El desafío de RN, UDI y los otros miembros de la coalición de derecha es convencer al electorado de las bondades de votar por el sector, de la superioridad de sus ideas y propuestas, de lo atractivo de sus políticas públicas y de las ventajas de la hoja de ruta que propone al país.
Publicado el 27.11.2015
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Pese a ser la coalición que más se identifica con los principios del capitalismo, Chile Vamos (la derecha) repetidamente ignora recetas básicas para el éxito de los emprendimientos en los sistemas capitalistas. Ya que para ganar elecciones hay que conquistar a una mayoría del electorado, pero también hay que diferenciarse de las otras opciones políticas, la derecha debiera enfocarse en construir una propuesta que, desde una base ideológica clara y moderadamente conservadora, ofrezca una plataforma inclusiva, compasiva, poniendo énfasis en las oportunidades y el emparejamiento de la cancha, con una razonable mezcla de derechos y responsabilidades. Como han demostrado Google, Amazon, Uber y muchos otros emprendimientos, cuando las ideas y las propuestas están claras y son atractivas, lo que menos importa es el nombre.

Desde que retornó la democracia con las elecciones de 1989, la coalición de derecha ha tenido una enorme estabilidad en su composición. UDI y RN han sido los cimientos sobre los que se ha construido la coalición de derecha más duradera en la historia del país. Pese a la estabilidad en su composición -varios de sus principales líderes hoy son los mismos que la lideraban en 1989- la coalición de derecha ha cambiado de nombre casi en cada elección presidencial (Democracia y Progreso, Unión por Chile, Alianza por Chile, Alianza, Coalición por el Cambio y Alianza). Como una empresa que no quiere construir reputación o que simplemente no valora la reputación que tiene, la coalición de derecha ha cambiado de nombre con demasiada facilidad. Ese afán por tratar de reinventarse continuamente constituye una pésima señal para un electorado que ya desconfía de los partidos y de sus líderes. Si un candidato se presenta a una elección en una coalición con fecha de expiración, difícilmente él o su coalición podrán ganarse la confianza del electorado. Si un consumidor que está pensando comprar una vivienda o un automóvil sabe que la empresa que está vendiendo dejará de existir en uno o dos años, el comprador lo pensará muy bien antes de concretar la compra. Si la empresa ofrece una garantía de cinco años, pero todo indica que antes de un año desaparecerá, el comprador probablemente rechazará el seguro de garantía -y posiblemente incluso preferirá hacer negocios con otra empresa que tenga más trayectoria y mejores posibilidades de sobrevivir-. Sólo aquellas empresas con un horizonte de tiempo largo se preocupan de construir una buena reputación.

En la política, la reputación funciona de la misma forma. Porque tienen expectativas de seguir existiendo por muchos años, los partidos se esmeran en mantener y mejorar su reputación. Como es costoso informarse sobre las fortalezas y debilidades de cada candidato, los electores a menudo usan la militancia partidista como atajo de información. Si no saben lo que piensa y propone un candidato a alcalde, los electores pueden adivinar las posturas simplemente al mirar la militancia de cada candidato.

La obsesión por cambiar continuamente de nombre demuestra que los dos partidos líderes del sector no entienden la importancia de crear valor en torno a una marca. Como ante tanto cambio de nombres, la gente simplemente habla de “la derecha”, el esfuerzo por definirse a partir de un nuevo nombre también es inútil. Pero dado el tiempo y la energía que los partidos de derecha han puesto a la discusión sobre cómo se debería llamar la coalición que los agrupe, parece inevitable concluir que esa coalición equivocadamente cree que su problema está en el nombre. Pero ese es un ejercicio inútil. Independientemente del nombre que ocupen, la gente la seguirá identificando como la coalición de derecha.

El desafío de RN, UDI y los otros miembros de la coalición de derecha es convencer al electorado de las bondades de votar por el sector, de la superioridad de sus ideas y propuestas, de lo atractivo de sus políticas públicas y de las ventajas de la hoja de ruta que propone al país.

Cuando la gente se compre las ideas de la derecha, se identifique con sus valores, se motive con sus ideales de país, se inspire en la visión de mundo que defiende el sector y crea que para que exista una sociedad de derechos debe también existir una sociedad de responsabilidades, entonces el nombre que tenga la coalición que reúna a los candidatos de derecha será una mera trivialidad. Pero si siguen preocupados exclusivamente del envoltorio, entonces la derecha sólo hará más evidente que el proyecto que ofrecen al país carece de contenido y que la hoja de ruta del sector no llega a ninguna parte o, peor aún, que ni siquiera existe un plan de navegación común entre todos los partidos y grupos que hoy se sienten parte de ese sector.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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