Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 14 de mayo, 2015

La disputa por las reformas

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo
Paradoja de la política: es posible que el nuevo equipo viabilice cambios que parecían empantanados.
José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El equipo político saliente pensaba que en política lo fundamental es la decisión, o sea, la voluntad. La frase que más detestaban es aquella expresión acuñada por Patricio Aylwin de “la justicia en la medida de lo posible”. Su principal crítica a la “vieja Concertación” era que había transado en sus propósitos de cambio más allá de las exigencias de un necesario realismo.

La sobrevaloración de la subjetividad en política es una característica propia de las nuevas generaciones que -como diría Ortega y Gasset- no se sienten entrampadas por los parámetros en que se movieron sus padres. Sin ese ímpetu se haría más difícil la renovación y el cambio en la historia.

No se trata de un fenómeno sólo nacional.

Luego de la derrota del Partido Laborista en Gran Bretaña se ha abierto un amplio debate entre sus dirigentes entre quienes critican a Ed Miliband por haberse colocado muy a la izquierda, cerca de los sindicatos, abandonando los principios de la “tercera vía” del “nuevo laborismo” creado por Tony Blair y Anthony Giddens, y quienes en cambio, desde la vereda opuesta, sostienen que los escaños perdidos en Escocia en favor de los nacionalistas se deben a que el Laborismo se apartó de la gente y se acomodó en el poder.

En Italia sucede otro tanto en el Partido Democrático. Su líder, Matteo Renzi, que proviene del social cristianismo, se enfrenta a la vieja guardia comunista a la que califica de “izquierda masoquista” recordándole que el PD ha ganado porque se ha acercado al centro. Igual desafío enfrenta el PSOE en España ante las nuevas elecciones municipales y autonómicas. ¿Qué debe hacer el PSOE frente a Podemos? ¿Seguir el ejemplo griego o renovarse en el centro como  lo hizo en Andalucía alcanzando la victoria?

No se trata ya de la disputa que desgarró a la izquierda en las primeras décadas del siglo pasado, entre revolucionarios y reformistas. La polémica ahora se da al interior del reformismo sobre la envergadura, radicalidad y sentido de los cambios: ¿igualdad de oportunidades con solidaridad o igualdad de resultados o igualdad de derechos en el acceso a un conjunto de prestaciones básicas, o una combinación de todas ellas?

Las alternativas -como escribió Michel Albert en “Capitalismo contra capitalismo”- se dan dentro de la economía de mercado, hoy de dimensiones globales, entre diversas combinaciones posibles de Estado, mercado y sociedad civil, desde el neoliberalismo hasta el Estado de bienestar creado por DC, socialistas e incluso fuerzas de derecha como ocurrió en Francia con De Gaulle.

Pasar de un tipo de capitalismo a otro no es tarea fácil. Permítanme traer a colación un pensamiento de Maquiavelo:

Cualquiera que desee o necesite reformar el modo de gobierno de una ciudad, si quiere que el cambio sea aceptado y mantenido con satisfacción general, precisa conservar al menos la sombra de los usos antiguos de modo que al pueblo no le parezca que ha cambiado el orden político, aunque de hecho los nuevos ordenamientos sean totalmente distintos de los pasados, porque la mayoría de los hombres se sienten tan satisfechos con lo que parece como con lo que es, y muchas veces se mueven más por las cosas aparentes que por las que realmente existen…” (Discursos sobre la primera década de Tito Livio, 1531).

El gabinete ido proclamó en alta voz sus propósitos reformadores. Anunció el cambio de varios paradigmas. El nuevo se ha encargado de reforzar la idea del diálogo y la necesidad de escuchar a todos. Paradoja de la política: es posible que el nuevo equipo viabilice cambios que parecían empantanados.

 

José Antonio Viera-Gallo, Foro Líbero.

 

 

FOTO: RODRIGO SÀENZ/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: