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Publicado el 21 de febrero, 2018

La digitalización

Asesor de empresas Rafael Ruano
La tecnología ofrece cada vez más soluciones a los problemas humanos. Estamos en el mejor de los momentos, en el mejor de los mundos posibles. El progreso agregado es extraordinario y lo será más con más esfuerzo en I+D.
Rafael Ruano Asesor de empresas
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He decidido incluirme en la lista de los “nuevos optimistas”, los que abrazamos el liberalismo y el capitalismo, los que creemos que la Digitalización (con mayúsculas) traerá a Chile y al mundo más ventajas que inconvenientes, que el capitalismo se hará más social y que la economía del bienestar no ha muerto, todo lo contrario.

Dos autores dentro del grupo de los “nuevos optimistas”, Johan Norberg y Steven Pinker, a los que leo y escucho, basan esta nueva teoría en la historia de la humanidad, en cómo el mundo ha evolucionado a partir de ciertos indicadores. Para mí, quizás el más significativo es el de la esperanza de vida. En una columna anterior ya hablé sobre las ventajas del nuevo mundo digital, contra los agoreros que señalan lo terrible que será su impacto en Chile, sobre todo en lo laboral. Obvio, si no hacemos nada hasta una lluvia torrencial nos puede afectar sobremanera.

Objetivamente, en la actualidad sólo hay que ver algunos indicadores que nos afectan a todos para constatar que el mundo no está tan mal y que hemos mejorado. En 1970, la esperanza promedio de vida en Chile era de 62,77 años; en 2015 ya era de 81,79 años. La caída de la mortalidad infantil fue de 10 niños nacidos vivos por cada mil el año 2000 a 6,7 por cada mil en 2015; el 97,5% de la población chilena está alfabetizada (85% a nivel mundial), hay unos 23 millones de abonados a teléfonos móviles en el país, lo que ha ido de la mano con enormes avances en salubridad y, por cierto, la extensión de las democracias en el mundo. Los ejemplos de cambios para mejor son muy variados.

Seguramente que muchos lectores pensarán que no tengo razón, que hoy en Chile hay una desigualdad importante entre ricos y pobres, y que este crecimiento sólo beneficia a los más ricos. En el reciente Foro de Davos ya se habló de que, en los últimos cinco años, el crecimiento económico no ha servido para reducir la pobreza. Pero creo firmemente que el problema no es la riqueza, sino la pobreza; es esto lo que hay que combatir con innovación, crecimiento y una dosis importante de nuevas tecnologías, incluyendo la digitalización. Pienso que la globalización y la apertura económica son importantes para el progreso y para reducir la pobreza.

Sigo en línea positivista. En los ultimos 20 años, cada vez más países han saltado la barrera del desarrollo, sumándose a la liga de las economías avanzadas. La globalización, la digitalización y la innovación tecnológica están creando un cambio de paradigma debido a la superposición de dos factores. El primero es la convergencia global hacia un estándar económico único, al que se van sumando países emergentes; el segundo, la aparición de una nueva dinámica de desigualdad, que antes era horizontal (desigualdad entre países) y ahora, en la medida en que ésta se reduce, se convierte en vertical (dentro de los países), que es más fácil de controlar y erradicar con empeño e innovación.

La tecnología ofrece cada vez más soluciones a los problemas humanos. Estamos en el mejor de los momentos, en el mejor de los mundos posibles. El progreso agregado es extraordinario y lo será más con más esfuerzo en I+D. La tecnología permite acceso a recursos a una escala impensable hasta hace poco. Basta decir que, cubriendo un 1,2% de la superficie del Sahara con placas solares de última generación, podríamos alimentar de electricidad a todo el planeta.

Pero, ¿y qué significa todo esto para en Chile? ¿Se puede pensar en positivo? ¿Nos ayudan estas cosas a reducir la brecha de la desigualdad económica? Por supuesto, solamente hace falta ponerse a trabajar en ello.

Según el profesor Brian Arthur, de la Universidad de Stanford, la capacidad innovadora determina el bienestar de las naciones. Y en el último estudio de la consultora Bloomberg sobre innovación, los tres países más innovadores del mundo son Corea del Sur, Suecia y Singapur. Seis de las economías más innovadoras continúan siendo europeas (Suecia, Alemania, Suiza, Finlandia, Dinamarca y Francia, y otras dos les pisan los talones (Irlanda y Austria).  El modelo europeo renace y sigue siendo el más envidiable y equilibrado. ¿Y por qué no puede funcionar en Chile? ¿Somos conscientes del cambio de paradigma? ¿Estamos subiendo al tren de la revolución tecnológica?

Estoy seguro de que nuestros políticos no dejarán pasar esta oportunidad, y de que contarán con planes estratégicos y objetivos de desarrollo claros en inteligencia artificial, extensión de las energías renovables, impulso a la digitalización y creación de ecosistemas innovadores competitivos. Eso espero. De ello depende que Chile esté entre los primeros o nos quedemos a la zaga, dependiendo de otros países.

 

Rafael Ruano, asesor de empresas

 

 

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