 3,6% para nuestros socios comerciales (cercano al promedio de años anteriores).  ¿Qué sucedió entonces como para que el instituto emisor en su IPOM de diciembre de 2014 terminara pronosticando un paupérrimo 1,7% de crecimiento para Chile y un 3,2% para nuestros socios comerciales? ¿Cómo explicar la caída de 2,5 puntos en el crecimiento esperado en un año, sobre todo si el recorte en el caso de nuestros socios comerciales fue tan solo de 0,4 puntos? Hay que señalar que tanto el Banco Central como los analistas privados fueron recortando sus pronósticos de crecimiento durante 2014. En estricto rigor, sólo el ministro de Hacienda Alberto Arenas, pronosticaba mejores cifras, evolución de menos a más, inflexiones, en fin, un innumerable soliloquio de pronósticos en donde sus capacidades predictivas fueron refutadas por la realidad económica.

Entonces, si nuestros socios comerciales se desaceleraron en 2014 desde un 3,6% a un 3,2%, ¿qué fue lo que causó la desaceleración desde un 4,25% a un 1,7% en nuestro nivel de actividad? El argumento de que la “pronunciada desaceleración” se justifica por causas externas no es válido, ya que como hemos visto nuestros socios comerciales sufrieron una mínima variación en su nivel de actividad. Lo cierto es que dicha desaceleración se explica, en una parte no menor, por el programa de reformas de este Gobierno, lo que ha generado una crisis de expectativas semejante a la observada en la crisis subprime.

La reforma tributaria era conocida y esperada, por lo que la exacción de recursos que ésta inferiría al ahorro y la inversión del sector privado no deberían haber causado sorpresas en el ámbito empresarial; sin embargo el tono y la forma de su discusión, cuyo epítome fue el video de Hacienda para defender su reforma, empeoró más las ya deterioradas expectativas empresariales y se transmitió a los consumidores. Las expectativas de los consumidores (IPEC de Adimark GfK) comenzaron a contraerse en junio de 2014, en plena discusión de la reforma, coincidente además con el incremento en la desaprobación del Gobierno.

El Gobierno, desconociendo su paternidad en la desaceleración, acusó a la oposición de estar haciendo una “campaña del terror”. Coincidentemente, medios extranjeros, independientes y de reconocido prestigio daban la alerta de que el plan de reformas del Gobierno estaba mal diseñado, y que impactaría el potencial de crecimiento de la economía chilena, lo cual tarde o temprano se traduciría en mayor desempleo y menor recaudación tributaria.

La discusión de los contenidos de la reforma educacional causó preocupación por priorizar la ideología en vez centrarse en cómo mejorar la calidad, sazonado por las frases épicas del ministro del ramo, todo lo cual, además de elevar los decibeles políticos dentro de la misma coalición gobernante, erosionó aún más las expectativas de los consumidores.

Por último la presentación de la reforma laboral, cuyo contenido, de promulgarse como está, produciría un ajuste significativo en las utilidades de empresas, cuyo triste corolario sería un aumento en el desempleo e inhibición de la inversión. Como si lo anterior fuera poco, lo primero que dijera la ministra es que dicha reforma ayudaría a la creación de empleos, lo que a muchos evocó el majadero argumento de que tan solo el 1% más rico pagaría la reforma tributaria, y todos sabemos cómo terminó aquello.

En resumen, 2014 en materia de crecimiento económico fue un año que pasó de normal a malo. Es de esperar que 2015 sea más racional, y que los llamados del ministro Arenas a formar una alianza público-privada sean una convocatoria sincera a hacerla; no algo que se dice para apaciguar a la galería, sino un llamado para que volvamos a subir a nuestra economía a los patines de crecimiento rápido y sostenido, que es una forma más eficiente de aumentar el empleo y los salarios.

 

Manuel Bengolea, Economista Octogone.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO