Justo ahora que la derecha está pasando por su mejor momento electoral, algunas voces llaman a copiar los mensajes de la izquierda. Porque los estadounidenses sabiamente dicen que “si no está roto, no lo arregle”, la derecha debiera profundizar su estrategia ganadora de los últimos años poniendo el foco en las oportunidades, el desarrollo y los mercados más competitivos.
Publicado el 13.02.2018
Comparte:

Después de haber perdido todas las elecciones consecutivamente por 20 años, la derecha chilena ha ganado dos de las últimas tres contiendas presidenciales. Si bien abrirse a la diversidad y promover el pluralismo ha sido parte de su éxito, el sector ha ganado elecciones porque ha sabido defender sus valores y principios y ha podido contrastar su visión de mundo —de una economía social de mercado con crecientes oportunidades para todos— con la postura izquierdista que cree que en la solución de todos los problemas está la mano del Estado y consiste en combatir la desigualdad.

Justo ahora que la derecha está pasando por su mejor momento electoral, algunas voces llaman a copiar los mensajes de la izquierda. Porque los estadounidenses sabiamente dicen que “si no está roto, no lo arregle”, la derecha debiera profundizar su estrategia ganadora de los últimos años poniendo el foco en las oportunidades, el desarrollo y los mercados más competitivos.

Desde que equivocadamente apostó por apoyar la continuidad de la dictadura militar en 1988, entre 1989 y 2005 la derecha mordió repetidamente el polvo de las derrotas electorales. Si bien en 1999 estuvo cerca de ganar la elección, eso se debió más a la mala situación económica y al cansancio popular con la Concertación que con la oferta de volver al pasado que entonces representaba la opción de derecha. En los 20 años de gobiernos concertacionistas, la centroizquierda chilena se apropió de las banderas de la economía social de mercado que en el resto del mundo eran defendidas por partidos de derecha. Ésta, en cambio, se dedicó a defender los aspectos menos loables del complejo legado de la dictadura. Mientras la centroizquierda defendía el mercado y la competencia, la derecha defendía a Pinochet.

Afortunadamente para el sector, la muerte de Pinochet y la exitosa toma hostil del liderazgo en la derecha en 2005 realizada por Sebastián Piñera lograron una renovación en el discurso y el mensaje. A su vez, la Concertación cada vez cedía más espacio a los que promovían soluciones desde el Estado más que a favor de mercados competitivos. Eso dejó un tremendo espacio para que la derecha comenzara a tomar la defensa de las banderas del mercado y la competencia. En la contienda presidencial de 2009, la Concertación aparecía con un discurso nostálgico y estatista, mientras que la derecha enarbolaba las banderas de la modernidad democrática e incluyente.

Durante el gobierno de Piñera, la Concertación se corrió aún más a la izquierda, hasta cambiarse de nombre. La derecha, en cambio, se consolidó en posiciones moderadas. Es verdad que el primer mandato de Piñera estuvo plagado de errores no forzados —conflictos de interés, tráfico de influencias, elitismo y tecnocracia en exceso—, pero en lo central la Alianza se consolidó como una coalición de centroderecha, mientras que la Concertación/Nueva Mayoría se convirtió en una coalición de izquierda.

La victoria de Bachelet en 2013 se produjo por la popularidad personal de una candidata que hablaba desde y hacia la izquierda, pero que era percibida como pragmática y moderada por la gente que quería seguir avanzando por el camino de una economía social de mercado más desarrollada y con más oportunidades. Apenas Bachelet demostró que, más que construir nuevos puentes para que más chilenos pudieran cruzar a la tierra prometida, su plan era dinamitar primeros los puentes que ya existían, los chilenos optaron por abandonarla. Después de todo, la gente quiere terminar con el abuso (que equivocadamente llaman lucro) y ampliar las oportunidades. No quieren terminar con el modelo.

Piñera entendió bien esa demanda por más inclusión y más oportunidades en un país que ve crecer su riqueza y, por eso, aunque tropezó en primera vuelta, fue capaz de ganar con una amplia mayoría en diciembre pasado. Su mensaje centrado en el crecimiento como condición para ampliar las oportunidades generó más apoyo que el de la izquierda, centrado en la desigualdad como un problema que sólo el Estado puede solucionar.

A semanas de que asuma el nuevo gobierno, varios en la derecha parecen querer comprarse el discurso favorito de la izquierda de que el problema es el modelo y la desigualdad. Cuando el mensaje ganador de la derecha ha sido el crecimiento y la expansión de oportunidades, no faltan los que quieren copiar el mensaje perdedor de la izquierda. Las banderas de la derecha han sido el crecimiento, el desarrollo y las mismas oportunidades para todos en una economía social de mercado con crecientes niveles de competencia y un Estado pequeño, pero musculoso. Las banderas de la izquierda han sido las soluciones desde el Estado y el combate a la desigualdad, olvidándose del crecimiento. Justo ahora que vive su mejor momento electoral, la derecha no debería abandonar sus banderas ganadoras y su mensaje exitoso por un mensaje anti-desigualdad fundacional y radical que, vale la pena recordarlo, nunca ha ganado elecciones en el Chile post dictadura y tampoco tiene una hoja de ruta para llegar a destino.

 

Patricio Navia, #ForoLíbero

 

 

FOTO: ALEJANDRO ZOÑEZ/AGENCIA UNO

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Patricio Navia