El tibio veredicto en contra de Ricardo Rincón parece demostrar que la DC está enfrentando las elecciones con la calculadora más que con la declaración de principios. El problema es que si el partido ha optado por no suspender a su diputado con la esperanza de que pueda correr en noviembre, cuesta pensar que será capaz de ponerle freno de mano a una Nueva Mayoría que se aleja cada vez más del humanismo cristiano.
Publicado el 24.04.2017
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Convicción y conveniencia. Dos caras de una misma moneda. Dos conductas a ratos irreconciliables, y que muchas veces —al menos en política— pelean o por mayor exposición. La primera equivale a asumir costos electorales, por defender una idea, una iniciativa o un programa. La segunda en cambio, todo lo contrario: es apoderarse de efímeras victorias electorales, aun a costa de transgredir los propios valores o principios. El problema es que, según cuenta la historia, los proyectos que prefieren la conveniencia a la convicción terminan sufriendo derrotas electorales en el largo plazo y, al fin y al cabo, acaban sin votos. Ni ideas que defender.

Una pesadilla así es lo que parece vivir hoy la Democracia Cristiana. Y el bullado episodio de la sanción interna al diputado Ricardo Rincón no es más que reflejo de aquello. Quince militantes DC —jóvenes camaradas, muchos de ellos, que decidieron desafiar al establishment falangista— solicitaron la expulsión del diputado, aludiendo a una condena por violencia intrafamiliar. Lejos de conseguirlo, el Tribunal Supremo del partido sentenció a Rincón apenas a una amonestación verbal, a pesar de que cinco miembros de dicho órgano proponían la suspensión por el plazo de seis meses.

¿Cuánto puede haber influido en el fallo el hecho de que Ricardo Rincón sea hermano de una de las figuras más potentes de la DC, la ex ministra, ex senadora y ex precandidata presidencial Ximena Rincón? Imposible saberlo. Pero no es necesario ir tan lejos: en la Cámara de Diputados, el propio Ricardo ha conseguido un rol preponderante entre sus pares, llegando a ser alguna vez jefe de bancada, y ha capitalizado un nutritivo caudal de votos: en las últimas elecciones obtuvo el 45,2% de los votos en el distrito 33 (VI región), permitiendo con ello que el PPD Felipe Letelier terminara siendo uno de los últimos arrastrados por el binominal.

Este último dato es crucial: la suspensión por seis meses habría significado la exclusión de Rincón de la parrilla parlamentaria DC, siendo carta segura para ganar uno, o quizás hasta dos sillones para la falange, en el nuevo mapa distrital. No tenemos cómo saber cuán decisivo fue dicho factor en la decisión del partido, pero convengamos que es una variable que podría explicar el tono de la sanción adoptada, a pesar de las críticas que han planteado diversas personalidades del mundo DC, como Jorge Burgos, o la propia presidenta del partido, Carolina Goic, antes y después del fallo.

El tibio veredicto en contra de Rincón parece demostrar que la DC está enfrentando las elecciones de noviembre con la calculadora más que con la declaración de principios. Y el problema es que dicho episodio se puede extrapolar a la negociación parlamentaria y presidencial que debe enfrentar en las próximas semanas: si el partido ha optado por no suspender a su diputado con la esperanza de que pueda correr en las elecciones de noviembre, cuesta pensar que será capaz de ponerle freno de mano a una Nueva Mayoría que se aleja cada vez más del humanismo cristiano.

Gabriel Marcel, filósofo francés y alumno de Maritain —inspirador de la democracia cristiana internacional—, dijo alguna vez que “cuando uno no vive como piensa, termina pensando cómo vive”. Esta frase, que nos recuerda la vieja dicotomía entre convicción y conveniencia, permite concluir lo peligroso que resulta, en política, armar una estrategia en base a la calculadora. Pensar únicamente en réditos electorales puede llevar a cualquier partido a olvidar sus principios, y terminar pensando cómo vive. O, en otras palabras, a mirar el juego político desde un pequeño rincón.

 

Roberto Munita, abogado, magister en Sociología y en Gestión Política, George Washington University

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO