Un país que no crece, y en el que los salarios son carcomidos por el alza de los precios, será al cabo de poco tiempo, sin lugar a dudar, no sólo más pobre sino también más desigual.
Publicado el 08.10.2014
Comparte:

El proceso de creación de riqueza tiene algo de milagroso. Los mismos seres humanos y los mismos recursos naturales pueden dar origen a realidades muy distintas. Algunos grupos de personas, las que descifran el código del crecimiento económico, logran satisfacer prácticamente todas sus necesidades materiales, mientras que el resto a penas logra tener lo suficiente para comer y abrigarse. Los ejemplos más recurridos, pero no por eso menos impresionantes, para ejemplificar lo anterior son los de Corea del Sur y Corea del Norte y de las dos Alemanias entre la Segunda Guerra Mundial y la caída del muro de Berlín justo hace 25 años atrás.

El crecimiento económico es de alguna manera similar al milagro de la multiplicación de los panes que relata la Biblia. Con cinco panes y unos pocos pescados, Jesús logró alimentar a más de cinco mil hombres y sus respectivas familias. El crecimiento económico ha logrado alimentar y vestir a más de mil millones de chinos que literalmente comían cucarachas hace tan sólo 20 años.

Hasta hace un año atrás, parecía que Chile había logrado descodificar el misterio del crecimiento económico. Por poco más de 30 años, nuestro país alcanzo tasas de crecimiento económico superiores al 5% promedio anual. En ese periodo, cuatro de cada diez compatriotas lograron salir de la pobreza. Sin embargo, en este año 2014, tanto el FMI como el propio gobierno han confirmado que Chile crecerá sólo 2%, el peor registro desde el retorno a la democracia, con la sola excepción de 1999 y 2009, años en los que, a diferencia del presente, arreciaban sendas crisis internacionales.

El casi nulo crecimiento económico que está exhibiendo Chile, (en el pasado mes de agosto el crecimiento fue de tan sólo 0.3%), ya es un problema bastante grande para los chilenos que aspiran a encontrar un empleo, llevar adelante un nuevo emprendimiento o tomarse esas merecidas vacaciones familiares que tanto han soñado. Ahora pareciera que al flagelo de la falta de crecimiento podría además unirse el drama de la erosión del poder de compra de los salarios.

Durante el último año el índice general de precios, IPC, ha subido más de 4,5%, y con el dato anunciado por el INE se proyecta que la inflación anual podría elevarse hasta cerca de 5% durante el presente año, dos puntos porcentuales más que el año pasado y el registro más alto de los últimos seis años. La inflación es un drama especialmente para los trabajadores más vulnerables, aquellos que viven de un sueldo que apenas alcanza para llegar a fin de mes. Los chilenos que tienen salarios más altos o un patrimonio acumulado, pueden defenderse mejor de la inflación, por ejemplo, ahorrando en instrumentos financieros denominados en UF.

El bajo crecimiento impide el milagro de la multiplicación de los panes y la inflación además genera la desaparición de los mismos. En un kilo de marraquetas caben aproximadamente diez unidades. Es decir, por cada 10% de aumento en los precios, desaparece una marraqueta de su bolsa de pan. Pero no sólo eso, el pan desaparece sólo de las bolsas de los chilenos más pobres.

Para un gobierno que fue elegido con la promesa de lograr mayor igualdad, la combinación de un bajo crecimiento e inflación al alza son muy malas noticias. No hace falta ser economista para darse cuenta de que un país que no crece, y en el que los salarios son carcomidos por el alza de los precios, será al cabo de poco tiempo, sin lugar a dudar, no sólo más pobre sino también más desigual.

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

FOTO: MARCELO SEGURA/AGENCIAUNO

Ingresa tu correo para recibir la columna de José Ramón Valente