El mensaje más evidente, y sin duda positivo, es la centralidad de la calidad. Es fundamental que este discurso se convierta en políticas y acciones concretas.
Publicado el 04.06.2018
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Como es casi costumbre, la educación tuvo un lugar destacado en el tradicional discurso presidencial ante el Congreso Pleno. Pero como cualquier acto republicano, las interpretaciones son a veces igualmente relevantes que las palabras textuales. ¿Cuáles son los mensajes del gobierno en educación?

El más evidente, y sin duda positivo, es la centralidad de la calidad. Es fundamental que este discurso se convierta en políticas y acciones concretas –no necesariamente en proyectos de ley–, pero repetirlo en una alocución que traza los planes de los próximos cuatro años no es irrelevante. Esto es sostener el timón: ante la posibilidad de que la oposición u otros grupos se tomen la agenda educacional para promover intereses o visiones diferentes, el Mandatario confirma que mantendrá su línea. La amenaza de perder el control de la agenda es permanente y es bueno que se reaccione ante ella, pero lo fundamental ahora es dar más detalles para consolidar la prioridad de la calidad en la acción del Ministerio de Educación. Las iniciativas de esta cartera deben ordenarse detrás de la calidad y mostrarle a la sociedad cómo todas apuntan activamente a ello.

El ministerio hoy impulsa un inexplicable proyecto de gratuidad para la educación superior técnica para el 70% más vulnerable. Si quiere ser coherente con sus palabras, debe reemplazarlo por iniciativas que apunten a la calidad y el acceso a la educación parvularia para los más vulnerables.

Un segundo mensaje interesante –en clave retórica de gran efectividad en el sector– es la comparación entre las promisorias cifras de cobertura en educación superior y las muy bajas en educación parvularia. Se puede interpretar esta frase como la voluntad clara de mover el eje de la política educacional desde las demandas del movimiento estudiantil (que capturaron al gobierno anterior y le dieron una mísera rentabilidad política) hacia problemas que nos han hecho ver por décadas los organismos internacionales especialistas: nuestra poca preocupación por la educación parvularia. Como cuña funciona bien, pero para que sea creíble hace falta actuar conforme. El ministerio hoy impulsa un inexplicable proyecto de gratuidad para la educación superior técnica para el 70% más vulnerable. Si quiere ser responsable y coherente con sus palabras, debe reconsiderar su prioridad y eventualmente reemplazarlo por iniciativas que apunten a la calidad y el acceso a la educación parvularia para los más vulnerables. Si esperaba que el proyecto de gratuidad le proveyera alguna popularidad o simpatía con los estudiantes, ya es claro que ello no ocurrió.

Por su parte, la prioridad en la educación técnico profesional es un lugar común de sendos gobiernos, jamás cumplida. La verdad es que, para poder otorgarle peso a esta declaración, se necesita evidencia concreta y un plan acabado de acción. Los liceos bicentenario TP son un muy buen comienzo, que puede generar “buques insignia” de educación pública que quizás reemplacen a los liceos emblemáticos que fueron desmantelados por una colaboración lamentable de paros, politización e ideología.

El punto más destacado por los medios fue el anuncio del reemplazo del Crédito con Aval del Estado (CAE). Este es un proyecto altamente esperado por todos los sectores políticos: es importante recordar que, en el gobierno anterior, la negativa del gobierno de la Presidenta Bachelet de eliminar el CAE llevó a parlamentarios de su propia coalición a poner en riesgo la tramitación de la reforma a la educación superior en la Cámara de Diputados.

Es positivo que el nuevo crédito considere algún mecanismo para que los deudores del CAE, en especial los morosos, puedan acogerse a los beneficios del nuevo instrumento.

Aunque lo anterior se incluía en el programa de gobierno, hay una intención simbólica potente al anunciarlo. El sistema educativo chileno necesita un sistema de créditos responsable y sustentable en el tiempo. Este tipo de herramientas, combinadas con becas, son la mejor opción de financiar el acceso a la educación superior. Este proyecto refuerza esa visión. Sin perjuicio de ello también destacan dos novedades interesantes. Es positivo que el nuevo crédito considere algún mecanismo para que los deudores del CAE, en especial los morosos, puedan acogerse a los beneficios del nuevo instrumento. El diseño original del crédito de 2006 efectivamente causó sobreendeudamiento en un grupo de estudiantes. Por otra parte, el anuncio de que se condonará el remanente de la deuda tras 15 años de pago debe ser precisado. Si bien aún es necesario conocer el detalle de la política, esta forma de condonación debe hacerse de manera que no incentive el no pago y que haga al crédito solidario y sustentable en el tiempo. Debe tenerse especial cuidado en que el diseño específico de la cobranza sea categórico en ello: todo crédito debe estar diseñado para ser pagado.

Daniel Rodríguez, director ejecutivo de Acción Educar

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIA UNO