El gobierno le metió mano al Poder Judicial y todos nos hemos dado cuenta de que frente a la gigantesca presión internacional y a la maquinaria política que orquestó el Instituto Nacional de Derechos Humanos, los jueces de la República no estuvieron a la altura en el juicio por el crimen Luchsinger Mackay, por decir lo menos.
Publicado el 28.10.2017
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El fallo que absolvió a los 11 imputados por el asesinato del matrimonio Luchsinger Mackay es un verdadero tiro de gracia para la justicia chilena.

¡Libres de polvo y paja!

Las palabras del juez vestido de rojo dieron al traste con cuatro años de investigación y literalmente barrieron con 263 pruebas entregadas por la Fiscalía. Era obvio, justo una semana después de que la Corte Suprema dejara en libertad a ocho comuneros acusados por la quema de camiones y maquinaria en nuestra región, entre los que se encontraba en líder de la CAM, Héctor Llaitul.

Como lo habíamos dicho: el gobierno le metió mano al Poder Judicial y todos nos hemos dado cuenta de que frente a la gigantesca presión internacional y a la maquinaria política que orquestó el Instituto Nacional de Derechos Humanos, los jueces de la República no estuvieron a la altura, por decir lo menos.

O sea, el juicio Luchsinger Mackay fue al final un juicio político. Es inconcebible que el tribunal haya pedido a la Fiscalía pruebas directas o testigos presenciales de este incendio terrorista. En la práctica, estándares de convicción inalcanzables.

¿Qué más decir sobre este “estándar probatorio” exigido por los jueces, si no que los dos únicos testigos clave murieron calcinados el 4 de enero de 2013 en el predio Granja Lumahue?

Lo peor es que este veredicto deja claro que en Chile sólo se condena un delito flagrante. Ni se le ocurra pensar en la propia confesión.

Este fallo confirma que cuando a la intromisión de un gobierno en los tribunales se le suma la propia precariedad del sistema judicial —donde hay harto por hacer en cuanto a mejora de procedimientos y protocolos—, el resultado es que el crimen terrorista más atroz de que tengamos memoria se queda simplemente sin culpables.

Ante esta aberración, sólo nos queda confiar en la justicia de Dios.

 

Marcelo Zirotti Kehr, presidente Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco SOFO A.G.

 

 

FOTO: MARCO MALDONADO/AGENCIAUNO