La brecha más grande no son esos 110 puntos que en segundo medio separan los extremos socieconómicos, que nos duelen. La brecha más grande es la que se está dando entre los que entienden que las cosas cambiaron y aquellos que siguen haciendo lo mismo, obteniendo los mismos resultados hace años, contribuyendo a que las desigualdades se mantengan.
Publicado el 15.06.2016
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Basados en la última entrega de resultados SIMCE, nada parece haber mejorado en la enseñanza de la matemática desde el 2004 a la fecha. Los mismos 79 puntos separan al grupo socieconómico bajo del alto en octavo básico y los 109 que existían de brecha en segundo medio pasaron a ser 110. Todo igual. No nos hemos caído, como ocurrió en comprensión lectora, ni hemos mejorado.

110 puntos de diferencia en segundo medio. La brecha más grande de toda la medición 2015. Esa línea recta que une los dos puntos al final de la tabla debería dolernos como país intensamente. Esa línea recta que va de los 219 a los 329 representa lo lejos que están las zonas vulnerables de una educación que les ofrezca un futuro rico en oportunidades. Esa brecha da cuenta de la más terribles de las tragedias: que en el sistema nada cambia. Al hablar de calidad estas son las cosas que debemos tener en mente, en matemática: cuarto básico avanza a razón de un punto por año en reducir la brecha, mientras que en octavo y segundo medio no pasa nada. ¿Cuándo llegará la calidad?

Pero en medio de este panorama baldío sabemos, porque los hemos visto, que hay “brotes verdes”. Profesores y profesoras que ya percibieron este problema en sus aulas. Profesionales que se dieron cuenta de que lo que aprendieron en la universidad se hizo obsoleto y que necesitan descubrir cosas nuevas. Sin tanta parafernalia, sin tanta publicidad. Hay iniciativas y organizaciones que percibieron que es hora de hacer algo diferente y apostar por la persona y su deseo de aprender, por un contenido vivo y por la motivación mezclada con el cariño. Pienso en ejemplos como el profesor Manuel en la escuela multigrado de Quillagua (el pueblo más seco del mundo) o en el equipo ARPA (activación de la resolución de problemas en el aula) de la Universidad de Chile. Protagonistas silenciosos de un cambio que nace desde la práctica, desde el aula.

Una transformación, un cambio de paradigma que está ocurriendo y que quisiéramos fuese más rápido. Porque es urgente atender a ese diagnóstico que hace, como muchos, el académico de Harvard que estuvo hace poco en Chile, Howard Gardner: “Incluso los estudiantes que resuelven con éxito sus estudios, sienten que el conocimiento que aparentan tener es, en el mejor de los casos, frágil. Quizá este desasosiego contribuye a la sensación de que ellos -o incluso el sistema educativo entero- son en cierto sentido fraudulentos”.

La brecha más grande no son esos 110 puntos que en segundo medio separan los extremos socieconómicos, que nos duelen. La brecha más grande es la que se está dando entre los que entienden que las cosas cambiaron y aquellos que siguen haciendo lo mismo, obteniendo los mismos resultados hace años, contribuyendo a que las desigualdades se mantengan.

 

Víctor Berríos, director de la Corporación Crea+.

 

 

 

FOTO:VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO