Ahora que vivimos en estado de sospecha permanente, solo las caras nuevas generan algo de entusiasmo. Pero incluso Optimus Prime (el personaje de los Transformers que fue nombrado como posible presidenciable en la pregunta abierta de la encuesta) generaría rechazo cuando se empiecen a saber sus posturas frente a la educación gratuita, la energía hidroeléctrica y se sepa quién lo financia.
Publicado el 20.08.2016
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El tempranero síndrome del pato cojo que aqueja al gobierno de la Presidenta Bachelet ha apurado las definiciones de los presidenciables en la Nueva Mayoría, Chile Vamos y en los que aspiran ir por fuera del duopolio. Pero aunque los candidatos ya anuncian su ingreso al ruedo, el público empieza a llenar las graderías. Como un 70% de los chilenos todavía no se decide por un candidato, la encuesta CEP entregó más interrogantes que respuestas a los que buscan dilucidar qué pasará después del gobierno de Bachelet.

Desde que dejó el poder, el ex Presidente Sebastián Piñera ha comenzado a preparar su retorno a La Moneda. Como siente que los chilenos no valoraron adecuadamente su gobierno, Piñera quiere volver para poder acompañar buenos resultados económicos con altos niveles de aprobación que le fueron esquivos. Por la Nueva Mayoría, después de no animarse a entrar al ruedo en 2009, Ricardo Lagos quedó con la bala pasada. Lagos quiere ser el segundo Presidente en reelegirse democráticamente y el primero en tener dos buenos gobiernos.

La probabilidad de que Piñera y Lagos se enfrenten en 2017 resulta especialmente singular. En general, los ex Presidentes prefieren ser candidatos solo si tienen buenas posibilidades de ganar. Pero solo uno de ellos podrá ganar. Lagos y Piñera quieren ver mejores números antes de decidirse a ser candidatos. Pero como el electorado no está interesado en la campaña, es improbable que alguno de ellos logre acercarse al 30% de intención de voto (menos de lo que tenía Bachelet a comienzos de 2013) cuando deban decidirse. Por la avanzada edad de ambos (Lagos más que Piñera), y porque los dos llevan ya tres décadas en la primera línea, ambos representan más el pasado que el futuro. Los dos tienen un historial que, con sus bemoles, habla de confiabilidad y certidumbre. Pero igual que cuando pensamos en volver a un antiguo barrio o retomar un viejo trabajo, Piñera y Lagos también sufren del poco entusiasmo que genera revivir una etapa (aunque haya sido buena). Por eso, ninguno de los genera mucho entusiasmo.

Equivocadamente, otros miran los indicadores de aprobación para buscar presidenciables. Pero no es lo mismo creer que una casa está bien construida, sea funcional y en un buen barrio para decidirnos a comprarla. Es más, incluso entre los políticos con más aprobación, ninguno alcanza los niveles que gozaban los líderes en esos años cuando, por menor acceso a la información, la gente confiaba más. Ahora que vivimos en estado de sospecha permanente, solo las caras nuevas generan algo de entusiasmo. Pero incluso Optimus Prime (el personaje de los Transformers que fue nombrado como posible presidenciable en la pregunta abierta de la encuesta) generaría rechazo cuando se empiecen a saber sus posturas frente a la educación gratuita, la energía hidroeléctrica y se sepa quién lo financia. En una elección con dos ex Presidentes como candidatos de facto en las coaliciones dominantes, el hecho que una amplia mayoría de la gente no tenga todavía favoritos demuestra que la contienda está abierta. En un show donde hay muchos con ganas de entrar al ruedo, el público todavía no empieza a llenar las graderías.

Con todo, la encuesta sí entrega algunas luces. Primero, la gente está ansiosa por ver caras nuevas. Aunque hay reconocimiento a lo que han hecho los líderes de siempre, la gente quiere la aparición de una generación de recambio. Segundo, los chilenos creen que todos los políticos están metidos en cuestiones de financiamiento irregular. Como los partidos no separaron aguas con sus líderes involucrados en escándalos, la opinión pública cree que todos están metidos. Luego, el tema de las irregularidades no será decisivo en la campaña. Eso le abre una oportunidad a Marco Enríquez-Ominami, que al haber sido candidato dos veces antes, tiene experiencia y puede combinar un mensaje de cambio y continuidad (aunque también carga con el estigma de no aparecer como un rostro nuevo).

En la derecha, no hay muchas alternativas a Piñera. Si bien el senador Manuel José Ossandón tiene una trayectoria ascendente, su estrategia de confrontación no le ha ganado nuevos adeptos, especialmente entre la elite de la derecha que parece convencida de que Piñera es la mejor opción. En la Nueva Mayoría, las alternativas a Lagos (los senadores Isabel Allende y Alejandro Guillier) no generan mucho entusiasmo aún. Los posibles rostros de recambio tampoco marcan mucho, especialmente porque, como ellos mismos parecen ver a Lagos como inevitable, no dan señales claras de querer entrar al ruedo.

Aunque el público no haya llegado al estadio, los que guardan aspiraciones presidenciales debieran estar moviendo piezas, armando equipos, preparando estrategias y asegurando financiamiento. Ni Lagos ni Piñera entusiasman demasiado. La carrera está abierta. Y, como todo artista sabe, hay que decidirse a participar en el show y empezar a prepararse de tal forma de ser competitivo cuando las graderías se comiencen a llenar.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO.

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