El fracaso de la candidatura de Carolina Goic también se explica porque la DC, durante el gobierno de la Nueva Mayoría, dilapidó su prestigio como factor de equilibrio. Simplemente no es creíble que, después de haber votado a favor de todas –sí, todas- las malas reformas de la Nueva Mayoría, ahora que el barco se está hundiendo, de un momento para otro, reaparezca la DC que parecía escondida durante las votaciones en el Congreso.
Publicado el 01.11.2017
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Suele pasar que en tiempos de elecciones el llamado “centro político” se transforma en la niña de los ojos, la consentida de los candidatos presidenciales, especialmente de aquellos que ya afianzaron una base de apoyo y se encaraman como favoritos para disputar la segunda vuelta. La frase repetida hasta el cansancio es “las elecciones se ganan en el centro”.

Con todo, se trata de un sector del electorado que es escurridizo. Difícil de asir y de definir. Algunos han pretendido caracterizarlo mediante las posturas de fondo que el centro político tendría, según ellos, en los distintos debates públicos. Para ellos el centro famoso se situaría en cada debate a medio camino entre la izquierda y la derecha. Personalmente, pienso que el centro es tan difícil de identificar, y convencer, precisamente porque no se define tanto por sus posturas de fondo, sino por una forma, muy chilena, de hacer las cosas, marcada por la serenidad, la mesura y la soluciones consensuadas, y me atrevería a agregar, el sentido común.

Con todo, si esta fracción consentida del electorado tuvo alguna vez una expresión institucional, es decir, si hubo alguna vez un partido con fueros suficiente como para reclamar la representación del centro, fue la Democracia Cristiana. Y, hay que reconocerlo, fue un experimento políticamente exitoso. Durante los 90 y hasta el 2001 no sólo fue el partido más grande de la antigua y mal recordada Concertación, sino que su influencia superaba con creces el mundo político y alcanzaba el campo de las organizaciones sociales, la CUT y los sindicatos en general, las federaciones de estudiantes, el Colegio de Profesores.

Muchos discrepamos fuertemente con las posiciones que ha defendido la DC en sus años de historia. También con lo que por cobardía o cálculo político ha dejado de defender. Pero, mirando con perspectiva, resulta imposible negar su aporte estabilizador y de equilibrio al debate chileno. Por eso, resulta lamentable lo que ha ocurrido con la candidatura presidencial de Carolina Goic. El escaso apoyo que ha generado -basta mirar el discretísimo 2,1% de apoyo que tiene según la encuesta CEP- confirma el declive de la tradición DC.

Hay muchas formas de explicar por qué la candidata de un partido con grandes espaldas como la falange se ha transformado en una causa perdida. Y creo que la explicación no está en los atributos, o falta de ellos, de la candidata.

En primer lugar, y a estas alturas es casi una obviedad decirlo, la figura del ex Presidente Piñera parece haber conquistado gran parte de ese centro político. En esto, el gobierno de la Nueva Mayoría fue su mejor aliado. “Bajar de los patines”, “la retroexcavadora”, gobernar contra los “poderosos de siempre”, son precisamente el tipo de ideas que pugnan directamente con la actitud mesurada que define a ese electorado de centro. El contraste de actitudes entre el gobierno actual y el ex presidente Piñera hacen que las virtudes de este último crezcan.

Sin embargo, eso no es todo. El fracaso de la candidatura de Goic también se explica porque la DC, durante el gobierno de la Nueva Mayoría, dilapidó su prestigio como factor de equilibrio. Simplemente no es creíble que, después de haber votado a favor de todas –sí, todas- las malas reformas de la Nueva Mayoría, ahora que el barco se está hundiendo, de un momento para otro, reaparezca la DC que parecía escondida durante las votaciones en el Congreso. En ese sentido, si Goic quería recuperar el legado de la Concertación, más allá de colgar las fotos de sus ex Presidentes en el comando, debió haber comenzado dando una explicación plausible de su historial de votaciones como senadora durante estos últimos cuatro años.

Quizás, aunque esto puede ser mucho pedir, debió haber comenzado la campaña pidiendo disculpas, por haber contribuido -con su partido y sus votos- a desviar a Chile del camino del progreso.

 

Julio Isamit, coordinador político de Republicanos

 

 

FOTO: JORGE FUICA/AGENCIAUNO

 

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