Si consideramos que la actual institucionalidad ha permitido condiciones de acceso efectivas a personas provenientes de familias que nunca antes accedieron a nada y que ha sido capaz de regular y promover el interés colectivo, entonces, la lectura que tenía Jaime Guzmán del rol subsidiario del Estado, como se demuestra en nuestro libro, no pudo ser más acertada.
Publicado el 13.06.2016
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El lunes 6 de junio se lanzó el libro “Subsidiariedad en Chile, justicia y libertad”, fruto de un trabajo conjunto del instituto Res Publica y la Fundación Jaime Guzmán. Más que una oportunidad, consideramos que teníamos un compromiso con aportar a los distintos debates que de un tiempo a esta parte involucran a dicho principio.

Y es que la subsidiariedad ha sido interpelada desde al menos tres frentes. En primer lugar -particularmente en lo referido al límite de las libertades individuales y el cuidado de la dignidad humana por las que el Estado debe velar-, la subsidiariedad enfrenta importantes desafíos (como el respeto por la vida del niño que aún no nace, por ej.). El segundo frente guarda relación con el cuestionamiento que a su vigencia como rector de nuestro andamiaje social ha hecho la Nueva Mayoría (retroexcavadora incluida), a partir de un potente paquete de reformas impulsadas por el gobierno, incluyendo el cambio de la actual Constitución. Así también, ha sido cuestionada la forma en que la subsidiariedad se ha aplicado en el proceso de modernización y desarrollo de nuestro país, generando una crítica a la forma en que Jaime Guzmán, en tanto principal impulsor de su aplicación política, comprendió y promovió.

Esto último demuestra que a 25 años de su asesinato su figura sigue siendo relevante. De hecho, ha sido un protagonista central en la discusión actual sobre la idea de reformar nuestra Constitución. Así, no son pocos los que critican la interpretación del senador sobre la subsidiariedad señalando –algunos guiados por su intuición, otros desde la ignorancia- que habría traducido interesadamente dicho principio. En ánimo de colaborar con sus críticos, parte importante de la motivación de “Subsidiariedad en Chile” se vincula a clarificar lo que efectivamente Guzmán pensaba respecto del rol subsidiario del Estado.

En ese contexto, cabe señalar que para el senador asesinado la subsidiariedad supone un reconocimiento de la primacía del ser humano respecto del Estado (Estrategia, 8/12/1981). Este principio ético social no se comprende sin esa noción de persona que Guzmán reconocía (Actas oficiales de la Comisión Constituyente, Vol.1, Sesión 10°, 25-10-1973). A esa dimensión ética apunta la función pública que desarrolla el Estado subsidiario (“Seguridad Nacional en la Constitución”, Revista de Derecho Público N°37-38, pág. 46, 1985). Por eso es que el rol subsidiario del Estado pasa a su juicio por impulsar, regular y sustituir cuando fuese necesario la iniciativa del mundo privado (La Segunda, 20-08-1982) e incluso intervenir en función del bien común (Editorial Revista Realidad, Año 5 N°54).

Guzmán creía que ese rol ético del Estado no podía ahogar a los cuerpos intermedios ni a los emprendimientos económicos porque aquello atentaba contra la libertad, el crecimiento y el progreso. Esto dialoga estrechamente con la doctrina social de la Iglesia Católica, a la que sus críticos dan tanta importancia en esta materia. El compendio de dicha doctrina en su artículo 187 señala que la subsidiariedad se opone al asistencialismo y al centralismo porque amenazan la libertad de las personas. Y en su artículo 195 dice que el ejercicio solidario no es materia privativa del Estado. De hecho también corresponde a los privados responder al compromiso social de cooperación ciudadana.

En suma, si consideramos que la actual institucionalidad ha permitido condiciones de acceso efectivas a personas provenientes de familias que nunca antes accedieron a nada y que, además, ha sido capaz de regular y promover el interés colectivo a partir de políticas que han ofrecido condiciones de garantías reales para todos, entonces, la lectura que tenía Jaime Guzmán del rol subsidiario del Estado, como se demuestra en nuestro libro, no pudo ser más acertada. 

 

Claudio Arqueros, director área de formación Fundación Jaime Guzmán.

 

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO