No es usual que el responsable de la seguridad ciudadana y jefe de gabinete de un gobierno en extremo impopular, aparezca en el puesto 9 del ranking de evaluación.
Publicado el 20.09.2015
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Según los datos de la última encuesta CEP, hay un ambiente muy particular en Chile, y que nada tiene que ver con crisis institucional e incluso con crisis de representación. Contrariando a la intelectualidad de izquierda -hoy camuflada por el daño irreparable causado al gobierno pero con la desfachatez de insistir en el discurso refundacional-, los chilenos muestran impresionantes niveles de satisfacción con su vida. Esto, sin perjuicio de que estén preocupados frente a la vejez y especialmente ante la probabilidad de ser asaltados. No deja de sorprender que estos niveles de incertidumbre sean similares en la clase media y baja, pero así y todo cerca del 80% se encuentra satisfecho con su vida y con su trabajo. No sucede lo mismo cuando se pregunta por el resto de los chilenos. Naturalmente, acá hay algo de “sobre-declaración” en la respuesta: la gente suele verse a sí misma en mejores condiciones que el resto. Además, hay una importante sensación de que el progreso depende del esfuerzo propio y no del gobierno o de los municipios. Por último, y nuevamente contrariando a los fanáticos de izquierda, Chile está más despolitizado. Mientras algunos pregonaron que las movilizaciones de 2011 provocarían más politización, los resultados son los opuestos: cerca del 60% no se identifica en la escala ideológica, y el 75% no se entusiasma con ninguna de las coaliciones.

¿Qué buscará la gente para las presidenciales de 2017? Primero, orden. Segundo, seriedad. Tercero, eficiencia. Cuarto, moderación. Lo que hoy se critica es la falta de capacidad de las instituciones, siendo destacadas sólo aquellas que cumplen tareas “neutrales”. Todo lo que suene a corrupción, abusos o politización, queda fuera del área de confianza. El candidato que sepa traducir y explicar de manera coherente sus propuestas será el ganador. Así de simple. La figura del pedagogo se impondrá a la del demagogo. Lo central acá es que ese candidato se rodee de los más capaces. Desafortunadamente, el gobierno de Bachelet -con muy buenas intenciones por cierto- ha optado por el camino opuesto. Qué distinta sería la historia si la Presidenta se hubiese dejado asesorar por gente seria y experta, y no por aquellos que la hicieron creer que Chile se venía abajo y que se debía partir desde cero. La Presidenta fue presa de los “vendedores de humo” que, cual Tomás González, siempre “caen parados”.

En este contexto, mucho se ha hablado de Lagos como candidato presidencial. Seguramente, la última CEP fue un balde de agua fría para quienes lo promueven. Lagos mantuvo sus niveles de evaluación positiva y aunque -como la encuesta señala- una buena evaluación no es sinónimo de intención de voto, estar en los primeros lugares es una inyección anímica. Las apariciones públicas de Lagos y su irrupción en La Moneda hacían esperar una explosión de popularidad. Eso no ocurrió. Sin embargo, Lagos insistirá.

¿Cuál fue la sorpresa de la encuesta? A mi juicio, la valoración del ministro del Interior. No es usual que el responsable de la seguridad ciudadana y jefe de gabinete de un gobierno en extremo impopular, aparezca en el puesto 9 del ranking de evaluación (5 puntos por debajo de la Presidenta). La ciudadanía piensa que la delincuencia es por lejos el problema más importante, y un 84% está preocupado de ser víctima de un delito violento (la persona o su familia). Si el gobierno está mal evaluado, y la gente se siente insegura, ¿por qué el ministro del Interior es el noveno político más valorado? A Burgos lo conoce el 52% de los encuestados, cifra significativamente inferior al 94% que conoce a Lagos. La evaluación positiva de Lagos es de 41%, mientras que la de Burgos es de 31%. Si Burgos aumentara su nivel de conocimiento, es probable que también lo hagan las evaluaciones positivas. Lo que corre en contra de Burgos -a diferencia de Lagos- son las ganas de involucrarse en una carrera presidencial. Seguramente, Burgos es percibido como una figura seria y proba. Además, nadie lo podría catalogar de refundacional o irresponsable. Es cierto que le falta carisma y empatía, pero ¿será eso lo que busque la gente en 2017, o preferirá alguien que le dé suficientes certezas de crecimiento, empleo, orden y transparencia? En un escenario abierto, los políticos deben ser lo suficientemente locuaces para tomar riesgos y aprovechar las oportunidades. Burgos decide.

 

Mauricio Morales, académico Facultad de Ciencias Sociales e Historia UDP.