La política exterior chilena de momento parece ser eminentemente aislacionista, reactiva y de bajo perfil.
Publicado el 09.01.2016
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Por más que uno intente visualizar el rol internacional que cumple Chile en la región y en el mundo bajo el mandato de la Presidenta Michelle Bachelet, no hay mucho de dónde agarrarse. Se ven algunos episodios rescatables, pero de carácter más bien técnico, tales como la participación chilena en la Cop21 en París (y en todo lo concerniente al medio ambiente), o bien nuestras acciones en el campo de la liberalización comercial (TPP), prioridades fijadas por el país hace tiempo. Pero, ¿qué podemos mostrar en lo político y estratégico?

Mucho bombo y poco contenido

La verdad es que, a pesar del activismo mediático del ministro Heraldo Muñoz, con puntos de prensa casi diarios dedicados a Bolivia, la política exterior chilena de momento parece ser eminentemente aislacionista, reactiva y de bajo perfil. No estamos liderando ninguna iniciativa regional o global digna de mención, casi todo se reduce a la cuestión vecinal norte, y nuestra diplomacia se muestra -en general- tanto errática como contradictoria.

Seguimos la pauta que va fijando Bolivia

Un primer ejemplo es el mal manejo demostrado en el tema boliviano. Si bien se hicieron algunos cambios en el equipo encargado de la defensa ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), éstos no fueron los más acertados o sólo fueron cosméticos. Había que cambiar de estrategia y de énfasis, pero José Miguel Insulza (el político) debió reemplazar al Canciller y Felipe Bulnes (el jurista) debió haber permanecido como el agente. También estamos al tanto de otras acciones diplomáticas que cuesta comprender: un embajador improvisado (Gaspar) viaja a la agotada Cuba sin explicar sus motivos (¿busca una mediación?) y luego visita Santa Cruz para ser entrevistado por un medio de prensa local (copia de la entrevista a Carlos Mesa por TVN); y trasciende que el nuevo agente chileno ante la CIJ tiene previsto visitar Washington y algunas capitales europeas.

  1. En su viaje a Santa Cruz, Gaspar hizo declaraciones desde todo punto de vista inconvenientes. Ofreció -aquí y ahora- abrir un diálogo con Bolivia (¿relaciones diplomáticas?), en circunstancias de que La Paz fue la que rompió relaciones y nos demandó ante La Haya. Dijo también que existían muchos temas pendientes con el país altiplánico, contradiciendo lo repetido una y otra vez por el canciller chileno de que no hay cuestiones pendientes. Gaspar nada tenía que ir a hablar a Santa Cruz y mejor hubiera hecho quedarse en Santiago.
  2. En cuanto a la supuesta gira de Insulza, no se entiende qué tiene que explicar nuestro agente en terceros países que no pueda ser informado por nuestras embajadas bilaterales. Él debe concentrarse en el trabajo en La Haya y evitar estar andando por el mundo, porque “quien se excusa se acusa”.

En suma, lo de Gaspar e Insulza no es otra cosa que caer en el juego boliviano: repetir la entrevista a Mesa y los viajes de Evo. Ello demuestra que no tenemos una estrategia propia. Lo que tenemos que hacer es desenmascarar el objetivo boliviano de cambiar la historia de la Guerra del Pacífico y, por ende, de justificar la cesión de soberanía chilena sin cuestionar directamente el Tratado de 1904. Hay que ser muy claros ante la opinión pública internacional de que la única forma de que Bolivia puede acceder al mar en el futuro es a través de un gran proyecto de integración regional donde nuestro vecino aporte las debidas compensaciones.

¿Mantener o no congeladas las relaciones con Humala?

Otro asunto que no logramos explicarnos es la forma en que estamos conduciendo nuestras relaciones con Perú, sobre todo después de varios tropiezos de Lima con el incumplimiento del fallo de La Haya sobre su demanda marítima, el decreto sobre el distrito Yarada-Los Palos que incorpora el llamado “triángulo interior”, y las declaraciones desafortunadas al respecto de su embajador en La Moneda. Haya regresado o no a Santiago el embajador peruano, el nuestro no debería hacerlo a Lima, tal como lo reclaman nuestros parlamentarios de las comisiones de RREE del Congreso.

El Presidente Ollanta Humala es un nacionalista que, al carecer del más mínimo apoyo popular, está empeñado en poner cualquier obstáculo posible en la relación bilateral. Lo recomendable es evitar toda provocación de él y congelar los contactos hasta la llegada del nuevo Presidente peruano, que emerja en las próximas elecciones presidenciales y garantice una mayor estabilidad en las relaciones. Nuestro embajador debería volver al país vecino sólo después de abril para la búsqueda de un nuevo trato. ¿Cuál es el apuro de la Cancillería de mandarlo ahora?

Poco y demasiado tarde con Venezuela

Un tercer caso que llama negativamente la atención es la postura del gobierno frente a los sucesos en Venezuela. No sólo Chile no se ha manifestado en defensa de la democracia y respeto por los Derechos Humanos en ese país, sino que ha mantenido una posición neutral y equidistante entre las partes. Es como si, en su momento, el gobierno venezolano hubiese ofrecido mediar entre Pinochet y la Vicaría de la Solidaridad en Chile para buscar un acomodo.

Tan poco realista es esa postura que el Canciller ha informado al Congreso que Maduro habría rechazado una mediación chilena para un diálogo entre el gobierno y la oposición venezolana. Es decir, hemos hecho poco y demasiado tarde con Venezuela. Lo que sí se necesita hacer ahora es respaldar a la oposición y a la democracia para contener la tentación dictatorial de un chavismo acorralado.

¿Tenemos algún plan frente a Argentina?

Nuestra futura relación con Argentina es todavía una incógnita. Ha pasado casi un mes desde la asunción de Mauricio Macri y de sus positivas declaraciones de acercarse a Chile y a la Alianza del Pacífico para reimpulsar la integración latinoamericana, de reestructurar el Mercosur, y de abrazar la causa de los derechos humanos en la región donde sea (OEA, Venezuela), y no se ha visto ninguna reacción de La Moneda ni planteamientos concretos de la diplomacia chilena. El entendimiento chileno-argentino es un buen camino para salir de nuestro aislamiento. ¿Qué estamos esperando?

 

Juan Salazar Sparks, cientista político, embajador (r) y director ejecutivo de CEPERI.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO