Diversidad, unidad, apertura a los liderazgos sociales y vocación de poder son los requisitos que debe cumplir para superar sus incapacidades y problemas actuales.
Publicado el 14.01.2015
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El valor de la diversidad y la unidad parece ser la fórmula que puede impulsar a la derecha chilena a una mejor sintonía con la ciudadanía, y de paso ponerla en competencia mirando a las próximas elecciones municipales.

Diversidad es un concepto necesario de desarrollar frente a la fragmentación y división sufrida por el sector en las últimas elecciones. Que no hay una sola forma de ser de derecha es una afirmación básica para construir acuerdos y pactos. Así lo grafica la realidad de los distintos movimientos, partidos y centros de estudios que hoy cohabitan en este espacio político pero con un incipiente trabajo conjunto. Respeto por las diferencias y la libertad para que se expresen son requisitos para que una nueva coalición que represente a todos pueda consolidarse.

Unidad, en torno a principios y  un programa comunes. Tan importante como respetar la diferencia es delimitar lo común, aquello que nos representa a todos y que nos da identidad como derecha. Cada partido de derecha, más allá de sus diferencias, se reconoce en un espacio común, una mirada de la sociedad y los valores que la ordenan, como por ejemplo la libertad y la dignidad de la persona humana por sobre el Estado, o la creencia de que son las personas las protagonistas
de sus vidas y que el esfuerzo personal y la responsabilidad individual son valores que deben promoverse a través de las instituciones políticas. Es la determinación de lo común lo que permite la unidad real.

Abierta a los liderazgos sociales. Una derecha con vocación de mayoría debe ser capaz de mostrar una pluralidad en sus liderazgos y candidatos que refleje lo más cercanamente posible a la pluralidad de la sociedad. Para esto, es importante la cercanía y apertura a los movimientos sociales que se han opuesto a las reformas de la izquierda en el gobierno. Ellos constituyen una oportunidad que requiere de señales reales de inclusión. La credibilidad de la derecha pasa por un trabajo cercano y permanente con quienes sufren los problemas y carencias, compartir estas urgencias sociales le da una fuerza y legitimidad mayor a sus propuestas y soluciones.

Vocación de poder. Solo un grupo cohesionado y con una agenda clara es capaz de convocar y sumar voluntades a su causa. La tentación de delegar esto en el carisma personal del candidato de turno explica la fragilidad o disparidad electoral de la derecha en los últimos años. Esta excesiva dependencia del candidato es al mismo tiempo una señal de debilidad de los partidos y un desincentivo a la construcción de coaliciones de largo plazo que vayan mucho más allá de una elección puntual.

El actual malestar ciudadano que existe frente al mal desempeño del Gobierno es un escenario que estimula el trabajo de rearticulación de la derecha, pero al mismo tiempo le pone urgencia para superar sus incapacidades y problemas. Es poco el tiempo para tanto trabajo, pero la posibilidad de regresar al gobierno en las próximas elecciones depende solo de ser capaz de sacar esta tarea adelante.

 

Gonzalo Müller, Director Centro de Opinión Pública UDD.

 

 

FOTO: JUAN GONZÁLEZ/AGENCIAUNO