Lo cierto es que, más allá de lo que efectivamente pueda suceder en el corto plazo, la posibilidad de una derecha moderna y liberal en todos los planos no constituye hoy un sueño imposible.
Publicado el 07.03.2018
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Han sido dos las principales críticas que se le han hecho al gabinete anunciado por Sebastián Piñera en enero pasado. La primera, simbolizada en la designación de Gerardo Varela como ministro de Educación, se resume en la idea de que el gabinete en cuestión daría cuenta de una “sobredosis” de liberalismo económico. La segunda, representada en la figura de Isabel Plá a cargo del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, habría apuntado a la existencia de un “giro conservador” de Piñera en materia valórica. Dado que a la primera crítica le he dedicado una columna anterior en este mismo medio, aquí me abocaré de manera específica a la segunda, con algunas otras consideraciones sobre Chile Vamos en su conjunto.

Sinceramente (y lo dice alguien a quien le importan las cuestiones frecuentemente calificadas como “valóricas”), no creo que el gabinete —mirado en su integridad— dé cuenta de algo así como un giro conservador, por ejemplo, en materia de diversidad sexual. De hecho, algunos de los ministros (en particular, Cecilia Pérez y Gonzalo Blumel) se han expresado a favor del matrimonio igualitario, con adopción incluida. Y si bien no tengo plena certeza de la postura del resto, nada indica que la mayoría del gabinete sea conservador en dicha materia, salvo algunas excepciones que confirmarían la regla.

En segundo lugar, y esto es muy importante de tener presente, la coalición Chile Vamos ha logrado —pese a algunos momentos de tensión— configurar una suerte de modus vivendi que considera las cuestiones valóricas como parte de las legítimas diferencias que, entre los partidos o entre sectores internos de ellos, no alteran lo que en mi libro La derecha perdida denomino el “mínimo común histórico” de este sector político en Chile, que guarda relación con la defensa de la libertad económica.

Aunque los dirigentes de la derecha no lo tengan tan internalizado, el hecho de que se apunte a una libertad de acción en el plano valórico da cuenta de que tácitamente sí tienen claro que lo que vincula al sector es la promoción de la libertad económica; no entendida, valga aclarar, como la defensa de los grandes empresarios, sino como el derecho de todos a buscar su propio destino a través del libre ejercicio de la función empresarial, lo que significa potenciar la capacidad de las personas para, de manera creativa, buscar oportunidades por sí mismas, sin perjuicio del rol subsidiario que le corresponde al Estado en materia social.

Además, la misma Isabel Plá, pese a ser militante de la UDI y dejando de lado el tema del aborto, no parece ser tan conservadora en asuntos de género y diversidad sexual. Si bien deberá ser ella la encargada de demostrar la mayor o menor efectividad de este aserto, no le he leído posiciones en contra de, por ejemplo, el derecho a la identidad de género de las personas trans o el acceso al matrimonio de parejas del mismo sexo (incluso con adopción). Aunque se ha dado a conocer un tuit en que parece oponerse al “matrimonio homosexual”, ella lo escribió ¡hace cuatro años! (Bachelet, en su primer gobierno, también estaba en contra) y aludiendo, más bien, a la falta de tolerancia de algunos sectores frente a quienes asumen posiciones opuestas a dicha iniciativa.

Pero, además, la agenda programática en materia de mujer —a la cual Plá deberá abocarse de manera principal— no se ve precisamente polémica o, al menos, al mismo nivel que el aborto o, en menor medida, el matrimonio igualitario. El programa de Piñera contiene tres grandes propuestas en favor de las mujeres: a) avanzar en la modificación de la sociedad conyugal que, siendo el régimen patrimonial de derecho común, las subordina a sus maridos; b) implementar un sistema de sala cuna universal para las madres de hijos menores a dos años de edad, lo que podría incidir en favor de una mayor autonomía y de un mejor acceso al mercado laboral; y c) establecer una serie de medidas que apunten a disminuir notoriamente la violencia contra las mujeres. Es, sobre todo, en este último tema dónde Plá exhibe mayores antecedentes, tanto así que la directora ejecutiva de la Corporación Humanas, una de las principales ONG feministas del país, Carolina Carrera, ha reconocido positivamente el interés de Plá en esta última materia, concediéndole (al menos) el beneficio de la duda.

Por último, y relacionando la pregunta que titula esta columna con el mínimo común histórico de la derecha chilena, la disputa de este sector político en materia valórica es mucho más un asunto de carácter partidario que gubernamental. No sólo por el hecho de que el programa de gobierno no adhirió a la agenda de diversidad sexual (identidad de género, matrimonio igualitario y homoparentalidad), sino sobre todo porque forma parte del territorio ideológico que distingue (o separa, según sea el caso) a la derecha específicamente liberal (Evópoli y a pequeños grupos de RN) del resto del sector, el cual —hay que reconocerlo— sigue siendo mayoritariamente conservador.

En este sentido, la hegemonía en materia valórica que, en el futuro, pudiese llegar a alcanzar Evópoli no dependerá tanto de su fuerza en este mismo plano como, especialmente, de si logra posicionar a Felipe Kast como un candidato competitivo en el sector. Si el líder de Evópoli llegase a ser el candidato presidencial de Chile Vamos en 2022 y, mucho más todavía, si triunfase, podrá recién ahí hablarse de un triunfo cultural de la vertiente liberal en la derecha. Por el contrario, si esto mismo sucediese con Manuel José Ossandón —y, en mucha mayor medida, con José Antonio Kast—, la conclusión tendría que ser justamente la inversa.

Pero, en su favor, la derecha liberal podría también contar con un Plan B: que, frente a la derrota electoral de Felipe Kast (en la primaria respectiva), surja con la suficiente fuerza un candidato-ministro (¿Alfredo Moreno?) que sea partidario de una derecha integralmente liberal. Por eso es que Evópoli debería, al mismo tiempo que busque posicionar a Kast, atraer a ese candidato-ministro que pueda resultar más afín a su ideario político.

Lo cierto es que, más allá de lo que efectivamente pueda suceder en el futuro, la posibilidad de una derecha moderna y liberal en todos los planos no constituye hoy un sueño imposible.

 

Valentina Verbal, historiadora, consejera de Horizontal

 

 

FOTO: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO